El Pentágono despliega baterías THAAD y Patriot en Oriente Medio para reforzar la protección de Israel y aliados ante una posible represalia iraní.
Refuerzo defensivo en Oriente Medio contra posibles represalias iraníes
El 1 de febrero de 2026, una evaluación interna en Estados Unidos citada por The Wall Street Journal planteó que los ataques aéreos contra Irán no se consideran inminentes porque el Pentágono todavía concentra su esfuerzo en reforzar la defensa antiaérea y antimisil en Oriente Medio. En ese esquema, el Departamento de Defensa traslada baterías THAAD y Patriot hacia bases con personal estadounidense para ampliar la cobertura y endurecer la protección de Israel y de aliados regionales, con despliegues citados en Jordania, Kuwait, Baréin, Arabia Saudita y Qatar.
La postura se orienta de forma explícita a contener una probable represalia iraní contra fuerzas y socios de Estados Unidos. La descripción del refuerzo defensivo encaja con el patrón de las últimas semanas porque Donald Trump ha alternado mensajes de disposición a hablar con Teherán con la exhibición de capacidad militar en la región. Al mismo tiempo, el Pentágono sostiene que se encuentra preparado para ejecutar órdenes presidenciales. En paralelo, se han señalado movimientos de una agrupación de portaaviones, entre ellos el USS Abraham Lincoln en reportes recientes.
El despliegue de cazas y bombarderos tácticos se suma a ejercicios aéreos de varios días que el componente aéreo de CENTCOM dirige como demostración de presencia y capacidad de sostenimiento. Esa combinación de fuerza visible y blindaje antimisil apunta a un cálculo operativo. Antes de cualquier escalada, la prioridad radica en reducir la vulnerabilidad de bases y aliados frente al tipo de respuesta que Irán ya ha empleado. El problema que ordena estas decisiones no es abstracto.

En la noche del 13 al 14 de abril de 2024, Irán lanzó su primer ataque directo a gran escala contra Israel con drones y misiles, un episodio que obligó a montar una defensa multinacional en tiempo real. Según Reuters, el ataque combinó drones explosivos y misiles en una secuencia que se prolongó durante horas, con intercepciones en ruta y alertas en territorio israelí. En esas mismas horas, CENTCOM comunicó que sus fuerzas destruyeron más de 80 drones de ataque y al menos seis misiles balísticos.
Aspectos clave de ataques pasados y defensas empleadas
- Drones y misiles balísticos destruidos por fuerzas estadounidenses en abril de 2024, desde vectores de Irán y Yemen.
- Aproximadamente 200 misiles balísticos lanzados por Irán en octubre de 2024, con mayoría interceptados.
- Más de 150 interceptores THAAD y 80 misiles SM-3 empleados en la guerra de junio de 2025.
- Despliegues en Jordania, Kuwait, Baréin, Arabia Saudita y Qatar para cobertura regional.
Ataques iraníes previos y lecciones para la defensa multinacional
Los misiles balísticos se destinaron a impactar en Israel, desde vectores atribuidos a Irán y también a Yemen. El hecho operativo central fue la defensa por capas con detección temprana, intercepción fuera del espacio aéreo israelí cuando resultó posible, y asignación de blancos entre plataformas y sistemas. Menos de seis meses después, el 1 de octubre de 2024, un segundo golpe elevó el listón tecnológico con un aluvión de aproximadamente 200 misiles balísticos que Irán lanzó.
El Departamento de Defensa, a través de su servicio informativo, señaló que activos estadounidenses en el Mediterráneo volvieron a ayudar a defender a Israel y que la mayoría de los misiles fueron destruidos antes de alcanzar sus objetivos, aunque algunos impactaron con daños limitados. Ese parte oficial también colocó la discusión donde Washington la sitúa desde entonces. La defensa antimisil no es un complemento, sino una condición para sostener operaciones y alianzas en una región donde la respuesta iraní puede dirigirse indistintamente contra territorio israelí o contra instalaciones con personal estadounidense.

