Pilotos y mandos ucranianos ajustan tácticas para F-16 ante defensas rusas densas; priorizan vuelo a baja altitud y señuelos, tras pérdidas atribuidas a designación de blancos desde tierra.
Tácticas nuevas para F-16 ante defensas antiaéreas rusas densas
Oficiales de la Fuerza Aérea de Ucrania presentaron un conjunto nuevo de tácticas para F-16 frente a Rusia. Pilotos y otros mandos calificaron como inadecuadas las técnicas de combate aéreo enseñadas por miembros de la OTAN para este teatro. La red rusa de defensa antiaérea terrestre, muy densa y con altas capacidades, impuso límites severos a procedimientos previos. La respuesta ucraniana destacó vuelo a muy baja altitud y tácticas de señuelo para reducir exposición y aumentar la supervivencia.
La Fuerza Aérea de Ucrania confirmó la pérdida de al menos cuatro F-16. Analistas atribuyeron esas pérdidas, de forma amplia, a la designación de blancos por sistemas de defensa antiaérea terrestres. Ese señalamiento reforzó la urgencia de revisar reglas de enfrentamiento, perfiles de vuelo y coordinación con defensas propias. El objetivo consistió en sostener misiones contra misiles de crucero y drones, sin exponer a los pilotos a intercepciones desde largas distancias y a enganches prolongados por radares enemigos.
El cambio táctico incluyó una revisión de doctrinas basadas en conflictos con superioridad aérea, poco útiles sin dominio del espacio. Las nuevas pautas se centraron en trayectorias que aprovechan el enmascaramiento por el terreno, con rutas que evitan corredores previsibles. La pretensión ucraniana buscó degradar la eficacia de sensores rusos y dificultar soluciones de tiro desde baterías terrestres, al mismo tiempo que preservó la capacidad de defensa antiaérea local y cobertura cercana a objetivos prioritarios.

El piloto consultado subrayó la necesidad de operar con mayor flexibilidad ante amenazas combinadas. Esa evaluación describió limitaciones de los F-16 frente a cazas rusos con radares más potentes y misiles de mayor alcance. La atención se desplazó hacia técnicas que rompen la detección continua y limitan la persecución desde grandes altitudes. En ese marco, la coordinación con otras plataformas amigas asumió relevancia para sostener misiones de interdicción y respuestas rápidas ante lanzamientos de misiles de crucero o incursiones de drones.
Claves operativas y técnicas extraídas del testimonio
- Pérdida confirmada de al menos cuatro F-16, con atribución amplia a designación de blancos desde tierra.
- Énfasis en vuelo a muy baja altitud y tácticas de señuelo para reducir exposición.
- Principales amenazas: Su-35, Su-57 y MiG-31 en patrullas a gran altitud.
- Radares de F-16 con escaneo mecánico y antenas notablemente más pequeñas que en cazas rusos.
- Vulnerabilidad de A-50 en el teatro, con efecto favorable para la supervivencia ucraniana.
Limitaciones del F-16, entorno de amenaza y vuelo a baja altitud
Un piloto ucraniano de F-16 declaró que, tras el regreso del entrenamiento en el extranjero, las tácticas enseñadas no se ajustaron a esta guerra. Esas técnicas partieron de escenarios con superioridad aérea previa y mostraron escasa previsión sobre la densidad extrema de sistemas de defensa antiaérea rusos. La aviación de combate rusa añadió otra capa de riesgo, con plataformas que superaron en alcance de detección y armamento a los F-16 desplegados por las unidades ucranianas.
El mismo piloto señaló la necesidad de replantear cómo destruir misiles de crucero, atacar drones y sobrevivir cerca de líneas del frente. La adaptación limitó operaciones a gran altitud y priorizó rutas bajas, con aprovechamiento del relieve. Esa aproximación obstaculizó el seguimiento por radar ruso y la adquisición por buscadores de misiles. Al mismo tiempo, elevó la complejidad de enganches desde sistemas de defensa antiaérea terrestres a distancias largas, lo que redujo ventanas de interceptación efectiva.
El F-16, en sus versiones entregadas a Ucrania, no dispone de un radar con potencia comparable a la de aviones de combate rusos para enfrentar objetivos a distancias mayores. Sus radares usan escaneo mecánico, calificado como propio de la era de la Guerra Fría. Además, las antenas a bordo presentan tamaños entre aproximadamente una cuarta y una séptima parte del tamaño observado en cazas e interceptores rusos, con efectos directos sobre alcance y resolución.

