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Portada » Franja de Gaza » Hamás rechaza la “peligrosa” propuesta estadounidense en la ONU para una fuerza de estabilización de Gaza

Hamás rechaza la “peligrosa” propuesta estadounidense en la ONU para una fuerza de estabilización de Gaza

17 de noviembre de 2025
en Franja de Gaza
Un hombre armado de Hamás se encuentra en la ciudad de Gaza el 2 de noviembre de 2025. (Omar AL-QATTAA / AFP)

Un hombre armado de Hamás se encuentra en la ciudad de Gaza el 2 de noviembre de 2025. (Omar AL-QATTAA / AFP)

Hamás y otras facciones palestinas con base en Gaza rechazaron esta noche el borrador de resolución de Estados Unidos ante el Consejo de Seguridad de la ONU que propone crear una Fuerza Internacional de Estabilización en la Franja y avalar el plan de alto el fuego impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump.

En un comunicado difundido en nombre de las facciones, calificaron el texto de “peligroso”, advirtieron que “intenta someter la Franja de Gaza a la autoridad internacional”, rechazaron cualquier cláusula de desarme y se opusieron a una presencia militar extranjera no directamente subordinada a Naciones Unidas y sin coordinación con instituciones palestinas oficiales. La votación está prevista para hoy lunes 17 de noviembre de 2025 en Nueva York.

El borrador estadounidense que Washington circuló a principios de noviembre define un mandato de dos años tanto para una administración de transición —denominada “Junta de la Paz” en los documentos— como para una Fuerza Internacional de Estabilización con autorización para “usar todas las medidas necesarias”, fórmula habitual del Consejo de Seguridad para permitir el uso de la fuerza.

El texto faculta a la fuerza a proteger a la población y las operaciones de ayuda, asegurar áreas fronterizas con Israel y Egipto en coordinación estrecha con ambos países y con una policía palestina “nueva, formada y verificada”, cuya capacitación y apoyo quedarían a cargo de la propia fuerza. El borrador fija como tarea la desmilitarización de los grupos armados no estatales en Gaza y la “decomisión permanente” de sus armas.

Sobre las reglas de enfrentamiento y la autoridad legal, el lenguaje “todas las medidas necesarias” equipara a la Fuerza Internacional de Estabilización con misiones robustas autorizadas bajo el Capítulo VII de la Carta, y el esquema prevé un mando unificado acordado por la Junta de la Paz y en consulta con Egipto e Israel tras la firma de los acuerdos de estatus de misión y de fuerzas. Estados Unidos excluyó el despliegue de sus propias tropas, al tiempo que mantuvo conversaciones con posibles contribuyentes como Indonesia, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Qatar, Turquía y Azerbaiyán.

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La versión del texto que manejan diplomáticos en Nueva York sitúa la vigencia de la fuerza hasta el 31 de diciembre de 2027, con posibilidad de renovación, y vincula su despliegue al marco de la “Junta de la Paz”, un órgano transitorio previsto en el plan de Trump y descrito en medios como presidido por el propio mandatario. Esa redacción reduce el papel de la Autoridad Palestina en la gobernanza futura, al tiempo que habla de una administración palestina de tecnócratas bajo tutela transitoria. Fuentes diplomáticas francesas han confirmado que el texto debe “discutirse” para reflejar posiciones árabes vecinas.

Las filtraciones coinciden con resúmenes periodísticos y con una carta del Banco Mundial al embajador estadounidense ante la ONU en la que la entidad respalda el establecimiento por resolución del Consejo de Seguridad de una autoridad transitoria con facultades para coordinar reconstrucción y recuperación económica mediante un fondo fiduciario específico. Ese intercambio, fechado el 9 de noviembre, eleva a unos $70.000 millones la estimación actualizada del costo de la reconstrucción.

En cuanto a composición y calendario, el Departamento de Estado ha descartado tropas estadounidenses y ha sondeado a países musulmanes y árabes. Indonesia afirmó haber entrenado hasta 20.000 efectivos con perfil sanitario e ingenieril para una eventual misión en Gaza. Funcionarios egipcios han señalado que en Nueva York se trabajaba en una nueva versión del borrador para ajustar mandato y marco legal.

El núcleo más sensible del texto es el lenguaje de desmilitarización. El borrador remite a “desmilitarizar a los grupos armados no estatales” y al “desarme permanente” de arsenales, mientras vincula el avance de esa tarea con el despliegue de la fuerza y con la creación de una policía palestina verificada. Informes periodísticos sobre versiones más recientes del texto añaden referencias al “derecho del pueblo palestino a la autodeterminación” y a una retirada israelí por fases, aunque Rusia, China y Argelia han objetado el esquema de la Junta de la Paz y han exigido cambios sustantivos antes de cualquier apoyo.

