El F-35A domina más allá del alcance visual por fusión de sensores y furtividad, pero sin bodegas para misiles cercanos pierde eficacia en combate cercano.
Ventajas comparativas a larga distancia y dentro del alcance visual
Su-35S y F-35A figuran entre los cazas de altas prestaciones difundidos y empleados por sus fuerzas aéreas. Las comparaciones resultan frecuentes porque incorporan capacidades y criterios de diseño distintos. A distancias más allá del alcance visual, el F-35A presenta una ventaja considerable por su fusión de sensores y su furtividad. Esa combinación eleva la conciencia situacional y reduce la capacidad de unidades Su-35S para detectar su presencia pese a su radar mayor y dos radares secundarios.
Dentro del alcance visual, el F-35A también retiene una ventaja. El misil infrarrojo AIM-9X Block II permite ataques con ángulos fuera del eje superiores a los que admite el R-74 del Su-35S. Además, el sistema de apertura distribuida del F-35A ofrece detección amplia de amenazas y proyecta en el visor de casco una representación integrada del entorno. Con ese apoyo, la capacidad del AIM-9X compensa en gran medida el mejor rendimiento de vuelo del Su-35S.
Los análisis sostienen que la ventaja del F-35A se mantiene en los escenarios más probables, ya que su fusión de sensores refuerza la conciencia situacional y su furtividad degrada la estimación de posición enemiga. Ese efecto persiste aunque el Su-35S integre un radar de mayor tamaño junto a dos radares en las raíces alares. La combinación de sensores del F-35A y su baja observabilidad introduce incertidumbre y limita la capacidad adversaria para sostener un seguimiento eficaz.

El visor de casco del F-35A, alimentado por la apertura distribuida, presenta al piloto una imagen integrada del entorno que facilita la priorización de amenazas. Con ese refuerzo, y con los ángulos fuera del eje superiores del AIM-9X frente al R-74, el F-35A puede asumir combates cercanos con expectativas. Así, su armamento y su arquitectura de sensores equilibran el mejor rendimiento de vuelo del Su-35S en situaciones de corta distancia cuando la configuración no sacrifica sigilo.
Puntos clave para orientar la comparación operativa
- El F-35A presenta ventaja más allá del alcance visual por fusión de sensores y furtividad.
- El Su-35S integra un radar mayor y dos radares secundarios en las raíces alares.
- El AIM-9X Block II ofrece ángulos fuera del eje superiores a los del R-74.
- El F-35A no aloja misiles de alcance visual en bodegas internas.
- El J-20A transporta PL-10 en bodegas y conserva disparos a alto ángulo.
Limitación clave: el F-35A no emplea misiles cercanos con sigilo pleno
El diseño del F-35A impide el empleo de misiles de alcance visual sin abandonar una configuración furtiva. A diferencia del F-22, del J-20 chino y del Su-57 ruso, el F-35A no aloja el AIM-9X ni un equivalente en bodegas internas. Para llevar ese armamento, debe usar soportes externos, eleva su sección radar en órdenes de magnitud y anula una parte sustancial de las ventajas que dependen de la baja observabilidad del conjunto.
En configuración furtiva, el F-35A queda limitado en combate cercano. Sin el AIM-9X, no puede atacar objetivos a altos ángulos fuera del eje sin orientar el morro hacia ellos. La capacidad de apuntamiento a alto ángulo fuera del eje apareció en cazas soviéticos como el MiG-29 a mediados de la década de 1980. Por esa razón, incluso un MiG-29 de esa época lograría ventaja importante frente a un F-35A furtivo en un duelo cerrado.

