Un estudio sostiene que el manuscrito de Qumrán reúne dos rollos, con divergencias materiales entre secciones y una unificación realizada en una etapa posterior.
Evidencias que apoyan el origen doble del Gran Rollo de Isaías hebreo
Una investigación reciente afirma que el Gran Rollo de Isaías, ejemplar casi íntegro más antiguo de la Biblia hebrea y fechado en el siglo II a. C., nació como dos rollos distintos. La conclusión surge del contraste entre las ocho primeras hojas de pergamino y las nueve siguientes de un manuscrito de 7,34 metros. El documento integra los siete rollos principales hallados en Qumrán, cerca del mar muerto, en 1947.
Durante años, los expertos intentaron explicar las particularidades del manuscrito. Algunos atribuyeron las diferencias visibles entre ambas mitades a una copia hecha a partir de fuentes diversas. En 2021, un trabajo pionero aplicó inteligencia artificial al trazo de las letras y propuso que dos escribas prepararon el manuscrito con el propósito de acercar sus caligrafías. Marcello Fidanzio llevó esa hipótesis más lejos y planteó un origen doble: dos rollos independientes unidos en una etapa posterior.
El investigador adelantó resultados antes de la salida del volumen colectivo The Great Isaiah Scroll: A Voice From the Desert, que editó. El libro reúne aportes de especialistas destacados de varios países y sirve de marco a una exposición en el Museo de Israel. La muestra exhibirá el rollo completo por primera vez desde 1968 y se prevé para comienzos de 2026; la fecha precisa continúa sin confirmación pública oficial.
Desde los primeros análisis se anotaron contrastes entre la sección inicial, con Isaías 1-33, y la final, con 34-66 según la división medieval. Aparecen variaciones morfológicas y ortográficas, además de muchas más reparaciones del pergamino en la primera parte. Al cierre de esa sección quedaron tres líneas vacías, un detalle que se sumó a las señales de una historia material que no coincide entre ambas porciones, según los estudios tempranos.

Rasgos materiales del pergamino que indican unión posterior del rollo
Para construir su argumento, Fidanzio concentró el trabajo en la materialidad del objeto: hojas, pliegues, cortes y arreglos. El artículo, por diseño, no intenta determinar cuántos escribas participaron en la copia ni asigna nombres a las manos. Su interés se fija en el soporte y en la historia física del rollo, con atención a las señales internas que permitirían reconstruir etapas previas a la versión conservada, según su lectura detallada.
Fidanzio resume así su lectura del artefacto: el propio rollo ofrece señales de una bisección preexistente y de un proceso posterior de unificación. En su opinión, esas huellas internas bastan para reconstruir una etapa anterior al ensamblaje que define el manuscrito conservado. Sobre el momento de la unión, el académico admite vacíos y mantiene abiertos varios escenarios sin fijar un orden definitivo para la preparación de cada mitad del rollo.
El cotejo de las láminas también pesa sobre la tesis. Las ocho primeras muestran pliegues verticales y horizontales; las nueve restantes solo exhiben pliegues verticales. En la hoja 8 aparecen dos columnas, porque el material quedó cortado tras la segunda, frente al patrón normal de tres o cuatro columnas en las hojas, salvo la hoja 17, que constituye la última del rollo conservado, según la comparación de Fidanzio detallada.
El estado de preservación marca otra ruptura. La primera parte muestra un pergamino con desgaste y arrugas, frente a la superficie uniforme de la segunda. Fidanzio lo ilustró con una comparación doméstica: la piel de la primera parte se parece a la de su madre de 80 años; la de la segunda resulta lisa, como la de su sobrina de 14. Además, la primera concentra puntadas, cortes cosidos y parches, intervenciones casi ausentes en la segunda.
Diferencias físicas y textuales principales

