Ucrania informó a Israel que incluirá al CGRI de Irán en su lista terrorista siguiendo la decisión europea y vinculándolo a ataques con drones Shahed.
Secuencia diplomática acelerada por guerra en Ucrania y medidas europeas
El 2 de febrero de 2026, en el tramo final de una secuencia diplomática acelerada por decisiones europeas y por la guerra en Ucrania, el ministro ucraniano de Exteriores comunicó a su homólogo israelí que Kiev incluiría al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán en su lista de organizaciones terroristas. La oficina de Sa’ar presentó ese mensaje como conclusión de una conversación telefónica que se mantuvo la semana anterior. Lo situó explícitamente en la estela de la decisión que adoptó la Unión Europea el 29 de enero.
En paralelo, la embajada de Ucrania señaló en declaraciones a un medio israelí que el movimiento europeo aún no se finalizó, aunque consideró muy probable que Kiev siguiera ese precedente. Pocas horas después, Volodymyr Zelensky declaró en su alocución vespertina que Ucrania ya había tomado la decisión y que, para Kiev, el asunto quedó cerrado. Lo vinculó a los ataques con drones Shahed que se emplearon contra ciudades y pueblos ucranianos.
La llamada entre ambos ministros se encuadró por Israel en un intercambio sobre Irán y por Ucrania en una agenda que dominó la guerra. Se apoyó en mensajes públicos que se emitieron en tiempo real. Días antes, Sa’ar difundió que habló con su par ucraniano, que condenó ataques rusos contra civiles y que planteó la necesidad de que el Parlamento ucraniano avanzara en una designación del CGRI como organización terrorista.
La conversación quedó así conectada, desde su origen, a un trabajo de presión diplomática que Israel articulaba con socios occidentales. La designación no se describió como un gesto retórico, sino como una pieza jurídica con efectos sobre cooperación policial, activos y tipificación de apoyos materiales. Aun cuando la capacidad de ejecución depende luego de los instrumentos internos de cada Estado.
Características principales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica
- Creado tras la revolución de 1979 en Irán.
- Opera en paralelo a las fuerzas armadas regulares.
- Concentra funciones militares, de inteligencia y de control interno.
- Tiene influencia económica amplia dentro del país.
- Atribuido papel en programas estratégicos, incluido el ámbito de misiles.
Decisión europea y contexto de la designación del CGRI como terrorista

El CGRI no es un cuerpo convencional dentro del aparato estatal iraní. Creado tras la revolución de 1979, opera en paralelo a las fuerzas armadas regulares y concentra funciones militares, de inteligencia y de control interno, con influencia económica amplia dentro del país. Se le atribuye un papel en programas estratégicos, incluido el ámbito de misiles, y una gravitación sostenida en la arquitectura de seguridad del régimen.
En el plano exterior, su brazo expedicionario, la Fuerza Quds, se cita con frecuencia en relación con redes de aliados regionales y operaciones fuera de fronteras. Esa combinación de capacidad coercitiva interna y proyección externa explica por qué, cuando gobiernos y bloques anuncian designaciones, suelen hacerlo en un registro que mezcla derechos humanos, seguridad y disuasión.
En Bruselas, la decisión europea se produjo el 29 de enero en una reunión de ministros de Exteriores cuya propia agenda conectó Ucrania e Irán en la misma mesa. El Consejo de la Unión Europea indicó que, antes de que se abordara Oriente Medio, los ministros escucharon por videoconferencia al titular de Exteriores ucraniano, Andrii Sybiha, sobre la situación en el terreno y prioridades inmediatas.
Después, en el bloque dedicado a Irán, se aprobaron nuevas medidas restrictivas y se enmarcó la designación del CGRI como parte de una respuesta a la represión de protestas. En declaraciones previas, Kaja Kallas anticipó que esperaba el acuerdo de los ministros para incluir al CGRI en la lista terrorista. Añadió que, en la evaluación europea, la designación no debía clausurar canales diplomáticos formales.
Implicaciones legales de la lista terrorista europea y reacción iraní

