Desde la Knéset, el primer ministro vinculó la crisis interna iraní con la disuasión regional y prometió represalias severas ante cualquier agresión directa de Teherán.
Protestas, represión y cifras en disputa en la crisis iraní actual
A finales de diciembre de 2025, un deterioro económico acelerado impulsó protestas que se extendieron a universidades y comercios. Reuters informó el 30 de diciembre que el gobierno iraní ofreció diálogo mientras el malestar crecía; en paralelo, la moneda se desplomó en el mercado paralelo hasta aproximarse a 1,4 millones de riales por dólar, un mínimo histórico citado por plataformas privadas, en un país sometido a sanciones y con inflación elevada según cifras oficiales.
Los días posteriores exhibieron un patrón ya conocido: restricciones de comunicaciones, denuncias de violencia letal y versiones divergentes sobre víctimas y detenidos. El 19 de enero de 2026, Reuters reportó que Irán estudiaba levantar en “unos días” el apagón de internet impuesto durante la represión; el cable describió el hackeo de la televisión estatal, que emitió mensajes de Donald Trump y de Reza Pahlavi, mientras parlamentarios discutían restablecer el servicio cuando las condiciones lo permitieran.
El conteo de muertos generó fricción informativa. Un funcionario iraní, citado por Reuters, afirmó que las autoridades habían verificado al menos 5.000 muertos, entre ellos unos 500 miembros de las fuerzas de seguridad, y atribuyó las muertes a “terroristas y alborotadores armados”, con choques duros en zonas kurdas del noroeste. La organización HRANA situó el balance en 3.308 muertos y reportó más de 24.000 arrestos, con miles de casos bajo revisión.

En la narrativa oficial, la protesta y la violencia se vincularon con enemigos externos, entre ellos Israel. Reuters consignó que el funcionario sostuvo que “Israel y grupos armados en el extranjero” apoyaron y equiparon a los manifestantes; en otro despacho del 19 de enero, la televisión estatal anunció detenciones de presuntos “agentes” de “grupos terroristas israelíes”. Ese marco se ajustó a una pauta histórica y coincidió con el antecedente de guerra abierta en el verano anterior.
Claves numéricas y medidas reportadas por fuentes citadas
- El rial rondó 1,4 millones por dólar en el mercado paralelo, con un mínimo histórico según plataformas privadas de cambio.
- Las autoridades verificaron al menos 5.000 muertos, entre ellos unos 500 de las fuerzas de seguridad, según un funcionario citado por Reuters.
- HRANA reportó 3.308 muertos, más de 24.000 arrestos y miles de casos bajo revisión.
- Irán evaluó levantar el apagón de internet en “unos días”, de acuerdo con Reuters.
- La televisión estatal sufrió un hackeo y difundió mensajes de Donald Trump y Reza Pahlavi.
Un discurso que enlaza la crisis iraní con la disuasión de Israel
El 19 de enero de 2026, desde la Knéset en Jerusalén, Benjamin Netanyahu unió la inestabilidad interna de Irán y el riesgo de una confrontación directa con Israel. Afirmó que Israel observa de cerca los sucesos al otro lado de la frontera y elogió la “heroica lucha” del pueblo iraní contra su régimen. Añadió una advertencia explícita: “Si Irán comete el error de atacarnos, actuaremos con una fuerza que Irán aún no ha conocido”.
La declaración llegó cuando las autoridades iraníes enfrentaban la crisis interna más grave en décadas y persistían preguntas sobre el estado del programa nuclear tras los bombardeos del año anterior. La frase, concebida como promesa de represalia, se insertó en una secuencia de mensajes israelíes que combinaron respaldo a manifestantes iraníes y disuasión militar, en un contexto marcado por doce días de guerra en junio de 2025 y por participación estadounidense en ataques contra instalaciones nucleares.

El mensaje unió respaldo verbal a la oposición iraní sin prometer intervención directa, y reafirmó una doctrina de disuasión basada en la capacidad de golpear. Netanyahu afirmó que Israel no permitiría la reconstrucción de la industria de misiles balísticos ni la reanudación de un programa nuclear dañado, con exigencias de “cero capacidad” de enriquecimiento y supervisión continua tras contactos con Washington, según medios internacionales y una nota de Euronews del 5 de enero de 2026.
El tono endurecido convivió con señales de contención por canales indirectos. The Washington Post informó el 14 de enero de 2026 sobre mensajes intercambiados a través de Rusia, mediante los cuales Israel e Irán se aseguraron evitar el inicio de ataques mientras no recibieran golpes. Ese marco de cautela se superpuso a advertencias públicas como la de la Knéset, concebidas para sostener la disuasión sin detallar umbrales operativos verificables.
Guerra de 2025 y la incógnita nuclear que persiste en 2026 según OIEA
El antecedente inmediato fue la guerra de junio de 2025. Reuters documentó que el enfrentamiento comenzó cuando Israel atacó objetivos militares y nucleares en Irán, y que Estados Unidos se sumó brevemente con golpes contra instalaciones nucleares. Irán respondió con salvas de misiles contra Israel y contra una base aérea estadounidense en Qatar, según el mismo relato, lo que dejó una estela de advertencias cruzadas en la región.
Un “explicador” de Reuters del 16 de enero de 2026 situó el foco en el programa nuclear: los ataques de 2025 alcanzaron las tres plantas de enriquecimiento —dos en Natanz y la instalación subterránea de Fordo— y el complejo de Isfahán vinculado al ciclo del combustible. El Organismo Internacional de Energía Atómica no ha recibido acceso a Natanz ni a Fordo desde los bombardeos, lo que limita la evaluación independiente del daño y del paradero del material.

