Autoridades chinas comunicaron a compañías nacionales la instrucción de abandonar programas de ciberseguridad creados por cerca de una docena de firmas de Estados Unidos e Israel. Dos personas conocedoras del proceso indicaron que la decisión responde a consideraciones de seguridad nacional.
El aumento de fricciones comerciales y diplomáticas entre China y Estados Unidos, junto con la disputa por el liderazgo tecnológico, llevó a Pekín a acelerar la sustitución de herramientas occidentales por desarrollos locales, con el objetivo de reducir dependencias externas en sectores considerados estratégicos.
Entre las empresas estadounidenses afectadas figuran VMware, propiedad de Broadcom, Palo Alto Networks y Fortinet. Del lado israelí aparece Check Point Software Technologies. Las fuentes precisaron estos nombres al describir el alcance de la directiva comunicada a actores del mercado chino.
Reuters no logró establecer cuántas compañías chinas recibieron el aviso. Según las mismas fuentes, la comunicación se distribuyó en fechas recientes, aunque sin un anuncio público que delimitara su aplicación sectorial o fijara plazos concretos para el reemplazo tecnológico.
Funcionarios expresaron inquietud por la posibilidad de que el software recolecte y envíe información sensible fuera del país. Las personas consultadas rechazaron revelar su identidad, al considerar que el asunto presenta alta sensibilidad política y regulatoria en el actual contexto bilateral.
La Administración del Ciberespacio de China y el Ministerio de Industria y Tecnología de la Información no respondieron a las solicitudes de comentario al cierre. Tampoco contestaron las cuatro empresas mencionadas a las consultas formuladas por Reuters sobre la medida.
Estados Unidos y China, inmersos en una tregua comercial incómoda, preparan una visita del presidente estadounidense Donald Trump a Pekín en abril. Incluso antes de su retorno al poder a comienzos del año pasado, la política sobre proveedores extranjeros de ciberseguridad ya mostraba fricciones persistentes.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, señala mientras aborda el Air Force One para un viaje a Detroit, 13 de enero de 2026, en la Base Conjunta Andrews, Maryland. (AP Photo/Evan Vucci) Analistas chinos señalan que el impulso occidental a semiconductores e inteligencia artificial elevó la desconfianza sobre equipos foráneos y riesgos de intrusión.
En respuesta, Pekín promovió el reemplazo de hardware informático occidental y programas de procesamiento de textos. Entre los principales proveedores locales de ciberseguridad destacan 360 Security Technology y Neusoft, que ocupan espacios antes dominados por firmas extranjeras.
Varias compañías estadounidenses e israelíes sujetas a la prohibición denunciaron en repetidas ocasiones actividades de piratería informática chinas, acusaciones rechazadas por Pekín. El mes pasado, Check Point difundió un informe sobre un presunto ataque contra una “oficina gubernamental europea”.
En septiembre, Palo Alto publicó un documento que atribuyó a actores chinos un intento de intrusión dirigido a diplomáticos en distintos países. A pesar de las tensiones, estas empresas construyeron una presencia relevante en China a lo largo de los años.
Fortinet mantiene tres oficinas en la China continental y una en Hong Kong. Check Point enumera direcciones de soporte en Shanghái y Hong Kong. Broadcom registra seis ubicaciones en China, mientras Palo Alto señala cinco oficinas locales, incluida una en Macao.
Analistas explican que las firmas de ciberseguridad suelen emplear personal con experiencia en inteligencia, colaboran con estamentos de defensa y ofrecen software con acceso amplio a redes y dispositivos, factores que, en teoría, facilitan espionaje o sabotaje.
Israel también muestra recelos frente a la tecnología china. El año pasado, las Fuerzas de Defensa de Israel vetaron la entrada de vehículos chinos en bases militares por temor a la captación de inteligencia. Posteriormente, el ejército amplió restricciones a oficiales superiores.
