El presidente de Estados Unidos pide planes “decisivos” contra Irán, eleva el despliegue regional y mantiene opciones que van de ataques limitados a operaciones amplias.
Presión de Trump y despliegue militar de Estados Unidos en Oriente Medio
En enero de 2026, Donald Trump insistió ante sus asesores en propuestas militares que definió como “decisivas” contra la República Islámica de Irán, según funcionarios estadounidenses citados por The Wall Street Journal. En paralelo, Estados Unidos elevó su presencia en Oriente Medio con un portaaviones y aviones de combate, lo que aumentó capacidades operativas ante una intervención. A pesar de esa postura, hasta la fecha no existe una orden de acción ni un calendario para operaciones.
El contexto inmediato se ubicó a finales de diciembre de 2025, cuando protestas generalizadas siguieron al colapso económico. El rial sufrió una devaluación drástica, agravada por sanciones y por una inflación superior al 50 por ciento, según organismos internacionales. Las primeras demandas exigieron subsidios y estabilidad de precios; después surgieron reclamos políticos más amplios, incluida la disolución del régimen teocrático. Human Rights Watch y Amnistía Internacional registraron acciones en más de 150 ciudades y sectores diversos.
Desde el 2 de enero de 2026, fuerzas de seguridad, entre ellas el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, intensificaron la represión. HRANA reportó al menos 2.615 muertes en las primeras semanas. El embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, citó evaluaciones que elevaron la cifra a 18.000, sin verificación independiente. El 8 de enero, un apagón de telecomunicaciones restringió telefonía e internet. Testigos relataron disparos indiscriminados, uso de gases lacrimógenos y detenciones masivas.

El liderazgo iraní atribuyó las manifestaciones a injerencias extranjeras. El ayatolá Alí Jamenei calificó a los manifestantes de “vándalos” que complacen a potencias externas, según IRNA el 11 de enero. Masoud Pezeshkian advirtió que cualquier agresión contra el Líder Supremo equivalía a una “guerra total”. El 13 de enero, el Ministerio de Asuntos Exteriores remitió al Consejo de Seguridad la carta S/2026/29, con acusaciones de violación de los artículos 2(4) y 2(7) de la Carta.
Claves operativas y diplomáticas del momento
- El 18 de enero, F-15E aterrizaron en Jordania, según el Departamento de Defensa.
- El grupo de ataque del USS Abraham Lincoln se dirigió al Golfo Pérsico con F-35 y aeronaves de interferencia electrónica.
- Estados Unidos envió sistemas de defensa antiaérea Patriot y THAAD para mitigar represalias.
- Irán remitió la carta S/2026/29 y denunció violaciones de la Carta de la ONU.
- Trump afirmó la suspensión de 837 ejecuciones y la vinculó a advertencias estadounidenses.
Intervención y mensajes de Trump en medio de protestas y represión
El 2 de enero, Trump afirmó en Truth Social que Estados Unidos estaba “listo y cargado” para intervenir si Irán mataba a manifestantes pacíficos. Funcionarios citados por CNN y Reuters sostuvieron que esa advertencia se basó en inteligencia que señalaba planes de ejecuciones masivas. El 13 de enero, Trump instó a los iraníes a continuar las protestas y a tomar control de sus instituciones, y añadió que la ayuda estaba en camino, sin ofrecer detalles adicionales.

Esas declaraciones generaron expectativas entre manifestantes y activistas en el exilio. The Guardian y PBS documentaron testimonios que describieron esperanzas de una acción estadounidense capaz de modificar el equilibrio político frente al régimen. Sin embargo, no existió un compromiso público sobre plazos o alcance. El 14 de enero, Trump anunció que Irán había suspendido al menos 837 ejecuciones, un dato que la secretaria de prensa Karoline Leavitt corroboró sin divulgar fuentes específicas.
Esa pausa coincidió con la reapertura del espacio aéreo iraní el 15 de enero, según Al Jazeera, y con señales de disposición al diálogo por parte de Teherán. Abbas Araghchi indicó que Irán se mostraba preparado para negociaciones con igualdad de derechos y respeto mutuo. Además, continuaron las comunicaciones con el enviado especial estadounidense para Oriente Medio, Steve Witkoff, de acuerdo con las versiones oficiales difundidas tras los contactos diplomáticos de esos días.
En ese marco, The Wall Street Journal informó que Trump recalcó de manera reiterada la necesidad de opciones “decisivas” ante sus asesores del Pentágono y de la Casa Blanca. Los planes en discusión abarcaron ataques limitados a instalaciones del Cuerpo de Guardianes y operaciones más amplias capaces de debilitar o derrocar al régimen. Las deliberaciones continuaron mientras Washington ampliaba su postura militar con nuevos activos en la región durante esos días.
Alcance del despliegue estadounidense y límites de opciones militares