Trump anuncia que Israel aceptó línea inicial de retirada en Gaza
Un mapa, publicado en línea por el presidente estadounidense Donald Trump el 4 de octubre de 2025, muestra una línea de retirada inicial que, según Trump, Israel ha aceptado y que ha sido enviada a Hamás para un acuerdo de alto el fuego e intercambio de rehenes y prisioneros en Gaza. (Truth Social)

Las posturas dentro del Consejo de Seguridad están fragmentadas. Moscú registró el 13 de noviembre un texto alternativo que evita mencionar la Junta de la Paz y encomienda al secretario general estudiar opciones para una fuerza de estabilización, en abierta competencia con el proyecto de Washington. Pekín y Argel han expresado reservas, y diplomáticos señalan en privado escenarios de abstención o de veto en función del texto final “en azul”. Aun con revisiones de última hora, la aritmética del Consejo exige nueve votos afirmativos y ausencia de veto de los cinco permanentes.

Israel exige garantías verificables de seguridad, control de los pasos y un alcance real de la desmilitarización. El primer ministro Benjamín Netanyahu afirmó que Israel decidirá qué tropas extranjeras serían aceptables como parte de una fuerza internacional, y que se reserva vetar presencias consideradas hostiles, con especial oposición a un contingente turco. El ministro de Defensa, Israel Katz, reiteró en las últimas horas la meta de “desarmar a Hamás” y su rechazo a la creación de un Estado palestino, en paralelo a su exigencia de una Franja “totalmente desmilitarizada”.

La Autoridad Palestina, por su parte, ha declarado su disposición a asumir responsabilidades en Gaza tras la guerra y a trabajar con socios regionales e internacionales, aunque reivindica un papel central propio y la reunificación institucional con Judea y Samaria. La ANP ha mostrado apertura a que fuerzas internacionales apoyen seguridad de fronteras y reconstrucción, con énfasis en el retorno de fuerzas de seguridad palestinas a la Franja. Declaraciones y documentos recientes de Ramala y de sus aliados apuntan a coordinación con Egipto y Jordania en la formación de esa fuerza palestina.

Hamás plantea mantener control de seguridad en Gaza durante fase transitoria
Los combatientes de Hamás se preparan para la liberación de rehenes en Deir el-Balah, en el centro de la Franja de Gaza, el 13 de octubre de 2025. (Foto de Bashar TALEB / AFP)

El rechazo actual de Hamás retoma líneas conocidas de su discurso. El movimiento islámico se opuso en años previos a cualquier desarme y a la presencia de fuerzas internacionales no subordinadas de forma directa a la ONU y sin aval de instituciones palestinas. Portavoces y dirigentes han reiterado que las armas de la “resistencia” no están en negociación, y que aceptar un marco de tutela internacional infringiría la “soberanía” palestina. Documentos ideológicos y entrevistas confirman esa resistencia al desarme, mientras su ala militar, las Brigadas Izz ad-Din al-Qassam, mantiene influencia determinante en las decisiones estratégicas.

La estructura de poder interno en Gaza sigue condicionada por la relación entre Hamás y Yihad Islámica Palestina y, sobre todo, por el peso de los mandos de las Brigadas al-Qassam frente al liderazgo político. Análisis recientes de institutos especializados y reportes periodísticos describen una organización golpeada por pérdidas de mandos, pero aún capaz de reconstruir redes de control local, con comités de seguridad y recaudación de tasas, y con una narrativa pública que mantiene la negativa al desarme como línea roja.

El componente de gobernanza del plan estadounidense contempla una “administración palestina apolítica” supervisada por la Junta de la Paz. De acuerdo con materiales y análisis difundidos por medios y centros de estudio, ese órgano transitorio asumiría competencias sobre seguridad, reconstrucción y coordinación internacional, con participación de tecnócratas palestinos y cooperación con instituciones financieras internacionales. El Banco Mundial ha señalado que un mandato claro del Consejo de Seguridad facilitaría su implicación operativa, con un posible fondo fiduciario para Gaza.

En el plano jurídico, académicos y plataformas de análisis han cuestionado la compatibilidad de una administración tutelada y del desarme coercitivo con el derecho a la autodeterminación, mientras otros autores solicitan un mandato del Consejo de Seguridad que clarifique bases legales, líneas de mando y fiscalización internacional. Los debates se centran en la fuente de autoridad de la Junta de la Paz, el alcance del Capítulo VII y la articulación con resoluciones previas sobre el territorio palestino ocupado.

