El Mando Central puso en marcha un ejercicio orientado a examinar el nivel de preparación de sus cuarteles generales frente a situaciones extremas. La actividad combina varios escenarios simultáneos y se desarrolla bajo condiciones de limitación de personal, con el objetivo de medir capacidades de mando, control y respuesta operativa.
Entre los supuestos más sensibles analizados figura la infiltración de células terroristas desde la frontera con Jordania. Fuentes del sistema de seguridad advierten sobre una amenaza inminente de infiltración terrestre de activistas hutíes, que podrían acceder a Jordania desde Siria y dirigirse posteriormente hacia la frontera con Israel.
Pese a la creación de la División 96 y al inicio de las obras de la valla “reloj de arena” y del centro de fuego, fuentes de seguridad alertan de que organizaciones criminales explotan las rutas de infiltración para el contrabando de drogas y armas. La experiencia histórica muestra que esos corredores a lo largo de la extensa frontera pueden transformarse en rutas de terrorismo.
El ejercicio se enfoca en el temor a la repetición del modelo del 7 de octubre en Judea y Samaria, con una incursión coordinada de terroristas en numerosos asentamientos de forma simultánea. Además, se simulan disturbios masivos en toda la región, dentro de un escenario de colapso de la Autoridad Palestina tras las disputas sucesorias.
De acuerdo con fuentes del sistema de seguridad, en la calle palestina existe la expectativa de retornar, de cara al mes de Ramadán, a la normalidad y a las condiciones vigentes antes del 7 de octubre. Ese anhelo incluye, de manera destacada, la reanudación del trabajo en Israel.
El desafío central para el general Blot consiste en la gestión de la crisis con “pocos efectivos”, en un contexto en el que la división de operaciones del Estado Mayor prioriza las misiones operativas del ejército israelí en Líbano, Siria y la Franja de Gaza, lo que reduce los recursos disponibles para el Mando Central.
En ese marco, el Mando Central debe decidir en tiempo real la asignación de fuerzas limitadas frente a amenazas internas y externas de carácter existencial. Con ese fin, en los últimos meses se efectuaron simulacros de cooperación con la Fuerza Aérea, estructurados en dos fases operativas claramente diferenciadas.
La primera fase es independiente y exige que pilotos y operadores de aeronaves no tripuladas ataquen objetivos de forma autónoma. La segunda se desarrolla bajo la conducción de las fuerzas terrestres o del propio Mando Central. En el ejercicio participan los cuarteles generales del Mando Central, de Judea y Samaria, de la División 96 y la Administración Civil, junto con unidades de la Fuerza de Seguridad Interna, la Policía de Fronteras y la Policía.