El Su-35S ofrece un rendimiento de vuelo superior al del MiG-29 y al del propio F-35A, y además utiliza sensores y armamento más modernos. Con esas ventajas, el Su-35S obtendría una superioridad muy marcada si impone un combate a corta distancia a un F-35A en configuración furtiva. La relación entre su maniobrabilidad, su carga útil y su suite de sensores potencia una ventaja acumulada cuando el enfrentamiento reduce distancias y el adversario preserva la baja observabilidad.
El resultado inmediato consiste en una capacidad reducida para el F-35A en combate a corta distancia cuando preserva su firma reducida. Sin misiles de alcance visual alojados internamente, el avión no iguala los ángulos fuera del eje que definieron el estándar desde los años ochenta. Esa carencia obliga a priorizar tácticas que eviten el cruce de curvas cerradas y que mantengan la iniciativa antes del contacto visual con oponentes equipados para disparos a alto ángulo.
Coste de portar AIM-9X externo y pérdida de ventaja a larga distancia
Si el F-35A transporta misiles AIM-9X en soportes externos, reduce su principal ventaja frente a la mayoría de adversarios. En ese supuesto, unidades Su-35S podrían atacar a distancias varias veces mayores que las viables contra un F-35A en configuración furtiva. Al aumentar la firma, el caza pierde el margen que su furtividad proporciona antes del primer contacto y expone su posición con antelación, lo que favorece soluciones de tiro desde plataformas con radares potentes.

Además, el Su-35S combina una carga de misiles superior con la posibilidad de lanzar desde mayores velocidades y altitudes. Ese conjunto añade ventaja durante los compromisos iniciales, ya que incrementa energía y alcance de sus disparos. La diferencia en condiciones de lanzamiento amplía las oportunidades de impacto frente a un F-35A que renunció a la configuración furtiva para portar misiles de corto alcance en pilones, con el coste táctico ya descrito.
Cuando el F-35A porta el AIM-9X de forma externa, resulta probable que obtenga ventaja en un combate a corta distancia frente al Su-35S. Sin embargo, ese resultado llega con una reducción significativa de sus capacidades más allá del alcance visual. La elección entre conservar sigilo o maximizar su eficacia en el combate cercano exige decidir el perfil antes del enfrentamiento, porque ninguna opción ofrece superioridad simultánea en los dos ámbitos con el armamento disponible.
El apuntamiento a alto ángulo que aporta el AIM-9X mejora las perspectivas del F-35A en corta distancia frente al Su-35S, pero su instalación externa transforma el balance global. La sección radar aumenta, los sensores adversarios obtienen detección antes del contacto y los disparos iniciales favorecen al caza con mayor energía y carga. El intercambio entre supervivencia a larga distancia y rendimiento cercano define la decisión táctica en entornos donde el contacto resulta probable.
Concepción del F-35A y relevancia aérea frente al J-20A en el Pacífico

El programa del F-35A no nació con una dependencia principal de misiones de superioridad aérea, porque las capacidades aire-aire se planificaron con un propósito sobre todo defensivo. Las deficiencias relevantes del F-22 derivaron en un empleo del F-35A contra cazas enemigos mayor que el previsto al inicio. Ese desvío no modificó la arquitectura básica, que prioriza sigilo y fusión de sensores por encima de un rendimiento comparable al de los cazas de superioridad dedicados.
Aunque el F-35A recibió críticas por un rendimiento de vuelo limitado frente a otros cazas de quinta generación, la ausencia de bodegas internas aptas para misiles de alcance visual establece una restricción más determinante. El aparato puede configurarse para obtener ventaja frente a un Su-35S tanto a distancias más allá del alcance visual como dentro del alcance visual, aunque no dispone de una configuración que optimice ambos supuestos a la vez sin concesiones visibles.
En el teatro del Pacífico, la limitación adquiere un peso mayor. Allí, el F-35A afronta aeronaves más capaces que el Su-35S, como el J-20A chino, que combina sensores, aviónica y capacidades furtivas avanzadas con un rendimiento de vuelo similar al del Su-35S. Además, el J-20A dispone de transporte interno para misiles de alcance visual PL-10 con capacidad de compromiso a altos ángulos fuera del eje, rasgo que preserva su baja observabilidad en combates cercanos.
Con ese panorama, para la supervivencia de los F-35A en configuración furtiva resulta esencial evitar el combate a corta distancia. La prioridad consiste en mantener la ventaja que otorgan el sigilo y la fusión de sensores, conservar la iniciativa antes del cruce y reducir la exposición a armas de alto ángulo. Esa línea de acción sostiene las probabilidades de éxito frente a plataformas con rendimiento superior y con misiles de corto alcance alojados en bodegas internas.