El 18 de enero, aviones de combate F-15E aterrizaron en Jordania, según el Departamento de Defensa. En paralelo, el grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln se dirigió al Golfo Pérsico con destructores, aviones F-35 y aeronaves de interferencia electrónica. Estados Unidos también envió sistemas de defensa antiaérea Patriot y THAAD para mitigar posibles represalias iraníes. Ese conjunto de movimientos incrementó capacidades, pero no implicó una orden ejecutiva que autorizara operaciones.
Especialistas advirtieron sobre límites estructurales en contextos de represión interna. El general retirado David Deptula sostuvo, citado por The Wall Street Journal, que las opciones militares permiten disuadir conductas en márgenes acotados, pero un cambio de régimen requeriría operaciones aéreas y terrestres significativas. Esa evaluación introdujo cautela sobre la viabilidad de planes maximalistas y sobre el riesgo de escaladas con costos políticos y humanitarios difíciles de absorber por aliados regionales y por Washington.
El secretario de Defensa, Pete Hegseth, subrayó en declaraciones públicas que Estados Unidos evita el intervencionismo indefinido o el cambio de régimen, en sintonía con el discurso inaugural de Trump, que priorizaba evitar guerras. Ese enfoque, declarado por la jefatura civil del Pentágono, buscó contener presiones para operaciones extensas, aunque dejó abiertas opciones que apuntan a castigar unidades del Cuerpo de Guardianes y a reducir capacidades que sostienen la represión contra manifestantes.
En paralelo, el Tesoro, bajo la dirección de Scott Bessent, aumentó la presión económica. El 12 de enero, Trump impuso un arancel del 25 por ciento a cualquier país con negocios con Irán. El 15 de enero, el Departamento del Tesoro sancionó a cinco funcionarios iraníes vinculados a la represión. Según la versión oficial, la presión financiera funcionó porque en diciembre la economía colapsó, un factor que contribuyó a las protestas iniciales en múltiples ciudades.
Balance al 20 de enero y riesgos sin plan de gobernabilidad posterior

Hasta el 20 de enero de 2026, la situación en Irán mostró signos de estabilización bajo medidas de seguridad intensas. Las protestas disminuyeron en intensidad tras la represión, según ABC News y NPR, aunque activistas describieron una pausa con detenciones selectivas en curso. En Washington, las deliberaciones se mantuvieron abiertas y el despliegue militar preservó la posibilidad de una acción, sin un anuncio que esclareciera objetivos, umbrales de uso de la fuerza o calendarios operativos verificables.
La divergencia en las estimaciones de víctimas reforzó la complejidad informativa. HRANA reportó 2.615 muertes y 10.600 detenciones, mientras activistas citados por BBC y NPR sostuvieron que los totales podrían ser superiores. El apagón informativo aplicado por Teherán impidió confirmaciones y retrasó verificaciones independientes. En paralelo, el Grupo de los Siete y la Unión Europea anunciaron el 15 de enero que evaluarían sanciones adicionales en respuesta a la represión y al deterioro de las libertades civiles.
En el Consejo de Seguridad de la ONU no se convocó sesión específica sobre las protestas, aunque la carta iraní del 13 de enero solicitó la condena de las “incitaciones a la violencia” atribuidas a Estados Unidos. Esa vía multilateral mantuvo el expediente en discusión, pero sin resoluciones formales. Hasta ese momento, persistió una disputa de narrativas sobre responsabilidades, proporcionalidad del uso de la fuerza y vías admisibles de presión bajo la Carta de la ONU.
Funcionarios estadounidenses advirtieron la ausencia de un plan claro para la gobernabilidad posterior a un eventual cambio de régimen en Irán. Informes del Congreso, como el del Servicio de Investigación del Congreso IF13153, alertaron sobre consecuencias no intencionadas de una intervención. En conjunto, los activos militares mantuvieron su despliegue y persistió la incertidumbre. No apareció una resolución verificable a corto plazo ni un consenso internacional sobre costos, objetivos y límites para el uso de la fuerza.
