Reportes sobre la reanudación del programa misilístico de Irán elevan la probabilidad de otro choque, con Israel y Estados Unidos con inventarios de interceptores reducidos.
Escalada probable y reservas defensivas con signos de agotamiento
Con nuevos reportes de inteligencia sobre la reanudación de la fabricación de misiles en Irán tras la guerra de junio con Israel, varios especialistas ven más probable otro choque directo. Para numerosos analistas, las señales recientes perfilan un próximo pulso en el horizonte inmediato. Esa posibilidad aparece junto a un escenario de presión sostenida sobre las defensas israelíes, que ahora enfrentan limitaciones materiales y temporales más severas que en la campaña de la primavera pasada.
Un nuevo conflicto, sin embargo, puede sorprender a Israel con menos recursos defensivos frente a una amenaza de Teherán que aún conserva fuerza. Durante los doce días de combates de la primavera, el país contó con margen suficiente para sostener su escudo antimisiles a lo largo de oleadas. Ese colchón no parece repetirse en la próxima ronda, por efecto de inventarios consumidos y cadenas de producción que avanzan con plazos largos antes de devolver existencias operativas.
La campaña de junio exhibió el tamaño del arsenal iraní y las fronteras de las defensas desplegadas. Teherán ajusta su maquinaria misilística y repone daños en plantas y depósitos. Israel y Estados Unidos arrastran reservas de interceptores mermadas, con tiempos de fabricación extensos que condicionan toda la planificación. Ese cuadro altera de raíz el siguiente choque y convierte la disponibilidad de misiles defensivos en variable crítica para cualquier respuesta conjunta ante salvas concentradas.

Aunque los titulares se concentran en la producción iraní, varios expertos ubican el mayor desequilibrio en la defensa. El punto crítico no reside solo en cuántos proyectiles produce Irán, sino en cuántos interceptores quedan disponibles y a qué velocidad vuelven a las unidades después de cada uso. Esa suma de escasez y retrasos logísticos define la fragilidad del escudo y condiciona los cálculos de disuasión y respuesta para la próxima etapa.
Datos clave de capacidad, costos e impactos recientes
- Cargamentos de perclorato de sodio desde China al puerto de Bandar Abbas a finales de septiembre, insumo clave para propelente sólido de misiles de alcance medio.
- Estimaciones dispares de producción anual: entre 2.000 y hasta 3.000 misiles, con dudas planteadas por especialistas.
- Entre 100 y 150 misiles THAAD lanzados por Estados Unidos, con un costo estimado de $12,7 millones por unidad, y consumo cercano a una cuarta parte del inventario.
- La Marina de Estados Unidos disparó alrededor de 80 RIM-161 Standard Missile-3 en el último cruce.
- Al menos 36 misiles impactaron en zonas habitadas; 32 muertos y más de 3.000 heridos, con 2.305 viviendas dañadas y más de 13.000 israelíes sin hogar.
Señales de rearme iraní y debate sobre su alcance real y límites
En Washington, se daba por hecho que Benjamin Netanyahu presentaría a Donald Trump su inquietud por el rearme iraní. Según esa expectativa, Teherán aceleró los últimos meses los esfuerzos para recomponer su fuerza y llevó el tema a la agenda del encuentro. CNN citó en octubre fuentes europeas y reportó cargamentos de perclorato de sodio desde China al puerto de Bandar Abbas a finales de septiembre, insumo clave para propelente sólido de misiles de alcance medio.