El piloto identificó a Su-35 y Su-57, junto con MiG-31, como la principal amenaza. Esas aeronaves realizaron patrullas a gran altitud y aguardaron despegues ucranianos. La respuesta consistió en perfiles a baja altitud, lejos de doctrinas de la OTAN. El enmascaramiento por el terreno degradó seguimiento y adquisición rusos. La vulnerabilidad de sistemas A-50 en el teatro añadió un factor favorable a la supervivencia de los F-16, al reducir conciencia situacional y coordinación enemiga.
Evaluación de Rostec sobre Su-35 y consecuencias para Ucrania
El informe sobre cambios tácticos coincidió con una declaración de noviembre del director ejecutivo de Rostec, Sergey Chemezov. Según ese planteamiento, F-16 y Mirage 2000 entregados a Ucrania volaron a baja altitud y en espacio aéreo muy por detrás de líneas del frente para minimizar riesgos frente a cazas rusos, con mención destacada al papel del Su-35. Esa descripción alineó la percepción rusa con observaciones difundidas desde fuentes ucranianas.
Chemezov sostuvo que el Su-35S obligó a aeronaves ucranianas a mantener altitudes mínimas y zonas de retaguardia, mientras el propio Su-35S atacó objetivos a distancias de cientos de kilómetros. Con base en esa evaluación, concluyó que aviones ucranianos no pudieron aproximarse lo suficiente para lanzar misiles aire-aire cerca del frente, con alcance que resultó insuficiente frente a la combinación de sensores y armamento ruso.

El Su-35 mostró capacidades de combate más allá del alcance visual inferiores a las del MiG-31BM y el Su-57. No obstante, su número en el teatro resultó muy superior. La presencia extendida de Su-35 elevó su peso operativo y comprimió márgenes de maniobra para aeronaves ucranianas. Ese cuadro reforzó la necesidad de tácticas que evitaran exposiciones prolongadas y limitaran la probabilidad de enganches a distancia por plataformas que operaron con ventaja tecnológica y numérica.
El relato de Rostec encajó con la adopción ucraniana de perfiles bajos y espacios a retaguardia. La combinación de patrullas de gran altitud rusas y defensas terrestres densas limitó los beneficios de doctrinas occidentales. El ajuste táctico ucraniano buscó resultados específicos: negar detecciones tempranas, recortar ventanas de disparo y permitir que aeronaves amigas con munición guiada cumplieran misiones. Esas medidas intentaron equilibrar supervivencia, persistencia mínima en el área y utilidad operativa sostenida.
Tácticas de señuelo y advertencias sobre la cobertura antiaérea ucraniana
El piloto ucraniano describió tácticas de señuelo de alto riesgo. F-16 expusieron su posición de forma deliberada para inducir lanzamientos rusos. El propósito consistió en reducir munición disponible en patrullas enemigas y facilitar que plataformas amigas con bombas guiadas de precisión completaran bombardeos. En un enfrentamiento, una formación de tres F-16 provocó disparos desde direcciones distintas, lo que permitió a aviones de ataque alcanzar objetivos y regresar con seguridad tras cumplir su misión.
Si esa descripción resultó correcta, el episodio reveló una deficiencia en estándares de entrenamiento de pilotos rusos, en la medida en que se consumió munición fuera de un alcance efectivo de derribo. Aun así, la capacidad de operar bajo cobertura de la red nacional de defensa antiaérea ucraniana quedó en duda a medio y largo plazo. Esos sistemas se agotaron con rapidez, mientras reposiciones occidentales cubrieron solo una fracción de la demanda acumulada.

Fuentes ucranianas advirtieron que F-16 y Mirage 2000 no igualan las capacidades de cazas rusos avanzados. El portavoz de la Fuerza Aérea, Yuri Ignat, declaró el 3 de junio de 2025 que Rusia opera aviones con mayor alcance de detección y misiles con mayor alcance de vuelo. Además, señaló defensas antiaéreas poderosas en tándem con la aviación, lo que consolidó la necesidad de una respuesta integral por parte de Ucrania en este frente.
En marzo, Ignat comparó el F-16 con el Su-35 y afirmó que las modificaciones disponibles en Ucrania no permiten competir uno a uno en un combate aéreo. Reclamó un enfoque integral que incorpore defensa antiaérea terrestre, sistemas de guerra electrónica y, de forma ideal, un radar aerotransportado. El portavoz consideró cruciales los radares a bordo de sus aeronaves y los misiles aire-aire, con el fin de sostener eficacia en tareas de intercepción y defensa.
