En enero de 2026, el USS Abraham Lincoln entró en CENTCOM con destructores y elevó escoltas, incremento de opciones defensivas y ofensivas frente a Irán.
Despliegue de 2026 y papel del portaaviones en la crisis con Irán
A finales de enero de 2026, el USS Abraham Lincoln (CVN-72) entró en el área de responsabilidad de CENTCOM con destructores. El movimiento formó parte de una ampliación del dispositivo naval estadounidense en Oriente Próximo asociada a un nuevo aumento de la tensión con Irán. La llegada del grupo al teatro y la incorporación posterior de otro buque de guerra elevaron el número de escoltas y reforzaron la presencia en la región.
Las autoridades presentaron la entrada como un incremento de opciones militares, tanto defensivas como orientadas a una posible acción contra objetivos iraníes. En esa línea, CENTCOM indicó que el portaaviones operaba desde el océano Índico y señaló que su presencia añade miles de efectivos y capacidad aérea embarcada, de acuerdo con la comunicación pública recogida por Associated Press.
El refuerzo se interpretó como un ajuste rápido de escoltas y medios disponibles en el teatro. La secuencia mostró la utilidad de un grupo de portaaviones para ampliar defensas, sostener patrullas y preparar cursos de acción con aeronaves en alerta. La combinación de buque, escoltas y ala aérea ofreció continuidad y disuasión en un entorno con riesgo de ataques y uso de misiles, drones y tácticas asimétricas cerca de la costa.

En conjunto, la entrada del Abraham Lincoln en CENTCOM formó parte de un patrón de refuerzos frente a crisis con Irán. Reuters y AP describieron aquel despliegue como un incremento material de capacidad, visible por el aumento de escoltas y por la presencia de una base aérea embarcada en el Índico. La postura resultó coherente con el énfasis oficial en disuasión y opciones disponibles en caso de necesidad.
Datos clave sobre sistema, ala aérea y despliegues previos
- Cuatro catapultas de vapor y cuatro sistemas de frenado en cubierta.
- Dos reactores A4W que alimentan turbinas y cuatro ejes, con más de 30 nudos.
- Ala aérea habitual: F/A-18E/F, F-35C, EA-18G, E-2D, CMV-22 y MH-60.
- Adaptaciones para operar F-35C tras la revisión y recarga nuclear (RCOH).
- Despliegue de 2019 con tránsito por Ormuz y mensaje de disuasión.
Construcción, servicio inicial y funciones como base aérea embarcada
El Abraham Lincoln es un portaaviones de propulsión nuclear de la clase Nimitz, el quinto de la serie, construido por Newport News Shipbuilding. La colocación de su quilla ocurrió en 1984, y la Armada lo recibió e incorporó en 1989. Tras un periodo inicial en la costa este y una travesía hacia el Pacífico, el buque pasó a integrarse en la estructura de portaaviones basada en la costa oeste, con puerto en North Island, San Diego.
Según la Aviación Naval del Pacífico, el portaaviones actúa como plataforma de guerra aérea embarcada y como componente principal de operaciones sostenidas de proyección de fuerza. Su empleo abarca misiones de seguridad marítima y, en otros escenarios, apoyo a asistencia humanitaria. Ese marco doctrinal define al buque como base aérea y puesto de mando embarcado, con aeronaves, personal y sistemas listos para mantener presencia y responder a crisis sin depender de aeródromos en tierra.

En la práctica, el Abraham Lincoln rara vez navega sin acompañamiento. Se despliega como buque principal de un grupo de ataque de portaaviones, formación que integra escoltas con misiles guiados, buques de apoyo y, según la misión, submarinos. Fichas institucionales de la Séptima Flota describen el conjunto de capacidades que aporta esa estructura al combinar portaaviones con destructores y cruceros en operaciones de defensa, escolta y proyección.
Los escoltas aportan misiles de defensa antiaérea, interceptores antibalísticos y misiles de ataque a tierra, como Tomahawk. En 2019, CENTCOM describió al Abraham Lincoln como buque insignia de un grupo con estado mayor, un crucero, un escuadrón de destructores y su ala aérea. Ese diseño respondió a un teatro con amenazas de misiles, drones y ataques asimétricos en zonas litorales y rutas comerciales.
Ala aérea, catapultas, modernización y adaptación para operar F-35C
La capacidad central del portaaviones consiste en operar un ala aérea desde una cubierta de vuelo con catapultas de vapor y cables de frenado. Este sistema permite lanzar y recuperar aviones de forma continuada con cargas de combate. Las fichas técnicas de la clase Nimitz describen una arquitectura con cuatro catapultas y cuatro sistemas de frenado, con ritmo de operaciones sujeto a la coordinación en cubierta, los ascensores de aeronaves y el flujo de combustible y munición.
En la configuración actual de las alas aéreas, la Marina del Pacífico enumera componentes habituales como cazas F/A-18E/F y F-35C, aeronaves de guerra electrónica EA-18G, alerta temprana E-2D, aparatos logísticos CMV-22 y helicópteros MH-60 para guerra antisubmarina y apoyo. Según NAVSEA, la modernización del Abraham Lincoln incorporó adaptaciones para operar el F-35C e integró esa aeronave furtiva en su ala embarcada.

