Trump advirtió que Estados Unidos intervendría en Irán si hay represión violenta durante protestas, aludiendo a precedentes militares y elevando la tensión bilateral en 2026.
Protestas y advertencias de 2026 con riesgo de escalada inmediata
En las primeras semanas de 2026, Donald Trump lanzó advertencias directas a Teherán durante protestas que se originaron a finales de diciembre de 2025 por dificultades económicas y demandas de cambio. A inicios de enero, los choques dejaron al menos cuarenta y dos muertes y más de dos mil detenciones. Trump afirmó que su gobierno intervendría si fuerzas iraníes reprimían con violencia a manifestantes pacíficos. El mensaje destacó capacidades y precedentes de ofensiva con referencia a operaciones que alteraron equilibrios regionales.
El 2 de enero, Trump aseguró que, si Irán disparaba y mataba a manifestantes pacíficos, Estados Unidos acudiría en su apoyo. Las protestas, iniciadas el 28 de diciembre en Teherán, se expandieron hacia otras zonas. Fuerzas de seguridad intervinieron en ciudades como Kuhdasht, Fuladshahr, Marvdasht, Azna y Lordegan, con reportes de muertes. El portavoz parlamentario Mohammad Bagher Ghalibaf advirtió que cualquier iniciativa militar convertiría bases estadounidenses en objetivos legítimos dentro de la región.
Las respuestas internas incluyeron a Mohsen Rezaei, excomandante del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, quien auguró la destrucción de Israel, bases estadounidenses y la estabilidad regional ante acciones hostiles. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, sostuvo que la interferencia desestabilizaría Oriente Medio y pondría en riesgo a soldados estadounidenses. Estas declaraciones reforzaron un clima de amenazas recíprocas que ya mostraba sensibilidad a cualquier paso operativo y a los efectos de la comunicación estratégica.

El 4 de enero, Trump reiteró que Irán recibiría un ataque muy duro si comenzaba a matar personas “como en el pasado”. El 8 de enero, elevó la advertencia y aseguró que las autoridades iraníes “pagarían un infierno” si mataban manifestantes. Añadió que Washington observaba la situación de cerca y había transmitido un mensaje firme. Aunque no detalló modalidades de intervención, la posición se alineó con opciones ya consideradas en episodios anteriores dentro del mismo teatro regional.
Datos clave y cifras para contextualizar la guerra
- Al menos cuarenta y dos muertes y más de dos mil detenciones a inicios de enero.
- Fechas de advertencias de Trump: 2, 4 y 8 de enero de 2026.
- Ciudades con intervención de fuerzas de seguridad: Kuhdasht, Fuladshahr, Marvdasht, Azna y Lordegan.
- Amenazas iraníes de represalia contra Israel y bases de Estados Unidos en la región.
Antecedentes: ataques selectivos y choques indirectos desde 2020
En enero de 2020, Estados Unidos ejecutó en Bagdad un ataque con dron que mató a Qasem Soleimani, jefe de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes. Soleimani ocupaba un lugar central en la estrategia exterior iraní. La administración de Trump justificó la operación con inteligencia que lo vinculó a ataques contra fuerzas estadounidenses en Irak. Irán respondió pocos días después con misiles balísticos contra Al Asad y Erbil, con daños materiales y más de cien heridos, sin muertes directas reportadas.
Aquel intercambio supuso el primer enfrentamiento directo entre ambos países desde 1979 y estableció un patrón de represalias de alcance limitado, con un riesgo de escalada persistente. La dinámica posterior mostró señales de contención relativa, aunque mantuvo la posibilidad de choques abruptos. El equilibrio resultó frágil por la proximidad de fuerzas, la presencia de asesores y las capacidades misilísticas que ampliaron el radio de acción sobre bases y activos estratégicos ubicados en países vecinos.