- Pliegues verticales y horizontales en las ocho primeras hojas; solo verticales en las nueve siguientes.
- Hoja 8 con dos columnas por corte tras la segunda; patrón habitual de tres o cuatro columnas, salvo la hoja 17.
- Más reparaciones en la primera sección: puntadas, hojas reunidas y parches de cuero; intervenciones escasas en la segunda.
- La segunda mitad conservó pasajes con huecos completados después; algunos signos allí no aparecen en la primera.
Datación, alcance editorial y división interna del libro de Isaías
Por tradición, los especialistas dataron el rollo mediante paleografía, a partir de las formas de las letras, en el último cuarto del siglo II a. C. Más tarde, otra investigación combinó paleografía digital con radiocarbono y propuso una antigüedad mayor, con una producción entre 180 y 100 a. C. Ambos enfoques fijaron rangos compatibles y confirmaron la condición temprana del testimonio preservado en Qumrán. Se aplicó radiocarbono a ambas secciones sin diferencias marcadas.
Fidanzio recordó que el radiocarbono entrega rangos, no días concretos, y que cada rango suele cubrir varias décadas. Por ello, dos resultados parecidos no excluyen la posibilidad de que una parte se copiara algunos años después de la otra. El estudio no fija un orden definitivo para la secuencia de producción, un punto que permanece abierto en ausencia de datos materiales más precisos, según admitió el académico en declaraciones previas.

Otro dato material refuerza la hipótesis de un origen doble y señala una planificación desigual. Las dos mitades no equilibran ni el número de caracteres ni la longitud de las hojas. La primera sección queda apreciablemente más breve que la segunda, un resultado que sugiere una historia editorial distinta. En paralelo, la copia del texto mostró una leve discrepancia gráfica y pasajes con huecos completados después en la segunda mitad.
Los estudios actuales suelen dividir el Libro de Isaías en dos bloques, capítulos 1-39 y 40-66. Otros fragmentos de Isaías hallados entre los Rollos del mar muerto refuerzan esa separación, ya que los manuscritos conservados contienen por lo general solo la primera o solo la segunda sección. El punto de corte despierta dudas interpretativas y permanece sin explicación concluyente, una cuestión que el propio Fidanzio mantiene abierta, según su lectura del material.
Uso comunitario, múltiples manos y adaptación a lectores arameos locales
Fidanzio sostuvo que las numerosas correcciones y remiendos permiten entender qué valor tuvo la Biblia para esa comunidad. El documento se presenta como un objeto en movimiento más que como una pieza fija. El manuscrito no era estático y evolucionó junto con quienes lo leían, con adiciones y ajustes, además de escritura posterior sobre el mismo soporte según las necesidades de uso que la práctica impuso a lo largo del tiempo.

El examen minucioso del pergamino también sugiere una autoría acumulativa. Sabemos que intervinieron varias manos, al menos siete, que añadieron, integraron y, en general, escribieron en el rollo durante al menos un siglo. Esa continuidad explicaría la densidad de retoques que hoy se observa en el objeto y ofrece una ventana a sus etapas de uso y a los modos de lectura de su comunidad, según la evaluación de Fidanzio.
Los escribas pensaron en sus lectores inmediatos. Según Fidanzio, las palabras del manuscrito se escribieron de manera que garantizaron que el lector de la época, cuya lengua materna era el arameo, pudiera leer correctamente el hebreo. La ayuda al lector quedó dentro del cuerpo del texto, no en glosas externas, con criterios de legibilidad para esa audiencia bilingüe.
Fidanzio recordó el contexto oral de la lectura antigua: el modo normal consistía en leer en voz alta. Según su análisis, el manuscrito muestra rasgos pensados para una ejecución oral y convoca al lector a participar como parte del proceso de evolución textual. Ante la pregunta sobre una afinidad con el estudio rabínico descrito siglos después, no ofreció certeza, aunque consideró la semejanza como una posibilidad plausible, en ausencia de pruebas directas.
Contexto canónico y nuevas líneas de investigación sobre el rollo

El manuscrito se copió en los años finales previos al cierre del canon bíblico judío. Para Fidanzio, ese contexto ayuda a entender un texto menos fijado que en épocas posteriores. El rollo sugiere que, durante la copia, la formulación bíblica mantuvo margen de variación entre copistas y permitió decisiones ajustadas al público cercano que recibía el texto. El lector participó en ese proceso de transmisión y formó parte de la evolución textual.
El programa de investigación permanece abierto. Fidanzio examina ahora las pieles animales empleadas en estos pergaminos, con atención al tipo de animal y al modo de curtido, y evalúa si ese tratamiento coincide con el proceso común de fabricación. El objetivo consiste en aclarar etapas de producción todavía poco definidas. El propio profesor expresó su expectativa de poder responder a esas preguntas en el futuro próximo, según indicó en entrevistas.
