Las autoridades iraníes detuvieron a cuatro extranjeros, cuyas nacionalidades no se revelaron, por “participación en disturbios”, según informó el lunes la televisión estatal. El medio indicó que los arrestos ocurrieron durante una redada en el escondite de los sospechosos en la provincia de Teherán, sin precisar la fecha.
La televisión nacional señaló que, durante el registro del bolso de uno de los detenidos, encontraron cuatro granadas aturdidoras caseras. De acuerdo con el reporte, esos artefactos se usaron durante los disturbios y la agitación en la zona, en el marco de los enfrentamientos vinculados a las protestas.
En paralelo, se cree que miles de iraníes murieron en una represión contra las protestas antigubernamentales del mes pasado. Las autoridades de Irán responsabilizan a países extranjeros de alimentar la violencia, en lo que describen como el episodio más grave de agitación interna desde la Revolución Islámica de 1979.
Las detenciones se suman a una serie de anuncios diarios sobre arrestos de presuntos cabecillas de las protestas. El grupo de derechos humanos con sede en Estados Unidos HRANA afirmó el lunes que, hasta el momento, casi 50.000 personas han sido arrestadas en relación con las manifestaciones.
En ese contexto, las autoridades iraníes acusan a Israel y a Estados Unidos de haber tenido participación en los “disturbios”. Al mismo tiempo, ONG con sede fuera del país denunciaron que las fuerzas de seguridad atacaron de forma intencional a los manifestantes en un movimiento que sacudió a la República Islámica en enero.
La agencia oficial de noticias IRNA informó el 24 de enero que dos extranjeros fueron arrestados en el oeste de Irán. Ese antecedente se incorporó a las referencias oficiales sobre la presencia de personas de otros países en los incidentes asociados a las protestas y a los operativos de seguridad posteriores.
Activistas y algunos gobiernos occidentales sostienen que Irán aplica una estrategia deliberada de toma de rehenes para obtener concesiones de Occidente. En paralelo, las protestas elevaron con rapidez las tensiones con Estados Unidos, y el presidente estadounidense Donald Trump amenazó con una acción militar si Irán ejecutaba a manifestantes.
Desde entonces, Estados Unidos reforzó su presencia naval en la región, mientras Trump mantiene las advertencias de una acción militar si Teherán no acepta un acuerdo para frenar su programa nuclear y de misiles balísticos. Estos movimientos se produjeron en un entorno de confrontación política y diplomática que siguió a los episodios de violencia interna.
