Eva Schloss, superviviente de Auschwitz y referente internacional en la enseñanza del Holocausto, murió a los 96 años, según informó su fundación el domingo. Hermanastra de Ana Frank, dedicó gran parte de su vida a transmitir memoria histórica y a promover la educación sobre los crímenes nazis, de modo que su Muerte conmocionó a quienes reconocían en ella una voz ética fundamental.
En un homenaje público, su familia expresó su “gran tristeza” por la pérdida de esta “mujer extraordinaria: superviviente de Auschwitz, dedicada educadora del Holocausto, incansable en su labor por el recuerdo, la comprensión y la paz”. El mensaje subrayó que su compromiso público surgió de su experiencia personal y que esa vivencia orientó su labor educativa durante décadas.
Schloss murió el 3 de enero en Londres, según confirmó la Casa de Ana Frank, que recordó su papel central en la preservación del legado histórico vinculado al genocidio nazi y su cercanía con la familia Frank antes y después de la guerra. Esa cercanía dotó a su testimonio de una autoridad singular.
El rey Carlos III y su esposa Camila, patrona del Anne Frank Trust UK, manifestaron estar “profundamente entristecidos”. Carlos III había compartido un baile con Schloss durante un acto celebrado en Londres en 2022, en reconocimiento a su trayectoria pública, y esa experiencia personal reforzó el énfasis de la pareja real en el valor de su ejemplo. “Ambos nos sentimos privilegiados y orgullosos de haberla conocido y la admirábamos profundamente”, señalaron en un comunicado conjunto, en el que destacaron su respeto por la labor educativa y testimonial que ella mantuvo durante décadas.
En 1990, Schloss cofundó el Anne Frank Trust UK, una organización orientada a educar sobre el Holocausto y a combatir los prejuicios. Con ese fin, impulsó programas formativos dirigidos a jóvenes, docentes y comunidades en distintos países, convencida de que la comprensión histórica reduce la discriminación.
Nacida como Eva Geiringer en Austria en 1929, era todavía una niña cuando la Alemania nazi anexionó el país. El avance del régimen antisemita determinó el destino de su familia judía y condicionó su infancia. La familia huyó primero a Bélgica y después a Ámsterdam, donde se establecieron frente a la casa de Ana Frank; en ese entorno, ambas niñas compartieron juegos y experiencias cotidianas hasta que la persecución las obligó a ocultarse.
Los diarios de Ana Frank se convirtieron más tarde en un símbolo universal del sufrimiento causado por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Eva y Ana tenían la misma edad y mantuvieron una relación cercana en los años previos a la clandestinidad, lo que explica la profundidad con que Schloss transmitió ese legado.
A partir de 1942, ambas familias se ocultaron. Dos años después, un simpatizante nazi traicionó a los Geiringer, y Eva, sus padres, Elfriede y Erich, y su hermano Heinz fueron arrestados el día de su decimoquinto cumpleaños. En mayo de 1944, los deportaron al campo de exterminio de Auschwitz. Eva logró permanecer junto a su madre, pero la separaron de su padre y de su hermano, quienes murieron posteriormente en los campos nazis.
Ana Frank murió en 1945 en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Ese mismo año, tras la liberación de Auschwitz por el ejército soviético, Eva Schloss y su madre regresaron a los Países Bajos. Allí conocieron a Otto Frank, padre de Ana, que había enviudado tras su propio regreso de Auschwitz. Otto alentó a Eva a dedicarse a la fotografía, disciplina que contribuyó a su reconstrucción personal después de la guerra.
En 1952, Eva se trasladó a Londres para estudiar y conoció a su futuro esposo, Zvi Schloss. Un año después, Elfriede Geiringer y Otto Frank contrajeron matrimonio, lo que unió definitivamente a ambas familias marcadas por el Holocausto. Con el tiempo, Eva y Zvi Schloss tuvieron tres hijas y adquirieron la ciudadanía británica. En 2021, a los 92 años, Eva recuperó también la ciudadanía austríaca, gesto que cerró un largo ciclo vital iniciado antes de la persecución nazi.
Autora de varios libros, relató sus vivencias en conferencias por todo el mundo y convirtió su experiencia en una herramienta pedagógica de alcance internacional. En 2013 recibió el nombramiento de Miembro de la Orden del Imperio Británico (MBE) por su contribución a la educación y a la memoria histórica.
Gillian Walnes, vicepresidenta del Anne Frank Trust UK, afirmó en un comunicado que, hasta bien entrados sus 90 años, habló con pasión incansable y a menudo ofreció varias charlas al día, incluso en prisiones y escuelas. “El legado de Eva perdura en las vidas que tocó y en la historia que mantuvo viva con tanta valentía”, concluyó, al destacar la huella duradera que su testimonio dejó en generaciones de oyentes.
