Irán elevará este sábado el precio de su gasolina fuertemente subvencionada para los usuarios de mayor consumo, informaron medios estatales. La medida forma parte del intento del país, miembro de la OPEP, por contener el aumento de la demanda interna sin desatar un rechazo social amplio.
Las iniciativas para subir el combustible, entre los más baratos del planeta, permanecieron congeladas durante años. Las autoridades temieron una reacción similar a las protestas masivas de 2019, que el Estado reprimió con fuerza, tras decisiones económicas que afectaron directamente al costo de vida de la población.
El Ejecutivo aplicará una tarifa de 50.000 riales iraníes por litro desde la medianoche del viernes. Ese valor, apenas inferior al precio del mercado libre, regirá para la mayoría de los consumidores que superen un consumo mensual de 160 litros, indicó la televisión estatal.
Otros conductores conservarán el acceso a volúmenes limitados a precios preferenciales. Podrán adquirir hasta 60 litros mensuales a 15.000 riales por litro y un tramo adicional de 100 litros a 30.000 riales, manteniendo parcialmente el esquema de subsidios vigente.
Medios locales señalan que la producción nacional, cercana a 110 millones de litros diarios, no alcanza a cubrir la demanda. El consumo puede trepar a 140 millones por día, impulsado por la ineficiencia vehicular, el contrabando hacia países vecinos y las altas temperaturas estivales.
Funcionarios advirtieron que los precios subvencionados “no son racionales”. Aseguran que generan una pesada carga fiscal, estimulan un uso ineficiente y obligan a importar combustible. Conductores con varios autos accederán al subsidio solo en uno, mientras flotas públicas y vehículos nuevos pagarán la tarifa alta.
La economía iraní enfrenta el riesgo de combinar hiperinflación con una recesión profunda, según autoridades y analistas. El liderazgo clerical intenta preservar la estabilidad con escaso margen de acción, en un contexto marcado por el peso acumulado de las sanciones de la ONU.
