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Portada » Opinión » La interminable “lucha por Palestina”

La interminable “lucha por Palestina”

Artículo de Asaf Romirowsky en Jewish News Syndicate

17 de noviembre de 2020
La ONU no toma en cuenta a las víctimas israelíes del terrorismo palestino

(JNS) – En su libro de 1974 “Palestinos e Israel”, el difunto Yehoshafat Harkabi escribió que después de la Guerra de los Seis Días:

“La colisión con los palestinos se presenta como la esencia del conflicto, ya que es supuestamente una lucha por la liberación nacional. Los árabes explican, especialmente a los extranjeros, que el antagonismo no es el de los grandes Estados árabes contra un pequeño estado como Israel, sino el de un pueblo oprimido contra un Estado opresor fuerte y colonialista… El foco del conflicto ha cambiado. No es entre Estados sino entre un gobierno y un pueblo que lucha por su liberación, que por definición es una guerra justa que merece apoyo”.

Con el paso de los años, la lucha se volvió no solo justa sino incluso divina.

Una comprensión binaria del conflicto árabe-israelí ha dominado el pensamiento durante décadas. Se presume que el conflicto es insoluble, ya que se encuentra atrapado entre las exigencias de la destrucción total de Israel y la inevitabilidad del exilio y el olvido político árabe-palestino.

Pero el paradigma puede haber cambiado tras los Acuerdos de Abraham y la normalización de Israel con los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Sudán. Incluso los sauditas han notado el cambio, como lo ilustra una reciente declaración del ex director general de la Agencia de Inteligencia Saudita, el Príncipe Bandar bin Sultan Al Saud. Criticó abiertamente a los líderes palestinos con estas palabras:

“La causa palestina es una causa justa pero sus defensores son fracasados, y la causa israelí es injusta pero sus defensores han demostrado ser exitosos. Hay algo que los sucesivos líderes palestinos históricamente tienen en común: siempre apuestan por el lado perdedor, y eso tiene un precio”.

Esta condenatoria declaración de un aliado palestino tradicional plantea la cuestión del final palestino y, más importante aún, la centralidad de -y la fatiga con- la lucha palestina en el mundo árabe.

Históricamente, la causa palestina fue el pegamento que mantuvo al mundo árabe unido en su animadversión hacia la entidad sionista y su presunta amenaza. A lo largo de su carrera, el objetivo final de Yasser Arafat fue hacer de la cuestión palestina la causa principal del mundo árabe, que, según él, no debería descansar hasta que los palestinos recibieran la justicia que se les debe divinamente.

Arafat tuvo un gran éxito en este sentido, aunque no necesariamente en beneficio del pueblo palestino, que fue utilizado por muchos regímenes árabes y grupos islamistas como instrumento para galvanizar el apoyo a sus propias causas. Arafat fue el símbolo andante de la causa palestina, pero desde su muerte, el liderazgo palestino ha luchado por mantener la causa al frente y en el centro.

Mientras el pegamento adhería todo el mundo árabe, el Plan de la OLP de 1974 se mantuvo intacto:

– A través de la “lucha armada” (es decir, el terrorismo), establecer una “autoridad nacional combatiente independiente” sobre cualquier territorio que sea “liberado” del dominio israelí (Artículo 2).

– Continuar la lucha contra Israel, utilizando el territorio de la autoridad nacional como base de operaciones (Artículo 4).

– Provocar una guerra total en la que los vecinos árabes de Israel lo destruyan por completo (“liberar todo el territorio palestino”) (Artículo 8).

El plan era factible solo mientras todos los caminos hacia la paz pasaran por Ramala. Permitió a los israelíes estar convencidos de que la paz estaba cerca, y permitió a Arafat y luego a su sucesor, Mahmoud Abbas, vender la “lucha por la paz” al pueblo palestino sabiendo muy bien que creían que el resultado final sería una solución de un solo Estado. Como siempre, el autoengaño y el engaño van de la mano.

¿Pero qué pasa cuando la causa palestina pierde el control de la calle árabe?

El periodista israelí Ehud Yaari observó correctamente que un “concepto que fue destruido por la intifada es lo que se llama en árabe ‘istiqlaliyat al-Qarar al-falastini’”, que significa la independencia completa y total de la toma de decisiones de los palestinos en cuestiones relacionadas con Palestina. Un eslogan palestino acompañante era “no hay wisayah árabe”, que se traduce como “no hay patrocinio, interferencia o intervención árabe”.

Cuando Arafat comenzó su carrera política en la década de 1950 se basó en estos eslóganes, denunciando al mundo árabe por traicionar a los palestinos en 1948. Esto se convirtió en el núcleo del movimiento de Fatah.

La estrategia básica de la OLP estaba en consonancia con la declaración de Abu Iyad (Salah Mesbah Khalaf, subjefe de la OLP y jefe de los servicios de inteligencia de Arafat) de 1971 de que “no tenía derecho” a negociar un acuerdo, pero que debía seguir luchando, “aunque no pudieran liberar ni una sola pulgada”, para preservar la opción de recuperar toda Palestina algún día. En 1984, seguía pensando lo mismo: “Nuestra firmeza y nuestra adhesión a nuestra tierra es nuestra única carta… Preferimos estar congelados durante 10 años más que avanzar hacia la traición”.

Abu Iyad creía además que una victoria de la OLP traería una revolución y transformación a los palestinos, diciendo: “La lucha en sí misma estaba transformando a los palestinos de ‘pobres refugiados indefensos’ en heroicos combatientes”.

En resumen, el fin es la lucha.

El general prusiano y teórico militar Carl von Clausewitz resumió la lucha armada de esta manera:

“Si un lado no puede desarmar completamente al otro, el deseo de paz de ambos lados se elevará y caerá con la probabilidad de mayores éxitos y la cantidad de esfuerzo que estos requerirían. Si tales incentivos fueran de igual fuerza en ambos lados, los dos resolverían sus disputas políticas encontrándose a mitad de camino. Si el incentivo crece en un lado, debería disminuir en el otro. La paz resultará siempre que su suma total sea suficiente, aunque la parte que sienta menor impulso de paz obtendrá naturalmente el mejor trato”.

El último punto de Clausewitz es la clave. Mientras que cada parte debe sentirse igualmente recompensada por la paz, en el caso palestino será un juego de suma cero mientras la lucha siga siendo más atractiva que la alternativa.

Asaf Romirowsky es director ejecutivo de Scholars for Peace in the Middle East (SPME), un becario senior no residente en el Centro BESA y un becario en el Foro de Oriente Medio.

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