En términos de planeamiento, el episodio confirmó que el vector balístico obliga a mantener reservas de interceptores y a distribuir radares y baterías con criterios de cobertura regional, ya que resulta más difícil de interceptar que drones o misiles de crucero. Esa lógica alcanzó su punto de máxima exigencia en junio de 2025, durante la guerra de doce días entre Israel e Irán. La cronología pública ubica el inicio el 13 de junio, cuando Israel lanzó una campaña aérea sorpresa contra objetivos vinculados al programa nuclear y capacidades militares iraníes.
La escalada se sostuvo con oleadas de ataques y respuestas hasta un alto el fuego anunciado el 24 de junio. En medio del intercambio, Trump anunció el 21 de junio que fuerzas estadounidenses atacaron tres de los principales sitios nucleares iraníes, y Teherán respondió con nuevas salvas hacia Israel mientras se discutía la extensión y el efecto real de los bombardeos. Durante esos días, los ataques cruzados combinaron golpes a infraestructura estratégica con impactos en áreas civiles.
Implicaciones de costos y política regional en despliegues actuales
Según despachos de Reuters, un elemento constante fue que las barreras antimisiles israelíes y estadounidenses trabajaron al límite para contener un volumen de lanzamientos que buscaba saturación. En ese conflicto, el costo material de sostener la defensa quedó expuesto por estimaciones técnicas difundidas después. Un análisis del Foreign Policy Research Institute, basado en cifras atribuidas al Wall Street Journal, sostuvo que durante la guerra de junio de 2025 se emplearon más de 150 interceptores THAAD y alrededor de 80 misiles SM-3.
Además de otros sistemas como Patriot y misiles navales de la familia Standard. Un reporte especializado en defensa retomó la misma estimación y la puso en perspectiva de inventarios. Si el número es correcto, el consumo representó una fracción significativa de los interceptores disponibles y obligó a replantear la rapidez con la que se puede reconstituir el magazine de defensa antimisil. La consecuencia práctica, a escala regional, es que cada batería reubicada responde tanto a la amenaza como a la necesidad de administrar escasez.

No hay suficientes sistemas para cubrirlo todo de forma permanente, y cada traslado implica decisiones de prioridad entre teatros y aliados. El despliegue anunciado a comienzos de 2026 se entiende, así, como una operación de reposicionamiento bajo presión. THAAD se diseñó para interceptar misiles balísticos en fase terminal a gran altitud, mientras Patriot cubre amenazas de menor altura y distintos perfiles, incluidos algunos misiles y aeronaves. Juntos amplían la ventana de compromiso y multiplican las oportunidades de intercepción.
En el terreno, una batería no es solo un lanzador porque incluye radares, centros de control, comunicaciones seguras, personal especializado y un esquema de protección propia. Su llegada a una base con tropas estadounidenses agrega un anillo de defensa alrededor de infraestructura crítica como pistas, depósitos, centros de mando. A la vez, permite integrar sensores con otras arquitecturas regionales, desde destructores con Aegis hasta redes israelíes como Arrow y David’s Sling. La arquitectura es modular, pero la integración exige procedimientos comunes, enlaces de datos y reglas de empeño que se afinan con ejercicios y con experiencia reciente en combate.
Política de aliados y diplomacia en el contexto de tensiones crecientes
En ese punto, la política de los países anfitriones se convierte en parte del cálculo militar. En el Golfo, el temor a una represalia iraní sobre instalaciones en su territorio ha coexistido con una demanda sostenida de sistemas defensivos, y la coyuntura de enero de 2026 dejó señales simultáneas. Por un lado, advertencias de socios árabes para contener una escalada. Por otro, ampliación de capacidades mediante ventas de armas. Washington aprobó grandes ventas a Israel y Arabia Saudita, incluyendo 730 misiles Patriot para Riad.
Según informó Associated Press el 31 de enero de 2026, en un momento descrito como de tensiones crecientes. The Washington Post, el 1 de febrero, recogió la preocupación de Estados del Golfo por la persistencia del arsenal misilístico iraní y por su capacidad de reconstrucción tras los daños de 2025, un argumento que refuerza por qué el escudo antimisil reaparece como condición de cualquier opción militar. En esa misma ventana temporal se ubicó la intervención directa de Benjamin Netanyahu.

El 15 de enero de 2026, un reporte del New York Times replicado por prensa israelí sostuvo que Netanyahu pidió a Trump aplazar eventuales planes de ataque estadounidense contra Irán, para ganar tiempo ante la perspectiva de una represalia y la necesidad de preparación defensiva. La Casa Blanca confirmó ese día que ambos dirigentes hablaron por teléfono, sin ofrecer detalles sobre el contenido de la conversación. La confirmación oficial no validó el motivo, pero dejó fijado el hecho verificable.
Hubo contacto directo al más alto nivel en un momento en que el Pentágono movía defensas hacia bases regionales y el debate público giraba en torno a la combinación de presión militar y negociación. El estado de la situación al 1 de febrero de 2026 combina refuerzo defensivo, mensajes de disuasión y una diplomacia de baja visibilidad. A fines de enero, funcionarios estadounidenses señalaron disponibilidad para un contacto si Irán quería comunicarse y, casi en paralelo, Teherán expresó disposición a conversaciones justas que excluyan su capacidad de defensa, incluidas las capacidades misilísticas, según Reuters.
En Washington, Trump dijo planear conversaciones mientras el Pentágono reiteraba estar listo para actuar, y el Wall Street Journal sostuvo que, por ahora, la prioridad operativa es completar el blindaje regional antes de cualquier decisión de ataque. En términos concretos, eso significa más baterías que se mueven a bases con personal estadounidense, más coordinación con aliados y más atención a la variable que domina el cálculo: no el primer golpe, sino el tamaño y el recorrido probable de la respuesta.
