Las inversiones en bonos del gobierno de Israel han pasado a ser un punto de quiebre entre el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, y el contralor municipal, Mark Levine, al poner en primer plano discrepancias de fondo sobre el uso financiero y el significado político de estos instrumentos.
La diferencia no es nueva, pero quedó expuesta esta semana cuando ambos fijaron posición en declaraciones separadas, pocas semanas después de asumir formalmente sus cargos. El contraste cristalizó un desacuerdo que venía gestándose desde antes.
Mamdani es un anti-sionista de extrema izquierda. Levine, en cambio, es un judío de perfil centrista que suele dirigirse en hebreo a audiencias de la comunidad judía. Como contralor, ocupa el segundo cargo en jerarquía dentro del gobierno municipal y tiene a su cargo la supervisión financiera de la ciudad.
La semana pasada, Levine anunció que prevé reanudar la inversión de los fondos de pensiones municipales en bonos israelíes, después de que su antecesor, Brad Lander, decidiera no reinvertir cuando esos títulos llegaron a su vencimiento.
“Los bonos israelíes habían formado parte de la cartera durante décadas”, afirmó Levine en una entrevista reciente con The City. Según explicó, la ciudad mantuvo bonos de Israel desde la década de 1970.
En otras apariciones públicas, Levine defendió esas inversiones y sostuvo que se trata de instrumentos sólidos, con rendimientos constantes para la ciudad a lo largo de muchos años.
Mamdani, que en el pasado respaldó el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel, expresó su rechazo a la posición de Levine durante una conferencia de prensa realizada el miércoles.
“No creo que debamos comprar bonos de Israel”, dijo Mamdani. “No compramos bonos de la deuda de ningún otro país soberano, y el contralor ha dejado clara su posición. Yo mantengo la mía”.
Pese a que ambos han manifestado voluntad de cooperación y coinciden en otros temas —y aunque Levine apoyó la campaña de Mamdani en las primarias—, la cuestión de los bonos israelíes amenaza con derivar en un choque político. Ambos asumieron sus funciones el 1 de enero.
El contralor es el principal responsable financiero de la ciudad. Entre sus atribuciones figuran la auditoría de agencias municipales, la administración de los fondos de pensiones, la revisión de contratos y el control presupuestario. Dirige un equipo de unos 800 empleados y puede operar como contrapeso del alcalde.
La mayoría de los bonos israelíes ofrece rendimientos cercanos al cinco por ciento, y algunos superan la rentabilidad de instrumentos comparables del Tesoro de Estados Unidos, según datos citados en el debate.
La controversia actual invierte el esquema de tensiones de la administración anterior, cuando el contralor se oponía a estas inversiones y el alcalde defendía su continuidad.
Cuando Lander resolvió no reinvertir tras el vencimiento de los bonos, el entonces alcalde Eric Adams sostuvo una disputa pública con su contralor y lo acusó de señalar deliberadamente a Israel. Lander rechazó esa acusación y afirmó que la decisión se basó en criterios técnicos.
Para refutar la idea de un boicot, Lander señaló que la ciudad mantenía otros activos israelíes por más de $300 millones y reiteró que no invertía en bonos de ningún otro país soberano.
Lander, judío y ubicado políticamente a la izquierda de Adams, contrastaba con el exalcalde, quien se ha definido como un firme defensor de Israel.
Al asumir en enero de 2022, Lander informó que la ciudad poseía más de $39 millones en bonos israelíes. Esos títulos vencieron al año siguiente y no fueron renovados.
A junio, los fondos de pensiones municipales administraban activos por más de $294.000 millones, lo que convertía a los bonos israelíes en una porción mínima del total invertido.
Durante toda su gestión, Adams y Lander mantuvieron una relación marcada por la confrontación y el desacuerdo en múltiples áreas.
Los cinco fondos de pensiones de la ciudad están administrados por juntas de fideicomisarios responsables de las decisiones de inversión. En general, esas juntas incluyen al contralor, a un representante designado por el alcalde y a varios delegados sindicales.
El alcalde no ejerce control directo sobre las inversiones, aunque en las juntas donde interviene en la designación de fideicomisarios puede influir a través de sus representantes.
Levine ha descartado que el alcalde pueda revertir sus decisiones en este terreno y declaró a JTA en septiembre que el alcalde “simplemente no tiene los votos para eso”.
“No hay un historial real de que el alcalde impulse decisiones de inversión significativas en nuestros fondos de pensiones”, afirmó entonces.
Organizaciones activistas anti-sionistas han protestado contra la intención de Levine de reinvertir en bonos israelíes.
En su primer día en el cargo, Mamdani revocó una orden ejecutiva de Adams que prohibía a las agencias municipales boicotear a Israel, como parte de una anulación más amplia de medidas de la administración anterior. La legislación local, sin embargo, prohíbe la discriminación por origen nacional.
Levine es una figura ampliamente conocida tanto en la política neoyorquina como en la comunidad judía. Antes de asumir como contralor, fue presidente del condado de Manhattan.
Además, heredó de la administración previa una brecha presupuestaria proyectada de $12.600 millones para este año y el próximo, un desafío que el Ayuntamiento deberá afrontar mientras Mamdani impulsa reformas como transporte y cuidado infantil gratuitos.
