El programa, con 660–1.600 millones de euros, busca control marítimo regional en el Adriático y apoyo a misiones de la OTAN y la UE.
Mayor adquisición naval croata y objetivos operativos en el Adriático actual
Según Jutarnji, el 6 de enero de 2026 Croacia se prepara para adquirir dos corbetas multipropósito, un hito que marcaría la mayor compra naval por valor y tamaño. El programa, valorado entre 660 y 1.600 millones de euros, busca control marítimo regional en el Adriático y apoyo a operaciones de la OTAN y la UE. Ocho países y doce astilleros muestran interés, y la decisión definiría la capacidad de superficie de la Armada Croata por décadas.
Tras años de incertidumbre, el liderazgo político anunció en 2025 que la Armada buscaría un nuevo buque de guerra, después la iniciativa se refinó hacia corbetas en lugar de fragatas o patrulleros. Ahora el programa abarca dos buques, no un único casco, lo que elevó el interés internacional y la competencia de ocho países con doce astilleros. La decisión representaría la introducción de los mayores buques de guerra operados por Croacia hasta hoy.
Los buques considerados pertenecen a la categoría de corbetas, por encima de patrulleros oceánicos y lanchas misilísticas, y por debajo de fragatas. Su misión prioriza el control marítimo regional sobre la proyección de poder en aguas profundas. Las corbetas modernas suelen desplazar entre 1.000 y 3.500 toneladas y medir de 80 a 120 metros de eslora, cifras suficientes para operaciones sostenidas y adecuadas para mares confinados como el Adriático y despliegues limitados en el Mediterráneo.
Estas naves cubren tres tareas básicas: combatir buques enemigos, defenderse de aeronaves y misiles, y cazar submarinos, aunque muchos diseños muestran límites en algún ámbito. La defensa antiaérea suele resultar la más restringida frente a buques grandes: sistemas de corto alcance de 20 a 25 kilómetros y, ocasionalmente, misiles medios de 60 a 70. Este marco coloca la elección croata como equilibrio entre supervivencia, costes y misión, con énfasis en controlar la mitad croata del Adriático.
Datos clave del programa y requisitos operativos
- Presupuesto estimado entre 660 y 1.600 millones de euros.
- Interés de ocho países y doce astilleros en la competencia.
- Desplazamientos típicos de 1.000 a 3.500 toneladas y esloras de 80 a 120 metros.
- defensa antiaérea habitual de 20 a 25 km; alcance medio ocasional de 60 a 70 km.
- Dos buques para garantizar disponibilidad operativa continua.
Geografía del Adriático, guerra antisubmarina y disponibilidad operativa
La geografía del Adriático, estrecho y con costas aliadas a su alrededor, reduce la probabilidad de incursiones libres de unidades de superficie hostiles. El riesgo submarino persiste por su detección difícil y seguimiento complejo. Por ello, los requisitos croatas sitúan una guerra antisubmarina sólida como eje central y piden suficiente defensa antiaérea para proteger el propio buque o permitir operaciones seguras junto a unidades aliadas dentro de escenarios compartidos marítimos.
Más allá de la defensa nacional, las nuevas corbetas deberían participar en misiones de la OTAN y la UE, con foco principal en el Mediterráneo y posibilidad de alcanzar el canal de Suez y el mar Rojo. Estos perfiles requieren autonomía razonable y coordinación con aliados, sin aspirar a una proyección de fuerza propia de una fragata. La planificación prioriza tareas realistas para un entorno regional, sin abandonar compromisos internacionales establecidos por Croacia.
La decisión de adquirir dos unidades, y no una sola, busca asegurar disponibilidad continua, de modo que al menos un buque permanezca operativo ante tareas, mantenimiento o adiestramiento. En el debate interno aparece una disyuntiva entre una configuración de menor coste y otra de mayor capacidad. Las soluciones intermedias se describen como las de menor retorno operativo por euro invertido, lo que orienta la discusión hacia extremos claros de inversión y prestaciones.
El programa se vincula a sistemas ya presentes en tierra y mar. La costa cuenta con radares AESA de fabricación estadounidense adquiridos en la década de 2000, y la Armada opera tres baterías móviles de misiles costeros cerca del final de su vida útil. Por ello, se espera que cualquier nuevo buque conserve compatibilidad con el inventario de misiles existente de Croacia para evitar cambios posteriores y costes adicionales innecesarios.
Amenazas no tripuladas, participación industrial y construcción más viable
Las amenazas no tripuladas ganaron relevancia por su bajo coste y potencial de empleo masivo: embarcaciones kamikaze teledirigidas, torpedos de mayor alcance y drones submarinos o semisumergidos. Aunque estos sistemas no resultan nuevos, su eficacia quedó demostrada en la guerra de Ucrania. Este hecho refuerza la necesidad de buques bien protegidos y de sistemas no tripulados propios, con opciones de desarrollo local, junto a las futuras corbetas previstas para la flota croata.
La participación industrial aparece como asunto sensible. Croacia desea involucrar astilleros nacionales, aunque dificultades previas con patrulleros encendieron alertas sobre riesgos y retrasos. Los astilleros croatas pueden construir cascos, pero el casco suele representar alrededor del 25 por ciento del coste total de una corbeta. La mayor parte del valor reside en sensores, armas y electrónica, por lo que resultaría importada. El enfoque más realista favorece construcción exterior con compensaciones u ensamblaje parcial en Croacia.
