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Moody’s eleva perspectiva crediticia de Israel a estable

31 de enero de 2026
en Economía
Moody's mantiene perspectiva negativa para Israel por costos de defensa

La sede de la agencia de calificación crediticia Moody's, 250 Greenwich Street, Nueva York, el 9 de octubre de 2011. (AP/Henny Ray Abrams)

Moody’s Ratings eleva de negativa a estable la perspectiva de la deuda soberana israelí y confirma la calificación en Baa1 tras los altos el fuego mantenidos.

Moody’s basa decisión en alivio material del riesgo geopolítico por treguas

El 30 de enero de 2026, Moody’s Ratings comunicó que elevaba de negativa a estable la perspectiva de la deuda soberana israelí y, al mismo tiempo, confirmaba la calificación en Baa1. En la terminología de las agencias, este cambio no modifica el nivel de solvencia asignado, pero sí cambia la evaluación de riesgos a corto y medio plazo: reduce la probabilidad de un nuevo recorte en un horizonte cercano y desplaza el foco principal del análisis desde la escalada regional inmediata hacia la trayectoria fiscal y económica posterior a la guerra.

Moody’s basó la decisión en un elemento verificable dentro de su propia cronología: la exposición al riesgo geopolítico se ha aliviado materialmente respecto de sus niveles más altos, porque se han mantenido los altos el fuego en los dos frentes que generaban mayor presión sobre el perfil soberano. Ese alivio no se presentó como un cambio definitivo del escenario, sino como la diferencia entre una guerra abierta y un esquema de limitación de hostilidades con mecanismos de seguimiento.

La referencia principal fue el alto el fuego en la Franja de Gaza, que entró en vigor el 10 de octubre y detuvo dos años de operaciones iniciadas tras el ataque del 7 de octubre de 2023, según la propia Moody’s. Además, la reducción del riesgo se vinculó a la vigencia del cese de hostilidades con Hezbolá en Líbano y al cierre del enfrentamiento militar directo con Irán en junio de 2025.

En conjunto, esta secuencia modifica la evaluación del componente de riesgo asociado a eventos: disminuye la probabilidad de choques simultáneos, baja la presión inmediata sobre el gasto y la actividad y, por tanto, reduce el riesgo de un deterioro abrupto de deuda y liquidez. Para precisar el alcance del cambio de 2026 conviene volver a febrero de 2024, cuando Moody’s formalizó el primer ajuste relevante de la etapa bélica.

Detalles clave de ajustes históricos en calificaciones de Moody’s

  • Rebaja en febrero de 2024 a A2 desde A1 con perspectiva negativa por guerra contra Hamás.
  • Segundo recorte en septiembre de 2024 a Baa1 por pérdida de capacidad institucional y gobernanza.
  • Coste de guerra estimado en 255.000 millones de shekels, equivalente al 13% del PIB para 2023-2025.
  • Déficit de 2024 cerca del 7% del PIB y objetivo para 2025 en 4,9%.

Contexto de desescalada en frente norte y acuerdos de tregua

En un comunicado fechado el 9 de febrero de ese año, la agencia rebajó la nota a A2 desde A1 y mantuvo la perspectiva negativa, tras cerrar una revisión iniciada el 19 de octubre de 2023. El documento estableció entonces el núcleo del problema: la guerra contra Hamás y sus consecuencias elevaban el riesgo político, debilitaban la capacidad institucional para gestionar las finanzas públicas en el futuro previsible y revertían una tendencia previa de reducción del endeudamiento.

El texto admitía la posibilidad de pausas en los combates, pero subrayaba la ausencia de un acuerdo duradero que eliminara el riesgo de ampliación de la guerra y, con ello, el impacto presupuestario. En esa primera rebaja, Moody’s incorporó cifras y supuestos que después pasaron a funcionar como referencia para las agencias.

La estimación del Banco de Israel sobre el coste de la guerra para 2023-2025 se situó en alrededor de 255.000 millones de shekels, en torno al 13% del PIB sobre una previsión de 2024, y combinaba mayor gasto civil y militar con menores ingresos tributarios. En marzo de 2025, durante la discusión presupuestaria, el gobernador del banco central retomó el mismo punto con cifras de ejecución: unos 170.000 millones de shekels gastados entre el 7 de octubre de 2023 y finales de 2024, más una proyección de otros 86.000 millones para 2025.