Ilustrativo: Las fuerzas de paz de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) manejan su vehículo blindado en la ciudad de Naqoura, en el sur del Líbano, cerca de la frontera con Israel, el 15 de octubre de 2023. (AFP)

Entre los antecedentes regionales, misiones como la FPNUL en Líbano y la FNUOS en el Golán ofrecen marcos de referencia sobre presencia internacional y zonas de separación, aunque su mandato no incluyó el desarme completo de milicias por la fuerza. En otros contextos, misiones como la de Sierra Leona (UNAMSIL) y Liberia (UNMIL) sí ejecutaron desarme, desmovilización y reintegración de decenas de miles de combatientes, en coordinación con autoridades locales y con respaldo robusto. Estos casos ilustran diferencias sustantivas de entorno, misión y aceptación local.

El impacto sobre la población civil de Gaza aparece en el centro de las consideraciones. Testimonios recogidos por agencias señalan que, tras el cese del fuego de octubre, estructuras administrativas ligadas a Hamás han intentado reimponer controles locales y regular precios, mientras la entrada de ayuda aumentó respecto a la fase anterior de la guerra. Fuentes de Estados Unidos han sostenido que “Hamás no gobernará” en la nueva etapa. Comerciantes y residentes describen incertidumbre económica y variaciones bruscas de precios mientras persiste la espera de una transición institucional.

En el entorno regional, Egipto ha operado como mediador principal y socio fronterizo crítico, y mantiene consultas sobre el texto y el eventual mandato de la fuerza en coordinación con actores árabes y europeos. Indonesia ha confirmado preparación de personal para tareas de apoyo sanitario y de ingeniería. Qatar, mediador a lo largo de la guerra, ha expresado en foros internacionales su preferencia por una solución que viabilice la gobernanza palestina y la reconstrucción con garantías.

En el plano interno estadounidense, la iniciativa de la Casa Blanca ha generado apoyos y críticas. Informes del Congreso y pronunciamientos de grupos de presión y centros de pensamiento reflejan respaldo al alto el fuego y a una fuerza internacional con mandato claro, junto con objeciones sobre el diseño y la tutela transitoria. Estudios de Brookings y CSIS reclaman definiciones precisas sobre retirada israelí, papel de la ANP y cronograma de reconstrucción.

La cobertura mediática internacional sobre el rechazo de Hamás se distribuye entre marcos que presentan la propuesta como oportunidad de reconstrucción bajo tutela internacional, como imposición que relegaría a la ANP, o como mecanismo de neutralización de grupos armados. Agencias y medios de referencia han detallado las objeciones de Rusia, China y Argelia, las revisiones introducidas por Estados Unidos y el calendario de votación en el Consejo de Seguridad.