Después, NBC afirmó que autoridades israelíes seguían de cerca el programa balístico iraní y citó a una fuente sin nombre que habló de una capacidad de hasta 3.000 misiles anuales. Otro informe situó la cifra en unas 2.000 unidades y sostuvo que el daño israelí resultó menos severo de lo calculado al inicio. Las señales quedaron cruzadas y alimentaron dudas sobre el volumen real de producción y recuperación industrial en Irán.
Desde Teherán llegaron mensajes opuestos. Un medio ligado al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica afirmó la semana pasada que se realizaron pruebas de misiles en todo el país, pero la radiodifusora estatal lo negó con rapidez. El lunes, el gobierno describió las versiones como una operación psicológica. La contradicción oficial añadió incertidumbre a la lectura del ritmo industrial y dejó abierto el alcance de cualquier reactivación anunciada o insinuada.
En el frente defensivo, la disponibilidad de sistemas estadounidenses surge como freno potencial, en especial los interceptores THAAD del sistema Terminal High Altitude Area Defense. En el último cruce entre Israel e Irán, el stock de Estados Unidos derribó numerosos proyectiles y bajó de forma marcada, lo que abrió dudas sobre un apoyo similar en la siguiente ronda. El debate giró entonces hacia existencias, costos y tiempos de reposición en la industria.
Inventarios de interceptores y cuellos de botella en la reposición tras junio
“Es una preocupación muy real”, dijo Ari Cicurel, de JINSA. “Israel y Estados Unidos utilizaron una cantidad inmensa de interceptores y todavía estamos muy lejos de reponer las existencias previas”. A su juicio, la defensa ya enfrenta un cuello de botella. La afirmación encaja con versiones difundidas semanas después del alto el fuego que atribuyeron a fuerzas estadounidenses entre 100 y 150 lanzamientos de THAAD, con un costo estimado de $12,7 millones por unidad.

Esa contribución ayudó a abatir cerca de 500 misiles iraníes y consumió alrededor de una cuarta parte del inventario estadounidense. JINSA estimó que los THAAD de Estados Unidos realizaron casi la mitad de los derribos. También se informó que la Marina disparó unos 80 Standard Missile-3, por lo que más de la mitad de las intercepciones pareció provenir de Washington. Israel no publicó cifras y el reparto exacto sigue incierto, según los reportes disponibles.
Aun con ese paraguas, al menos 36 misiles superaron las defensas y cayeron en zonas habitadas. Funcionarios de salud y hospitales atribuyeron a esos impactos 32 muertos y más de 3.000 heridos. Los ataques dañaron 2.305 viviendas en 240 edificios, además de dos universidades y un hospital. Reportes posteriores hablaron de más de 13.000 israelíes sin hogar, obligados a abandonar sus casas tras los ataques y a buscar refugio temporal en otras localidades.
La merma de inventarios empujó a Washington a acelerar la reposición. Estados Unidos creó el Munitions Acceleration Council y el Pentágono aseguró que ya impulsa un aumento de la producción. En septiembre, Wall Street Journal informó que Defensa presionó a fabricantes para duplicar o cuadruplicar la producción. Aun con ese impulso, los planes y las entregas no coinciden y el apoyo a Israel podría reducirse si las fuerzas estadounidenses priorizan otros frentes y necesidades distintas.
Prioridades estratégicas de Estados Unidos y margen de ayuda a Israel
Según Cicurel, se percibe una despriorización estadounidense de Europa y de Oriente Medio, a pesar de amenazas que permanecen con Rusia e Irán. A su juicio, Trump y su equipo orientaron más la atención estratégica hacia otros escenarios, sobre todo China y Venezuela. También remarcó que Washington sigue viendo a Israel como socio estratégico de largo plazo, aunque un apoyo futuro exigirá algo más que relaciones históricas y afinidades políticas.
Tal Inbar, experto en aviación, espacio y misiles, cuestionó la proyección de NBC de 3.000 unidades anuales y sostuvo que esas cifras resultan demasiado altas para cualquier país. Ni siquiera las industrias de defensa más avanzadas sostienen durante años ritmos así. Aun con esa cautela, los misiles balísticos se producen más rápido y en mayor volumen que los interceptores THAAD, que requieren ensamblajes y pruebas largas antes de volver a línea.

