Expertos advierten que inestabilidad y represión en Irán elevan riesgos de proliferación, mientras el OIEA reporta pérdida de control y dudas sobre uranio enriquecido.
Escalada política, protestas y movimientos militares en la región
El aumento de fricciones entre Estados Unidos e Irán, a raíz de la represión de Teherán contra las protestas, llevó a expertos a alertar sobre peligros vinculados a la proliferación nuclear en medio de mayor presión política y social. La inestabilidad que afecta a la teocracia iraní abrió dudas sobre la protección de materiales sensibles y sobre posibles desvíos. Analistas destacaron que el deterioro del control interno suele amplificar riesgos estratégicos y operativos con impactos regionales.
Aunque en días recientes Donald Trump pareció descartar una acción militar, el sábado exigió el fin de casi cuatro décadas de mandato del ayatolá Alí Jamenei, lo que marcó un giro retórico y endureció el cruce verbal. Las palabras siguieron a acusaciones de Jamenei, quien lo llamó “criminal” por respaldar a los manifestantes y atribuyó a estos miles de muertes. El intercambio elevó la tensión durante represión y protestas que mantienen movilizados a sectores del país.
En paralelo, un portaaviones de Estados Unidos que operó días antes en el mar de China Meridional hizo una escala nocturna en Singapur y después avanzó hacia el estrecho de Malaca, con una trayectoria que podría conducirlo al Oriente Medio. El movimiento añadió una dimensión militar al pulso diplomático y político. La presencia naval suele funcionar como señal de presión y de apoyo disuasivo en escenarios tensos, según valoraciones de especialistas sobre despliegues recientes.

Ante ese panorama, especialistas advirtieron sobre riesgos directos para el material nuclear iraní. David Albright, exinspector en Irak y fundador del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional, señaló que un desorden interno podría llevar al gobierno a perder la capacidad de proteger sus activos nucleares. A su juicio, la reserva de uranio altamente enriquecido representa la mayor preocupación, con posibilidad de sustracciones si la custodia estatal se debilita significativamente durante fases de crisis.
Datos clave y cifras verificadas sobre el programa y su control
- Irán posee 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, según el OIEA.
- El OIEA no verificó estado ni localización de esa reserva desde la guerra de junio.
- La agencia reportó pérdida de continuidad del conocimiento sobre inventarios declarados.
- El material cabría en 18 a 20 cilindros de unos 50 kg; dos personas pueden cargar cada contenedor.
- En caso de accidente grave en Bushehr, vientos llevarían precipitación a EAU, Arabia Saudí y Omán en 12 a 15 horas.
Supervisión del OIEA y antecedentes sobre material nuclear extraviado
De acuerdo con el Organismo Internacional de Energía Atómica, Irán posee 440,9 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza, un nivel cercano al umbral técnico del 90% requerido para uso armamentístico. El organismo, con sede en Viena y con funciones de supervisor nuclear de la ONU, subrayó que ese inventario plantea inquietudes en un entorno interno frágil que somete a prueba los mecanismos de control sobre materiales estratégicos y sensibles.
En un informe de noviembre, el OIEA indicó que no logró verificar el estado ni la localización de la reserva de uranio altamente enriquecido desde la guerra de junio. Además, el organismo afirmó haber perdido la “continuidad del conocimiento” sobre inventarios previamente declarados en instalaciones afectadas por la guerra. Un diplomático cercano a la agencia confirmó el lunes que Irán no entregó información sobre el estado o el paradero de esa reserva.