En ese marco, el déficit de 2024 se situaba cerca del 7% del PIB y el objetivo oficial para 2025 era 4,9%. A partir de ahí, la tensión entre gasto permanente y ajustes temporales pasó a formar parte estable del análisis soberano. El segundo recorte, que situó la calificación en Baa1, llegó en septiembre de 2024, cuando Moody’s redujo dos escalones desde A2.

Impacto de choques con Irán y evaluaciones de otras agencias

La pérdida de capacidad institucional y de gobernanza para gestionar las finanzas en un escenario de necesidades de gasto elevadas formó parte del razonamiento de ese recorte. En la práctica, esa formulación desplazó parte del foco de riesgo desde lo militar hacia lo político-presupuestario: cuánto cuesta la guerra y qué grado de previsibilidad presenta la respuesta fiscal.

En el frente norte, la desescalada se materializó mediante un acuerdo de alto el fuego con cláusulas amplias y mecanismos de reporte que, con el paso de los meses, evidenciaron ambigüedad operativa. El alto el fuego del 27 de noviembre de 2024 se describió como un compromiso que exigía a las autoridades libanesas frenar ataques de grupos armados y exigía a Israel detener acciones ofensivas; además, el texto permitía actuaciones de autodefensa sin una definición operativa precisa, según AP News.

La supervisión se asignó a un comité con Estados Unidos y Francia, junto a Israel, Líbano y la misión de la ONU FPNUL. Al mismo tiempo, se registró que, en la práctica, Israel mantuvo ataques casi diarios en el sur libanés y que el balance humano y material siguió en crecimiento pese al marco de tregua.

Esta continuidad de episodios de baja intensidad ayuda a explicar por qué las agencias hablaron de reducción del riesgo y no de eliminación del riesgo. En Estados Unidos y en los mercados, el crédito soberano empezó a evaluarse como un indicador del periodo posterior a la guerra.

Secuencia de estabilización y proyecciones fiscales para 2026

En enero de 2025, con un alto el fuego en Gaza que entró en una primera fase y con la tregua del norte todavía reciente, una valoración de mercado recogida por Reuters apuntaba a una conclusión convergente: si el acuerdo se implementaba y se mantenía, el riesgo para las finanzas públicas disminuía y se abría la posibilidad de mejorar perspectivas, aunque persistían advertencias sobre la fragilidad de la ejecución.

Moody’s añadió entonces un elemento específico: la tregua reducía el riesgo de que la guerra incorporara a Irán y amplificara efectos de segunda ronda, incluidos los asociados a interrupciones en rutas marítimas y a la energía. En ese mismo momento, el déficit de 2024 se cifraba en 6,9% del PIB y el diseño presupuestario para 2025 aspiraba a 4,4%, aunque parte de los economistas mostró escepticismo y, además, se reconocía que el resultado podía acercarse al 5%.

La secuencia posterior explica por qué la estabilización de 2026 no se produjo en 2025. A lo largo de ese año, otras agencias mantuvieron cautela en la perspectiva. Fitch Ratings ratificó la nota en A con perspectiva negativa en marzo de 2025 y citó la combinación de deuda elevada y persistencia del riesgo de seguridad asociado a la implicación militar en Gaza.

En mayo, S&P Global Ratings confirmó sus calificaciones A/A-1, mantuvo la perspectiva negativa y advirtió que una intensificación de la guerra podía erosionar el desempeño económico y fiscal. El punto común era que la guerra no quedaba limitada a un único ámbito y que el gasto de defensa pasaba a ser un elemento estructural del cuadro presupuestario.

Normalización en mercados y significado de perspectiva estable

El episodio que más influyó en la evaluación de riesgo fue el choque directo con Irán. El 7 de julio de 2025, Moody’s mantuvo Baa1 y perspectiva negativa y advirtió de un mayor esfuerzo fiscal asociado a la guerra, de acuerdo con lo publicado entonces por Reuters. La agencia proyectó que la deuda pública podría alcanzar un máximo cercano al 75% del PIB a medio plazo, por encima del 70% que había estimado antes de ese enfrentamiento, por dos vías: más gasto y menor crecimiento.