La lista terrorista europea no es un sello declarativo sin consecuencias administrativas. De acuerdo con la explicación del propio Consejo, las personas, grupos y entidades incluidos quedan sujetos, como mínimo, a congelación de fondos y activos financieros y a un marco reforzado de cooperación policial y judicial. Además de la prohibición de poner recursos a disposición directa o indirecta de los designados.
La Secretaría del Consejo sitúa el origen del régimen en 2001 y lo vincula a una arquitectura normativa que combina una posición común y un reglamento para medidas restrictivas. El resultado práctico es que la designación se traduce en obligaciones para Estados miembros y operadores dentro de su jurisdicción. Para el CGRI, el efecto más inmediato en Europa es la ampliación del perímetro legal para perseguir apoyos materiales y para bloquear activos allí donde existan.
El alcance real se condiciona por la huella financiera y logística que el cuerpo o sus redes mantienen en territorio europeo. La reacción iraní llegó por la vía diplomática y por la vía parlamentaria. En Teherán, el Gobierno convocó a embajadores de los Estados de la Unión Europea para protestar por la designación. La presentó como un acto hostil y preparó respuestas de reciprocidad.
Casi en simultáneo, el presidente del Parlamento iraní comunicó que su país pasaba a considerar terroristas a los ejércitos de los Estados europeos. Esa fórmula elevó la tensión política y abrió la puerta a medidas como restricciones a agregados militares. La Comisión Europea, por su parte, rechazó esa categorización iraní como represalia y encuadró la decisión europea sobre el CGRI como un cambio de postura con implicaciones directas en la relación bilateral UE-Irán.
Perspectiva ucraniana ligada a la guerra y coordinación con Israel

Para Kiev, el hilo conductor es la guerra. En su intervención del 2 de febrero, Zelensky vinculó la designación al balance operativo de los ataques con Shahed, es decir, a un armamento que Ucrania presenta como evidencia de apoyo militar iraní a Rusia. Ese énfasis no es accesorio porque el mismo paquete europeo del 29 de enero incluyó, además de sanciones por represión interna, ampliaciones relacionadas con programas de drones y misiles.
Y con el apoyo continuado de Irán al esfuerzo bélico ruso, según lo que se comunicó tras la reunión. En esa lógica, incluir al CGRI en listas terroristas cumple una doble función porque alinea a Ucrania con marcos sancionatorios occidentales y formaliza un señalamiento institucional del actor. En el relato ucraniano y europeo, este actor conecta represión interna, capacidades militares estratégicas y transferencias que afectan el teatro de guerra en Europa.
El paso ucraniano también se apoya en una infraestructura legal que Kiev ha ajustado durante la guerra. En enero de 2025, Zelensky firmó una ley para reforzar el procedimiento de creación y designación de una lista nacional de organizaciones terroristas, al asignar formalmente al Servicio de Seguridad de Ucrania la responsabilidad de mantenerla. Y al anunciar que se administraría a través del Centro Antiterrorista del SBU y sería accesible al público.
El texto buscaba definir mecanismos de inclusión incluso para redes que operan fuera del país o sin personalidad jurídica registrada en Ucrania, un detalle relevante para designaciones de actores estatales o cuasiestatales extranjeros. En esa continuidad, la mención de Kiev a una inclusión del CGRI encaja con una herramienta que combina mensaje político y capacidad regulatoria, aunque su efecto material depende de la presencia de activos, intermediarios o apoyos dentro de jurisdicción ucraniana.
Convergencia táctica en designaciones y estado actual del proceso

La coordinación con Israel aparece como una dimensión sostenida, no como un episodio aislado. Ya en julio de 2025, durante una visita de Sa’ar a Kiev, el ministro israelí había pedido al presidente ucraniano que promoviera legislación en el Parlamento para designar al CGRI como organización terrorista, en el marco de conversaciones sobre la guerra y sobre Irán.
Esa visita se inscribió en un vínculo tensionado por prioridades distintas y anticipó el encuadre que reaparece en enero y febrero de 2026 porque para Israel, el CGRI es un nodo de amenaza regional. Para Ucrania, es además una pieza del circuito que sostiene ataques contra su territorio. El resultado, en la práctica, es una convergencia táctica porque Israel empuja designaciones que faciliten casos y cooperación.
Ucrania las integra a su diplomacia de sanciones y a su argumentación sobre el apoyo externo a Rusia. A fecha 2 de febrero de 2026, el estado verificable del proceso muestra dos planos que avanzan en paralelo. En la Unión Europea, los ministros adoptaron el 29 de enero la decisión política de designar al CGRI y activaron los procedimientos institucionales asociados.
En Ucrania, el jefe del Estado afirmó esa misma noche que Kiev ya había hecho su propia designación y la dio por concluida, mientras que, horas antes, la embajada ucraniana en Israel describía el movimiento europeo como no finalizado y muy probable en su desenlace. En el fondo, la secuencia no se explica por una sola motivación, sino por la intersección de tres expedientes que se solapan en cuestión de días: la represión interna iraní que detonó la decisión europea, la escalada de respuestas iraníes contra Europa y la guerra en Ucrania, donde Kiev sostiene que el uso masivo de drones iraníes convierte al CGRI en un actor directamente ligado a su seguridad nacional.