Más allá de la compra, dos corbetas ofrecen una ocasión para redefinir la forma de operar de la Armada Croata. Estas plataformas podrían asumir funciones de mando para coordinar sistemas de superficie y submarinos no tripulados y actuar en entornos saturados de drones. Si el programa avanza según lo previsto, las capacidades navales quedarían redefinidas por décadas. Una dotación insuficiente de sistemas de combate limitaría el retorno estratégico de una inversión de carácter histórico.
En armamento antibuque, el debate se centra en sistemas probados. Entre las opciones figuran el NSM noruego, con alcance declarado de 180 a 200 kilómetros y capacidad de atacar objetivos terrestres; el RBS-15 Mark IV sueco, más pesado y cercano a 300 kilómetros; y el Exocet Block 3c francés, con capacidad limitada de ataque a tierra. La cuestión principal suele residir en el número de lanzadores, a menudo cuatro u ocho.
Competidores, defensa antiaérea y enfoque modular en las ofertas actuales
Para la defensa antiaérea, la protección de corto alcance puede llegar con sistemas como RAM, que emplea el misil RIM-116 con un alcance de hasta 8,9 kilómetros. En alcance medio destacan CAMM-ER y RIM-162 Evolved SeaSparrow, ambos alrededor de 60 kilómetros. Las corbetas no disponen de celdas de lanzamiento vertical profundas propias de buques mayores, hecho que explica por qué su defensa antiaérea permanece limitada por diseño dentro de este segmento.
La modularidad aparece de forma recurrente en el debate croata. Muchos cascos modernos admiten diferentes conjuntos de radares, sonares y misiles mediante un enfoque de bloques de construcción, en lugar de configuraciones fijas e integradas de forma rígida. Este planteamiento promete flexibilidad para adaptar sistemas a presupuestos y necesidades, aunque las decisiones sobre integración y soporte logístico todavía determinan costes y plazos, con implicaciones directas sobre disponibilidad operativa y retorno de la inversión estatal.
El campo competitivo incluye Europa, Turquía, Corea del Sur y Estados Unidos, con Europa descrita como especialmente sólida en este segmento. Francia podría ofrecer Gowind, que combina misiles Exocet, celdas de lanzamiento vertical para MICA y posiblemente Aster 15, además de un conjunto equilibrado de sensores con opciones de compensación industrial. Este paquete aparece entre los más capaces, sujeto al equilibrio entre coste, transferencia y cronograma que evalúa actualmente Croacia.
Alemania aparece con Braunschweig, optimizada para defensa costera con RBS-15 Mark III y defensa antiaérea solo de corto alcance. Italia podría proponer la Corbeta de Patrulla Europea, aún incierta por requisitos divergentes, o la clase Al Zubarah para Qatar, cercana a una fragata ligera y de mayor coste. Los Países Bajos asocian SIGMA, modular y rara vez en configuración de alto nivel, y España el Avante 2200, de concepto similar a Gowind.
Propuestas de Turquía, Corea del Sur y Estados Unidos en competencia
La clase Ada de Turquía se describe como más asequible y optimizada para la guerra antisubmarina. Presenta límites en defensa antiaérea frente a opciones europeas, aunque integra el misil Atmaca con 200 kilómetros de alcance y capacidad de ataque a tierra. Su perfil prioriza sensores y sonar, con foco en escolta y vigilancia, y encaja en presupuestos contenidos que busquen capacidades antisubmarinas sólidas dentro de un casco con ambición moderada en defensa antiaérea.
Corea del Sur destaca por ofrecer buques de mayor tamaño, cercanos a fragatas ligeras. Las clases Incheon (FFX-I) y Daegu (FFX-II) alcanzan esloras de 120 a 125 metros, combinan defensa antiaérea de alcance medio y precios competitivos, y muestran disposición a compartir tecnología. Estas propuestas elevan capacidad y margen de crecimiento, a cambio de mayores desplazamientos y compromisos logísticos propios de plataformas que superan el tamaño típico de una corbeta.
Las opciones estadounidenses derivadas del Littoral Combat Ship aparecen con cautela, dada la retirada acelerada de esta familia. Un ejemplo citado es el HMS Saud saudí, que adopta elementos del diseño LCS. La percepción de obsolescencia prematura, junto a dudas sobre robustez en entornos exigentes, limita su atractivo frente a alternativas europeas o coreanas, más alineadas con requisitos croatas de equilibrio entre coste, supervivencia y alcance de misión regional.
En conjunto, el campo competitivo se extiende por Europa, Turquía, Corea del Sur y Estados Unidos, con Europa fuerte en este segmento. La elección final deberá ajustarse al presupuesto estimado, a la compatibilidad con misiles existentes y a los requisitos de control del Adriático. Sobre esa base, Croacia comparará compensaciones industriales, calendarios y riesgos, con el objetivo de asegurar dos corbetas capaces y disponibles que sostengan operaciones nacionales y compromisos con la OTAN y la UE.