Etiquetas: Estados UnidosHamásIsraelIsrael-Franja de GazaONU

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El Tribunal Superior rechaza el recurso de Sharren Haskel contra el Likud El Tribunal Superior de Justicia rechazó este domingo por la noche el recurso de la diputada Sharren Haskel contra el Likud y la facción Derecha Estatal. Haskel pretendía ser reconocida como una facción unipersonal y obtener autorización para abandonar su grupo parlamentario antes de las elecciones a la 26.ª Knéset. Aunque los jueces desestimaron su petición, la sentencia advirtió que la fórmula escogida por ambas formaciones para aplicar sus acuerdos podría generar un problema jurídico al afectar el derecho de los diputados contrarios a una fusión a separarse de su facción. El origen del litigio se encuentra en el acuerdo suscrito en marzo de 2025 entre el Likud y Derecha Estatal, entonces denominada Nueva Esperanza. El pacto contemplaba originalmente la fusión Estatal con el Likud, siempre que recibiera la aprobación del Comité de la Knéset. También incluía otros compromisos políticos, como la incorporación de miembros Estatal al Likud, la posibilidad de reservar un puesto para un candidato en la lista del partido y la participación conjunta en las elecciones a la 26.ª Knéset. Ese esquema cambió el 14 de julio de 2026. En vez de culminar formalmente la fusión, las dos facciones decidieron presentarse a las próximas elecciones mediante una lista conjunta de candidatos. El resto de las disposiciones pactadas continuaría en vigor con las modificaciones necesarias. Esta decisión se convirtió en el elemento central de la demanda de Haskel. La diputada argumentó que, pese a la ausencia de una fusión formal, en la práctica ambas formaciones ya funcionaban como si la integración se hubiera producido. Señaló que llevaban un periodo prolongado de estrecha coordinación, que habían combinado actividades políticas y que ya preparaban conjuntamente la campaña electoral. Según su posición, evitar la culminación oficial de la fusión le impedía utilizar el derecho legal a separarse de una facción que se integra en otra. Su argumento se apoyaba en el artículo 59 de la Ley de la Knéset, que permite, bajo determinadas condiciones, que un diputado contrario a la fusión de su grupo parlamentario se separe de él. Esa modalidad de salida tiene efectos distintos de una separación ordinaria tanto sobre el estatus parlamentario como sobre la financiación partidaria. El tribunal explicó que un diputado que abandona una facción al amparo de ese artículo puede ser reconocido como facción unipersonal y presentarse a las siguientes elecciones integrado en otro partido. Sin embargo, los jueces concluyeron que Haskel había actuado con un retraso considerable. El acuerdo entre el Likud y Derecha Estatal databa de marzo de 2025, pero ella no acudió al Comité de la Knéset hasta el 14 de julio de 2026, pocos días antes de la “fecha determinante” empleada para calcular los anticipos de financiación electoral. La sentencia recordó que las elecciones a la 26.ª Knéset debían celebrarse, como fecha límite, el 27 de octubre. Por ese motivo, la fecha determinante era el 18 de julio, trasladada al 19 de julio debido a que el día 18 caía en sábado. El juez Yitzhak Amit, con el respaldo de las juezas Daphne Barak-Erez y Alex Stein, consideró que existía una “demora sustancial” suficiente para rechazar el recurso. El tribunal destacó que Haskel dejó transcurrir más de un año sin hacer valer su argumento de que la fusión se estaba ejecutando de hecho. Tampoco acudió a la justicia cuando, según su propia interpretación, comenzaron a producirse las actuaciones que demostraban que la integración entre ambas formaciones ya estaba en marcha. Para los jueces, esa falta de actuación también debilitaba su afirmación de que se había opuesto de manera continuada a la fusión durante todo ese periodo. Además del problema temporal, el Tribunal Superior tampoco aceptó la posición de Haskel sobre el fondo. Según la sentencia, Derecha Estatal siguió operando en la Knéset como una facción independiente: mantuvo representación propia en los órganos correspondientes, recibió por separado oficinas, presupuestos y personal y ni siquiera celebró una reunión conjunta de facción con el Likud. El Likud sostuvo igualmente que la fusión nunca llegó a completarse y recordó que cualquier cambio en la estructura de las facciones parlamentarias necesita la aprobación del Comité de la Knéset. Pese al rechazo del recurso, Amit introdujo una reserva que podría adquirir relevancia en casos posteriores. El presidente del tribunal cuestionó la fórmula mediante la cual el Likud y Derecha Estatal decidieron concurrir juntos a las elecciones sin completar antes la fusión de sus respectivas facciones parlamentarias. Amit señaló que un acuerdo de ese tipo “podría plantear dificultades”, porque podría impedir que un diputado contrario a la integración ejerciera de manera efectiva un derecho reconocido por la legislación. No obstante, precisó que el caso de Haskel no era el adecuado para resolver esa cuestión. La sentencia dejó abierta la posibilidad de analizarla en otro procedimiento al indicar que “es posible que un acuerdo de este tipo requiera, en la ocasión adecuada, un examen independiente”. Los jueces también hicieron hincapié en la necesidad de contención judicial cuando se examinan acuerdos políticos y cuestiones internas de la Knéset. De acuerdo con la sentencia, la intervención del tribunal frente a un pacto de naturaleza claramente política debe limitarse a situaciones excepcionales, como aquellas en las que exista ilegalidad o una vulneración del orden público. En este caso, no se presentó ningún argumento de ese tipo que justificara la intervención. El recurso se inscribe en el enfrentamiento político que se aumentó después de que Gideon Saar y los integrantes Estatal completaran su acercamiento al Likud. Haskel se negó a incorporarse al Likud, fundó en julio el partido “Israel Primero” y pidió autorización para abandonar Derecha Estatal con el objetivo de concurrir a las elecciones de manera independiente. La diputada no consiguió finalmente lo que reclamaba. El Tribunal Superior rechazó su recurso y tampoco obligó al Likud ni a Derecha Estatal a culminar formalmente la fusión. Al mismo tiempo, la resolución mantuvo abierta una cuestión jurídica sobre el mecanismo elegido por ambos partidos para presentarse juntos a las elecciones, especialmente por sus posibles efectos sobre los derechos de diputados que se nieguen a formar parte de esa iniciativa. Según se desprende de la sentencia, ese asunto podría ser examinado nuevamente por los tribunales en el futuro.

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