Hasta el momento, Irán conservó el control de sus instalaciones nucleares, incluso después de ataques de Estados Unidos durante la guerra de doce días de junio iniciada por Israel contra la República Islámica, según las evaluaciones disponibles. Esa capacidad de mando y control resultó clave para resguardar infraestructura crítica y materiales sensibles. Sin embargo, diversos especialistas señalaron vulnerabilidades que aparecerían si la situación política interna sufre un deterioro abrupto y prolongado.
La historia ofrece antecedentes útiles. Tras la disolución de la Unión Soviética en 1991, cantidades de uranio altamente enriquecido y plutonio aptos para armas se extraviaron por el deterioro de sistemas de seguridad y de protección de recursos estratégicos. Ese episodio ilustró cómo una transición política y administrativa debilitó controles y abrió oportunidades de desvío, un paralelo que varios analistas citan para evaluar escenarios de inestabilidad y de estrés institucional en Irán.
Capacidades, accesos y escenarios de uso o desviación del uranio iraní
Kelsey Davenport, directora de política de no proliferación de la Asociación para el Control de Armas, advirtió que la reserva podría desviarse a un programa encubierto o quedar bajo control de una facción estatal o militar que busque conservar una opción de militarización. Según su análisis, ese peligro aumentaría si el gobierno percibe amenazas más severas o atraviesa procesos de desestabilización interna que reduzcan supervisión y control en ámbitos clave.
También señaló que parte del material nuclear podría salir clandestinamente de Irán o venderse a actores no estatales en un escenario de caos interno o colapso gubernamental. Aclaró que el riesgo existe, pero resulta difícil de evaluar por las incógnitas sobre el estado y el paradero de los materiales. El informe de noviembre del OIEA agravó esa incertidumbre.

Albright detalló dimensiones logísticas de la reserva: el uranio altamente enriquecido cabría en unos dieciocho a veinte cilindros de transporte, cada uno con un peso aproximado de cincuenta kilogramos cuando está lleno. Según su explicación, dos personas pueden cargar cada contenedor con relativa facilidad. Ese dato nutre preocupaciones sobre vulnerabilidades de custodia si se debilitan barreras físicas, controles de acceso y capacidad de respuesta en instalaciones nucleares clave del programa iraní.
Eric Brewer, exanalista de inteligencia y vicepresidente adjunto de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear, explicó que un arma basada en uranio al 60% requeriría mayor cantidad de material, con un diseño más grande y voluminoso, probablemente poco adecuado para su entrega mediante misiles. Aun así, un dispositivo de ese tipo podría detonarse en el desierto. Afirmó que la opción no debe descartarse por completo, aunque enfrenta limitaciones técnicas evidentes.
Infraestructura civil, disuasión y riesgos de sabotaje en Bushehr
Brewer añadió que, según la información disponible, el uranio altamente enriquecido permanece enterrado en un túnel como resultado de ataques de Estados Unidos y probablemente no sea fácilmente accesible para el régimen. El acceso implicaría alto riesgo de detección y de nuevos ataques por parte de Estados Unidos o Israel, un factor disuasorio adicional frente a una eventual militarización del programa, en el escenario actual y de presión política sostenida.
Asimismo, Brewer sostuvo que los acontecimientos recientes demostraron que el líder supremo mantiene un umbral muy alto para cualquier decisión de militarizar. Esa cautela estratégica sugiere que Teherán prioriza el control interno y la supervivencia del régimen por encima de pasos irreversibles, incluso bajo presión. El cálculo de costos y beneficios pesa sobre cualquier movimiento que acerque el programa al uso armamentístico explícito en el corto plazo y bajo presión externa.

En un escenario de caos, el reactor nuclear de Bushehr, la única central comercial de Irán, podría convertirse en objetivo de sabotaje o ataques con fines de desestabilización política, según Albright. La planta opera con uranio suministrado por Rusia y no con material producido en Irán, lo que reduce ciertos riesgos sin eliminarlos. Por ahora, no existen indicios de pérdida de mando y control de las fuerzas de seguridad nacionales.
Albright recordó el ataque del brazo armado del Congreso Nacional Africano contra la central de Koeberg, cerca de Ciudad del Cabo, en 1982, durante el aumento de la resistencia contra el apartheid. El sabotaje causó daños relevantes sin precipitación nuclear. Advirtió que, si Bushehr sufriera un accidente grave, los vientos llevarían la precipitación radiactiva en doce a quince horas a Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Omán, en la región del Golfo.
