Donald Trump, presidente de Estados Unidos, considera ordenar ataques militares contra Irán como respuesta a la represión ejercida por Teherán frente a protestas antigubernamentales iniciadas a finales de diciembre de 2025. Organizaciones no gubernamentales de derechos humanos atribuyen al menos 538 muertes a la actuación de las autoridades.
En la Casa Blanca, el vicepresidente JD Vance lidera a altos funcionarios que impulsan conversaciones diplomáticas antes de cualquier acción armada. Irán propuso abrir diálogos sobre su programa nuclear, iniciativa conocida por Washington a través de un informe de The Wall Street Journal fechado el 12 de enero de 2026.
Las manifestaciones surgieron en Teherán y se expandieron a otras ciudades tras el agravamiento de la crisis económica y el desplome del rial. Los participantes exigen cambios políticos y mejoras sociales, reto considerado el mayor para el régimen desde la Revolución Islámica de 1979 del país.
Las fuerzas de seguridad respondieron con represión severa, incluido el uso de fuego real, según Amnistía Internacional e Iran Human Rights. Esta última elevó el balance a 648 muertos el 12 de enero de 2026, mientras otra entidad contabilizó 544 muertes y más de 10.600 detenciones.
El gobierno iraní aplicó además un apagón digital nacional superior a cuarenta y ocho horas en varias regiones, restricción que limitó la información disponible y facilitó la ocultación de episodios violentos. El ayatolá Alí Jamenei calificó a los participantes como “vándalos” instigados por Estados Unidos e Israel.
Su asesor Alí Larijani sostuvo que Irán enfrenta una “guerra plena” dirigida desde el exterior, mientras el presidente Masoud Pezeshkian afirmó que las tácticas estadounidenses no surtirán efecto. Según su mensaje, la población respaldará al sistema con mayor firmeza frente a la presión internacional actual.
Trump reaccionó con advertencias públicas. En Truth Social, el 11 de enero de 2026, afirmó que Irán observa la libertad “quizá como nunca antes” y que Estados Unidos está listo para ayudar a los manifestantes. Advirtió: “más les vale que no empiecen a disparar, porque nosotros también comenzaremos a disparar”.
Fuentes estadounidenses confirmaron debates iniciales sobre respuestas militares, entre ellas un ataque aéreo amplio contra instalaciones clave iraníes. No existen movimientos de personal ni equipos que indiquen un asalto inmediato, y el presidente aún no adoptó una decisión final sobre el uso de la fuerza.
Vance y otros cargos defienden priorizar la diplomacia y evaluar la oferta iraní sobre el programa nuclear. Admiten que Irán representa una amenaza y no descartan bombardeos tras un fracaso del diálogo. El canciller Abás Araqchi afirmó el 12 de enero que la situación interna quedó estabilizada.
Las reuniones de seguridad nacional integran datos sobre represión e inteligencia nuclear, con presión internacional creciente documentada por la ONU. Persisten protestas nocturnas pese a la censura digital. Washington considera reacciones regionales, con apoyo israelí a frenar capacidades atómicas, mientras Irán convocó marchas y continúan detenciones en Juzestán y Kurdistán.
