Especialistas iniciaron la evaluación del impacto ambiental del agua desalinizada que se bombea hacia el mar de Galilea. El estudio forma parte de un proyecto experimental diseñado para frenar el descenso del nivel del lago, cuya importancia radica en ser la mayor reserva de agua dulce del país.
Por primera vez en el mundo se inyecta agua de mar tratada en un lago de agua dulce. Desde el 23 de octubre, mil metros cúbicos por hora comenzaron a ingresar al mar de Galilea, equivalente a 264.000 galones, lo que incrementará el nivel en medio centímetro cada mes según las proyecciones oficiales.
Ensayos previos al inicio del proyecto mostraron que el agua desalinizada no debería alterar significativamente los ecosistemas locales. No obstante, recién ahora los científicos del Laboratorio Limnológico de Kinneret pueden observar directamente los efectos químicos y biológicos del proceso.
El director del laboratorio, Yaron Be’eri Shelvin, informó que el equipo analizará la acción del cloro, aditivo habitual en el sistema nacional de distribución de agua. Su atención principal, sin embargo, se centrará en los elementos que el líquido incorpora después de salir de las tuberías hacia el manantial Ein Ravid.
Ese flujo recorre unos cuatro kilómetros hasta el arroyo estacional Tsalmon, que desemboca en el lago a través de un delta. “Estamos comprobando qué recoge el agua del lecho seco del arroyo en su camino hacia el mar de Galilea”, señaló Be’eri Shelvin, detallando que los análisis buscarán nitrógeno, fósforo, sílice, hierro, sulfatos y bacterias fecales de coli.
El exceso de nutrientes como nitrógeno y fósforo puede desencadenar proliferaciones de algas que reducen la luz disponible en el agua y afectan a los peces. Por ser base de la cadena alimentaria, las algas serán examinadas para detectar alteraciones relacionadas con el ingreso de agua desalinizada.
Be’eri Shelvin indicó que se están recolectando muestras en varios puntos del arroyo y en tres ubicaciones dentro del delta del lago. “Necesitaremos al menos meses de datos antes de poder empezar a hablar de cualquier tendencia”, explicó, aclarando que la observación se mantendrá durante un año.
“Si hay algún efecto, será mínimo, ya que la cantidad de agua que entra en el lago es muy pequeña, y hasta ahora no hemos visto nada que nos haga decir ‘para’”, añadió. “El lago contiene cuatro mil millones de metros cúbicos de agua. Necesitas mucha más agua con muchos más contaminantes para causar daño. Si algo es alarmante, lo veremos en el delta, donde el arroyo se une al lago”.
El proyecto se diseñó tras varios años de sequía severa entre 2013 y 2018, período en el que el nivel del lago se aproximó a un mínimo histórico. El invierno pasado trajo solo la mitad de la lluvia promedio, con zonas alrededor del lago que recibieron menos del 40% habitual.
Esa escasez contrastó con temporadas anteriores de lluvias abundantes que habían devuelto al lago niveles no registrados en años. Sin embargo, en el último año se han observado retrocesos visibles, con áreas de arena, roca y suelo antes cubiertas por agua que hoy permanecen expuestas.
Ubicado en el valle del rift sirio-africano, por debajo del nivel del mar, el mar de Galilea registró el lunes una altura de 213,435 metros bajo el nivel del mar. Esa cifra supera la línea roja inferior de menos 213 metros, límite a partir del cual el bombeo podría poner en peligro el equilibrio ecológico del lago.
