Las protestas contra la teocracia iraní mostraron signos de agotamiento tras una semana de aislamiento y represión del régimen que dejó miles de muertos.
Calma impuesta tras violencia, detenciones masivas y aislamiento digital
Las movilizaciones en todo Irán contra el sistema teocrático mostraron signos de agotamiento una semana después de que el poder aisló al país del exterior y endureció una represión violenta que, según activistas, causó miles de muertes. Gobiernos de la región pidieron estabilidad y, según fuentes, los disturbios alcanzaron niveles no vistos desde la Revolución Islámica de 1979, en un contexto marcado por un prolongado bloqueo de internet que dificultó acceso y verificación de datos.
En Teherán, testigos describieron mañanas sin restos de hogueras nocturnas ni escombros en las calles. Los disparos, frecuentes durante varias noches consecutivas, dejaron de escucharse, lo que reforzó la impresión de una calma impuesta tras días de violencia. Esa percepción se extendió mientras el país permaneció con severas restricciones de conectividad y con barrios que habían mostrado protestas intensas bajo vigilancia reforzada por fuerzas de seguridad en jornadas urbanas recientes.
Al mismo tiempo, medios oficiales informaron de sucesivas oleadas de detenciones ejecutadas por las autoridades. Las operaciones se dirigieron contra personas calificadas como “terroristas” y también incluyeron búsquedas de antenas de internet satelital Starlink, consideradas la única vía para enviar imágenes y videos al exterior, según activistas. La eliminación de esos equipos pretendió cortar canales de difusión de contenido desde ciudades con protestas dispersas, pero persistentes, a pesar del temor y la fatiga social.

Desde el 8 de enero, “vimos una guerra en toda regla y cualquiera que haya estado en las concentraciones desde entonces es un criminal”, declaró el ministro de Justicia, Amin Hossein Rahimi, según un reporte de la agencia judicial Mizan. Ese marco justificó arrestos extensivos y un discurso que culpó a opositores de desórdenes generalizados, con promesas de acelerar procesos, al tiempo que las calles mostraron menos enfrentamientos abiertos que en jornadas previas.
Claves del día sobre protestas, represión y respuesta internacional
- Detenciones en oleadas y búsquedas de antenas Starlink para bloquear envíos de imágenes al exterior.
- Prensa estatal informó que Essam Soltani no recibiría pena de muerte.
- Araghchi afirmó ausencia de “ahorcamientos hoy ni mañana” y declaró control total.
- Consejo de Seguridad de la ONU programó reunión de emergencia sobre las protestas.
- Cifras de muertos oscilaron entre menos de 3.000 y más de 12.000, sin verificación independiente.
Señales de freno a ejecuciones y mensajes oficiales contradictorios
El jueves, la prensa estatal informó que Essam Soltani, de 26 años, no sería condenado a muerte, pese a reportes previos. Días antes, la organización Hengaw había indicado que su ejecución ocurriría el miércoles por su participación en protestas en Karaj. Luego, el propio reporte oficial precisó que los cargos de colusión contra la seguridad interna y actividades de propaganda no conllevan la pena capital si un tribunal los confirma.
El ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, aseguró que no habría ningún “ahorcamiento hoy ni mañana”, a pesar de promesas previas de acelerar procesos judiciales contra manifestantes. Añadió que el régimen había recuperado el “control total” de la situación. Sus declaraciones buscaron contrarrestar temores sobre ejecuciones masivas y apuntalar la imagen de estabilidad tras jornadas de violencia y de un bloqueo informativo que afectó la salida de videos y testimonios.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó haber recibido información sobre una reducción de las matanzas y sugirió una pausa en cualquier acción militar. Washington evacuó personal de una base en Qatar bombardeada por Irán el año anterior, según reportes. La combinación de mensajes indicó un compás de espera, con señales de desescalada en el corto plazo mientras persistió la incertidumbre sobre la siguiente respuesta estadounidense desde altos niveles.
En una entrevista con Fox News, Araghchi reiteró que no existía ningún plan para ejecutar personas y afirmó: “no hay ningún plan de ahorcamiento en absoluto”. Sostuvo, sin aportar pruebas, que la violencia alrededor de las protestas obedecía a un complot israelí. Sus palabras contrastaron con el jefe del poder judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, quien reclamó castigos rápidos para más de 18.000 detenidos mediante juicios expeditivos y ejecuciones, en un video difundido por la televisión estatal.
Tensión regional, opciones militares y contactos diplomáticos recientes
Los acontecimientos siguieron a días de especulación sobre un posible ataque estadounidense en respuesta a la muerte de miles de manifestantes. Un informe de NBC señaló que Trump debía recibir diversas opciones militares diseñadas para cumplir objetivos planteados a su equipo de seguridad nacional. Qatar confirmó reducciones en la base aérea de Al Udeid, la mayor instalación estadounidense en Oriente Medio, en paralelo a ajustes de personal en otras posiciones regionales.
Un funcionario de Estados Unidos confirmó la retirada parcial de personal en bases de la región, mientras asesores presidenciales expresaron dudas sobre la capacidad militar desplegada para enfrentar una respuesta iraní. Esas voces tampoco garantizaron una caída inmediata del régimen tras un ataque y, por ello, contemplaron golpes militares iniciales más limitados, con un alcance acotado y con objetivos estratégicos claros que evitaran una escalada prolongada en varios frentes simultáneos.