La plataforma combina aviación embarcada con autonomía y persistencia propias de la propulsión nuclear. En la clase Nimitz, dos reactores A4W generan vapor para turbinas que mueven cuatro ejes y permiten velocidades superiores a 30 nudos. Esa potencia facilita reposicionar el buque en plazos breves y sostener operaciones sin repostaje de combustible para la propulsión durante periodos prolongados en alta mar y lejos de bases.
La documentación técnica describe capacidades logísticas internas, como producción de agua, almacenamiento de combustible de aviación y víveres para ciclos largos. En esas condiciones, el portaaviones actúa como base aérea embarcada y, al mismo tiempo, como puesto de mando embarcado. De acuerdo con la doctrina pública, su ventaja principal en una crisis con Irán incluye continuidad operativa: patrullas, vigilancia, reabastecimiento y presencia estable durante semanas.
Ormuz, rotaciones, comunicación estratégica y despliegues de referencia
CENTCOM describe el estrecho de Ormuz como una de las rutas marítimas más transitadas del mundo y como pieza clave del flujo energético global. Por ese motivo, los tránsitos de un grupo de portaaviones adquieren dimensión política además de militar. En enero de 2012, el Abraham Lincoln cruzó Ormuz rumbo al golfo Pérsico sin incidentes y según lo programado, durante una fase de escalada retórica con declaraciones iraníes contrarias al retorno de portaaviones estadounidenses.
En ese teatro, una travesía excede un simple movimiento de navegación. Supone control del mar, protección de rutas comerciales y demostración de que la Marina puede operar en pasos estrechos que conectan el Mediterráneo, el Índico y el Pacífico a través de la región. El vínculo del Abraham Lincoln con el Golfo no empezó en la década de 2010, ya que acumuló despliegues durante ciclos posteriores a la Guerra Fría.

Ese enfoque de presencia rotatoria permitió sostener patrullas, vigilancia y capacidad de ataque sin necesidad de aeródromos en tierra. En 2003, el presidente George W. Bush pronunció desde su cubierta un discurso que anunció el fin de las principales operaciones de combate en Irak. La Casa Blanca situó el mensaje en la cubierta del portaaviones y lo insertó en la cronología de la invasión y la transición a tareas de aseguramiento y reconstrucción.
En enero de 2012, la entrada y salida del estrecho bajo presión política ofreció un antecedente directo del empleo de estos buques durante crisis con Irán. El Abraham Lincoln reemplazó al USS John C. Stennis, y la controversia se alimentó de declaraciones iraníes y de su amenaza recurrente de afectar el tránsito por el estrecho. La dinámica descrita entonces coincidió con un patrón de relevos, escoltas y normalización de la presencia como rutina.
Despliegue de 2019, balance de 2020 y continuidad en 2024-2026 regional
El 5 de mayo de 2019, el asesor de seguridad nacional John Bolton anunció el envío del grupo del Abraham Lincoln y una fuerza de bombarderos al área de CENTCOM. La medida respondió a “indicios y advertencias” que Washington calificó de inquietantes, con un mensaje explícito de disuasión hacia Teherán. Desde entonces, el buque operó en la zona de la Quinta Flota y mantuvo presencia durante meses.
En noviembre de 2019, CENTCOM documentó su tránsito programado por el estrecho de Ormuz hacia el golfo Pérsico. Presentó el movimiento como parte de operaciones destinadas a mantener la estabilidad marítima, la seguridad regional y el libre flujo del comercio. Identificó componentes del grupo y su ala aérea embarcada, con enfoque en continuidad operativa y coordinación con escoltas en un entorno de amenazas complejas.

Tras ese despliegue, en enero de 2020 la Flota del Pacífico comunicó el regreso del Abraham Lincoln a San Diego después de 295 días de misión, el periodo más largo de la era posterior a la Guerra Fría. Vinculó la salida acelerada a amenazas creíbles contra la seguridad marítima. El grupo realizó misiones de combate en apoyo de operaciones en Afganistán y contra el Estado Islámico, con cientos de salidas y decenas de miles de horas de vuelo.
La continuidad del patrón reapareció en 2024, cuando el Departamento de Defensa comunicó la llegada del grupo del Abraham Lincoln al área de CENTCOM como parte de un refuerzo de presencia. Esa lógica volvió a recibir atención pública en enero de 2026, con su entrada en la región y la suma de nuevos escoltas, descritas por Reuters y AP como un incremento material de capacidad asociado a una crisis con Irán.