Según ese material, el OIEA estimó que, al inicio de los ataques, Irán tenía 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, un nivel cercano al grado militar, y que esa cantidad resultaría suficiente en teoría para unas diez armas si alcanzara mayor enriquecimiento. El organismo indicó que no observaba señales de un programa coordinado de armas antes de los ataques, y Teherán negó buscar armamento nuclear.
En enero, Netanyahu reiteró una posición alineada con Washington: Israel no permitiría que Irán reconstruyera su industria de misiles balísticos ni reanudara un programa nuclear “significativamente dañado”. Además, ambos países exigieron un esquema de “cero capacidad” de enriquecimiento con supervisión continua, según reportó Euronews el 5 de enero de 2026, en paralelo con las protestas por inflación y coste de vida dentro de Irán.
Coordinación con Estados Unidos y señales de contención indirecta
El 11 de enero de 2026, Reuters indicó que Israel se mantenía en “máxima alerta” ante la posibilidad de una intervención estadounidense. Tres fuentes israelíes presentes en consultas de seguridad describieron esa preparación, y el despacho señaló una llamada entre Netanyahu y el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, durante la cual, según una fuente israelí, abordaron la posibilidad de intervención.
Associated Press informó que el ejército israelí describió la protesta como asunto interno iraní y que no había nuevas directrices civiles para acudir a refugios por amenaza de misiles. Las fuerzas se declaraban equipadas para responder con fuerza si resultaba necesario. En el mismo texto, AP recogió advertencias, incluido un mensaje del presidente del Parlamento iraní de que Israel y el ejército estadounidense serían objetivos legítimos si Estados Unidos atacaba.

El cálculo israelí proyectó la crisis iraní sobre un riesgo de escalada regional, en especial si Estados Unidos optaba por una intervención directa o si Teherán abría un frente exterior para desviar el foco interno. La advertencia de “fuerza” buscó sostener la disuasión en ese escenario de incertidumbre, sin plantear compromisos de intervención dentro de Irán.
Israel e Irán transmitieron, a través de Rusia, que evitarían iniciar ataques mientras no sufrieran uno, según The Washington Post. Esa cautela coexistió con amenazas públicas y con cálculos para impedir que la crisis interna iraní desembocara en un choque mayor, incluso cuando los discursos oficiales insistieron en la disponibilidad de represalias severas.
Uso interno del tema iraní y tensiones políticas en Israel en 2026
Netanyahu llevó la violencia interna iraní al debate político doméstico. En la Knéset, respondió a quienes lo tildan de “dictador” con la afirmación de que deberían avergonzarse de usar ese término frente a la “matanza” que, según su formulación, los gobernantes iraníes infligen a su población. Colocó así su posicionamiento en contraste con la represión dentro de Irán, con un énfasis moral que reforzó su narrativa.
El primer ministro llegó a 2026 con frentes internos abiertos: presiones por una investigación de los fallos del 7 de octubre de 2023, tensiones de coalición acerca del reclutamiento y la legislación de exenciones, y su proceso judicial por corrupción. Reuters analizó ese panorama político y planteó la posibilidad de elecciones anticipadas vinculadas al presupuesto y a la estabilidad parlamentaria.

En este encuadre, la frase de Netanyahu resumió un doble registro: respaldo verbal a una oposición iraní sin prometer intervención directa y reafirmación de una disuasión basada en capacidad de golpe. Se pronunció después de un precedente de ataques a gran escala dentro de Irán, con el OIEA aún sin acceso a instalaciones clave y con Teherán que atribuyó el estallido interno a enemigos exteriores, entre ellos Israel.
A la fecha del discurso, los hechos verificables mostraban un terreno abierto: Irán estudiaba restablecer internet tras un apagón aplicado durante una represión con al menos 5.000 muertos según un conteo oficial citado por Reuters, mientras organizaciones de derechos reportaban cifras menores y más de 24.000 arrestos; Israel declaraba monitoreo estrecho e integraba la crisis en su marco de amenaza nuclear y misilística; y el OIEA seguía sin acceso a instalaciones bombardeadas.