Las fuentes subrayaron que Trump estaba dispuesto a cumplir su promesa de apoyar a los manifestantes antigubernamentales. “Si hace algo, quiere que sea definitivo”, expresó una persona citada por NBC. Esa postura buscó combinar rapidez y contundencia con un cálculo que evitara compromisos prolongados, en medio de un ambiente regional sensible y con múltiples actores atentos a la evolución de los acontecimientos. Las cancillerías regionales siguieron de cerca el tema.
El Consejo de Seguridad de la ONU programó una reunión de emergencia para ese jueves por pedido de Estados Unidos. En paralelo, el ministro saudí de Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, conversó con Araghchi sobre la situación regional y la estabilidad. Desde Turquía, el canciller Hakan Fidan pidió diálogo para resolver la crisis e insistió en una salida a través de mediadores, otros actores o un contacto directo entre Washington y Teherán.
Cierre del espacio aéreo, rutas desviadas y efectos en mercados globales
Irán cerró su espacio aéreo a vuelos comerciales durante varias horas la noche del miércoles y lo reabrió el jueves por la mañana. Aerolíneas internacionales desviaron rutas alrededor del país hasta el vencimiento del cierre y se reanudaron vuelos nacionales. Al mediodía, la televisión estatal difundió un comunicado de la Autoridad de Aviación Civil que afirmó que los cielos acogían vuelos entrantes y salientes, sin mencionar el cierre previo aplicado horas antes.
La menor probabilidad de un ataque militar contribuyó a retrocesos del petróleo desde máximos recientes y a una baja del oro tras alcanzar un récord. Los movimientos reflejaron expectativas de menor tensión inmediata, aunque persistió un cuadro de riesgo elevado por la situación interna iraní y por señales de posibles represalias si surgía una intervención. Las cotizaciones reaccionaron a mensajes oficiales y a evaluaciones de seguridad difundidas por medios y agencias de la región.

Irán ya había adoptado medidas similares durante la guerra de doce días con Israel y en intercambios de fuego posteriores. El sitio SafeAirspace advirtió que la situación continuaba afectando la aviación comercial y mantenía una alerta para operadores. La evaluación incluyó la posibilidad de mayor actividad de seguridad o militar, con riesgo de lanzamientos de misiles o una defensa antiaérea más intensa en zonas sensibles del país y en corredores cercanos.
Varias aerolíneas redujeron o suspendieron servicios y la mayoría evitó el espacio aéreo iraní. La situación señaló una mayor actividad de seguridad o militar, con un posible aumento del uso de defensas antiaéreas. Ese cuadro elevó el riesgo de identificación errónea del tráfico civil y sumó incertidumbre operativa para tripulaciones y controladores, hasta que los avisos a pilotos indicaron normalización parcial y gradual y reanudación posterior de rutas con desvíos prudenciales.