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En ese diagnóstico, el riesgo ya no se limitaba a la duración de las operaciones, sino que incluía daños sobre infraestructura y condiciones de seguridad capaces de frenar inversión y actividad. Para el crédito soberano, esa combinación implica menor recaudación y mayor coste de financiación.

A partir de ese punto, la secuencia que llevó al cambio de perspectiva en 2026 se apoyó en tres hechos: el cierre de la guerra con Irán en junio de 2025; el alto el fuego en Gaza del 10 de octubre; y la permanencia, aunque imperfecta, de la tregua en el norte. En noviembre de 2025, S&P movió su propia perspectiva a estable y atribuyó el giro a un menor riesgo de confrontación directa de gran escala tras el acuerdo de octubre.

Además, S&P describió componentes operativos del pacto: suspensión de operaciones, intercambio de rehenes y prisioneros, retirada de tropas de grandes ciudades y reanudación de ayuda humanitaria, mientras quedaban asuntos de fondo pendientes en la negociación. Ese movimiento generó una referencia de mercado que Moody’s siguió después, con su propio criterio, a finales de enero.

Emisiones de deuda y marco de hechos para ajuste de Moody’s

El ajuste de Moody’s incluyó proyecciones que conectan la evolución geopolítica con las variables fiscales. La agencia estimó una recuperación del crecimiento del 5% en 2026 y una expansión posterior de 3% a 3,5%, junto con déficits fiscales en descenso desde los niveles altos de 2024 y 2025 y una estabilización de la deuda en torno al 68% del PIB.

Este nivel resulta relevante porque implica un descenso respecto del 75% que Moody’s había considerado en julio de 2025 bajo el supuesto de prolongación de la guerra. En paralelo, el banco central israelí proyectaba un 5,2% de crecimiento para 2026, y ese dato empezó a ser utilizado por el Tesoro y por bancos colocadores de deuda para sostener la expectativa de una normalización de parámetros de financiación.

Esa normalización se observó en el mercado antes del anuncio de Moody’s. El 7 de enero de 2026, Israel realizó una emisión internacional de $6.000 millones en tres tramos a 5, 10 y 30 años, la primera desde el alto el fuego del 10 de octubre en Gaza, según Reuters. El Ministerio de Finanzas comunicó una demanda de $36.000 millones y la participación de unos 300 inversores de 30 países, con diferenciales de 90 a 125 puntos básicos sobre los bonos del Tesoro estadounidense.

El propio Estado subrayó un dato estructural: alrededor del 15% de sus necesidades anuales de financiación se cubren con emisiones exteriores y el resto se cubre en el mercado interno. Este reparto incrementa la sensibilidad del coste marginal de endeudamiento internacional ante la evaluación de las agencias. La emisión no modificó por sí sola la calificación, pero sí aportó una señal de acceso y precio durante una ventana en la que las perspectivas empezaban a converger.

Conclusión sobre calificación y dependencia de acuerdos vigentes

Cuando Moody’s comunicó el paso a estable el 30 de enero, el marco de hechos ya estaba definido: tregua en Gaza vigente desde octubre, cese de hostilidades en el norte bajo supervisión internacional y descompresión regional tras el episodio con Irán. Al mismo tiempo, el material disponible registró de manera continua un patrón compatible con un alto el fuego de baja intensidad: ataques puntuales, acusaciones cruzadas y un sistema de reporte con capacidad limitada de coerción.

Este límite se observó con particular claridad en Líbano, donde la práctica de autodefensa dejó un espacio operativo amplio. Ese es el marco en el que la perspectiva estable adquiere un significado preciso: menor riesgo inmediato de un deterioro abrupto, pero una situación que depende de que los acuerdos no colapsen y de que el gasto extraordinario no pase a operar como regla presupuestaria.

Por tanto, el último hecho documentado es doble y simultáneo: la calificación permanece en Baa1 y el horizonte de Moody’s deja de estar dominado por la hipótesis de una nueva rebaja automática, mientras los altos el fuego continúan con fricciones que se incorporan al precio del riesgo.

Etiquetas: EconomíaIsraelMoody's

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