Desde 2023, aumentaron las confrontaciones a través de actores aliados de Irán. Milicias en Irak y Siria ejecutaron más de doscientos ataques contra objetivos estadounidenses e israelíes, con impactos sobre bases militares y embajadas. Estados Unidos respondió en octubre de 2023 con ataques aéreos contra dos instalaciones vinculadas a Irán en Siria. En febrero de 2024 amplió la operación a ochenta y cinco objetivos adicionales en Irak y Siria para afectar infraestructura operativa y logística.
Esos bombardeos se dirigieron a depósitos de armas y centros de mando para reducir capacidades sin atacar territorio iraní de forma directa. Washington buscó disuadir acciones adicionales sin forzar una respuesta iraní a gran escala. Irán negó responsabilidad directa por los ataques de sus aliados y, en paralelo, elevó su enriquecimiento de uranio por encima de los límites del Acuerdo Nuclear de 2015, abandonado por Estados Unidos en 2018 bajo la administración de Trump.
Escalada de 2025: ataques aéreos y presión sobre el programa nuclear
En 2025, Trump regresó al poder y restableció una política de presión intensificada contra Irán que combinó sanciones económicas con negociaciones directas sobre el programa nuclear, las primeras desde la retirada del JCPOA. En junio, la Agencia Internacional de Energía Atómica declaró a Irán en violación de sus obligaciones de no proliferación por primera vez en dos décadas, tras el anuncio de un sitio secreto de enriquecimiento de uranio con implicaciones inmediatas para los balances regionales.
El 13 de junio, Israel lanzó un ataque unilateral contra Irán que golpeó instalaciones nucleares, fábricas de misiles, residencias de altos oficiales y científicos nucleares. La operación usó aviones de combate y misiles de precisión para retrasar el avance nuclear y eliminar amenazas inmediatas. Estados Unidos no participó al inicio, aunque Trump expresó apoyo público. Además, sostuvo que Irán provocó la acción al rechazar acuerdos y advirtió sobre un posible cambio de régimen si Teherán no cedía.

Ocho días después, el 21 de junio de 2025, Estados Unidos intervino de forma directa y atacó tres sitios nucleares clave: Fordo, Natanz e Isfahán. La operación desplegó más de ciento veinticinco aviones y empleó setenta y cinco bombas de precisión, además de munición penetrante para destruir instalaciones subterráneas. La administración describió efectos severos capaces de retrasar el programa nuclear iraní durante meses, con Fordo como objetivo principal por su fortificación bajo montaña.
La Agencia Internacional de Energía Atómica evaluó el impacto y confirmó una reducción de la capacidad de enriquecimiento hacia niveles cercanos al grado armamentístico. El 23 de junio, Irán respondió con misiles contra la base aérea Al Udeid en Qatar, sin bajas registradas. Ese mismo día, Trump anunció un cese al fuego que, en términos generales, se mantuvo con violaciones esporádicas. Fue la primera autorización presidencial estadounidense de ataques directos contra el programa nuclear de otro país.
Opciones de respuesta y doctrina de represalia en el escenario actual
Con esos antecedentes, las declaraciones de enero de 2026 adquirieron mayor densidad operativa. Entre las opciones figuraron operaciones cibernéticas secretas asociadas en el pasado a sabotaje de centrifugadoras en Natanz. También destacaron medidas para sostener la conectividad a internet de manifestantes mediante satélites, con el fin de permitir la difusión de información pese a cortes ordenados por el gobierno. Estas vías no implicaron presencia terrestre y mantuvieron un esquema de presión con costos controlados.
Además, se consideraron sanciones adicionales contra figuras del régimen, con congelamiento de activos y restricciones de viaje que afectaran a líderes como el líder supremo Alí Jamenei. El 9 de enero, Jamenei afirmó que Irán no retrocedería ante protestas ni amenazas externas y calificó a los manifestantes como vándalos. También se evaluaron escenarios de apoyo indirecto, como suministro de inteligencia a aliados regionales o imposición de zonas de exclusión aérea para proteger áreas de protesta.

Las opciones militares retomaron lo ocurrido en 2025: ataques aéreos de gran escala contra bases del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica o instalaciones de misiles. En 2025, ese tipo de golpes utilizó bombas penetrantes contra búnkeres. Especialistas señalaron que un escenario similar reduciría capacidades defensivas iraníes sin desplegar tropas terrestres. Irán mantuvo una doctrina de represalia con misiles balísticos con alcance hacia bases estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
En 2020, tras la muerte de Soleimani, Irán mostró esa capacidad con ataques contra bases en Irak y precisión limitada: causó heridos y evitó muertes masivas, lo que sugirió un cálculo para evitar una invasión total. En 2025, la respuesta a los ataques contra sitios nucleares se limitó a un lanzamiento contra Al Udeid y a un cese al fuego posterior. El patrón persistió: acciones o amenazas estadounidenses provocaron respuestas verbales y preparativos defensivos mientras ambas partes evitaron un compromiso terrestre prolongado.