Para ilustrarlo, Inbar indicó que el ritmo de producción de interceptores THAAD en Lockheed Martin es de menos de veinte por año. Los planes del Pentágono prevén comprar solo 37 interceptores en 2026, muy por debajo de los gastados en la defensa israelí durante la guerra de junio. El desfase entre compras y entregas limita la recuperación y condiciona a cualquier aliado que dependa de existencias estadounidenses para sostener un escudo robusto.
Según Inbar, Irán continúa la producción de misiles balísticos y reconstruye instalaciones dañadas, según imágenes satelitales disponibles. A la pregunta sobre si posee capacidad para lanzar un ataque masivo contra Israel, respondió que sí. No propuso medir ese potencial solo con cifras: Teherán reservó sus sistemas avanzados, incluidos misiles hipersónicos. Esa munición no equivale a un arma milagrosa y los sistemas antimisiles israelíes aún pueden derribarla, aunque la novedad modifica el cálculo.
Desarrollo de la guerra de junio y posibles cambios en un próximo choque
Israel inició la guerra el 13 de junio con un ataque sorpresa contra líderes iraníes, científicos nucleares, centros de enriquecimiento de uranio y el programa de misiles balísticos. El gobierno presentó esa operación como necesaria para impedir que la República Islámica concretara su objetivo declarado de destruir el Estado judío con armas nucleares. Durante doce días, Israel dominó los cielos de Irán y dejó casi anuladas sus defensas antiaéreas, mientras golpeó depósitos y centros de producción.
la guerra terminó de forma abrupta con un alto el fuego anunciado por Donald Trump, después de ataques estadounidenses contra el programa nuclear iraní. Cicurel recordó que la sorpresa cambió el tablero. Afirmó que, en la última guerra, Israel obtuvo una ventaja inmensa al lanzar el ataque sorpresa. Esa superioridad facilitó el arranque de la campaña y acotó el margen iraní para organizar una respuesta inmediata durante las primeras jornadas de la contienda.

También advirtió que, si esa condición no se repite en la próxima guerra, ya sea porque Irán repara sus defensas antiaéreas, llega más preparado o decide adelantarse, el curso inicial de la guerra podría alargarse. Ese giro convertiría una ventaja rápida en un intercambio prolongado y más equilibrado, con una duración superior a doce días y con consecuencias más duras para ambos lados, tanto en el frente militar como en el civil.
El inicio de la contienda anterior dejó un patrón claro: Irán abrió con salvas coordinadas y lanzó cerca de cien misiles balísticos al mismo tiempo. Después, el volumen bajó y los intervalos crecieron. Analistas creen que Teherán revisó ese desempeño, reparó daños y afinó su método operativo. En diciembre, ISNA citó al general Abdolrahim Mousavi y habló de mejoras continuas en defensa antiaérea; el alcance real de esa recuperación permanece incierto.
Duración de la guerra, presión sobre civiles y frentes paralelos en la región
En ese entorno, Cicurel resumió el riesgo con una idea central: la duración de la guerra y la intensidad de los ataques en ambos lados podrían aumentar. Para los planificadores, un conflicto más largo eleva el desgaste de las defensas, multiplica la exposición civil y refuerza la presión política sobre gobiernos y mandos militares. La logística y la reposición de interceptores pasan a ocupar el centro de la ecuación operativa en cada fase.
Inbar consideró que un lanzamiento de cien misiles por día durante unos pocos días representaría un desafío de interceptar. Israel dispone de sistemas propios que complementan al THAAD, aunque todavía enfrenta problemas ante salvas repetidas. El límite surge por inventarios finitos y por la capacidad de respuesta bajo presión. El ministerio de Defensa calculó un 86% de acierto, cifra que deja claro que incluso tasas altas admiten brechas peligrosas con impactos directos.

Cicurel alertó sobre proxies regionales. Israel combate a Hezbolá y ejecuta ataques en Líbano para frenar su rearme, mientras Yemen mantiene salvas de largo alcance con volumen limitado. Aseguró que los hutíes construyen una amenaza de misiles balísticos que pronto incluso podría superar a la de Irán. Ese agregado abre otro vector de presión sobre las defensas israelíes y complica cualquier cálculo de prioridades en un escenario simultáneo.
Entre reportes cruzados y, a veces, imposibles de comprobar, trazar la ruta del próximo choque Israel-Irán se volvió más complejo. Los analistas comparan señales, cifras y desmentidos, pero la incertidumbre domina y el escenario cambia en cada variable. Inbar subrayó un único punto firme: no será lo mismo. Los actores ajustan capacidades y tácticas, mientras la disponibilidad real de interceptores y su reposición decide los márgenes de resistencia de ambos bandos.
