El informe del Departamento de Defensa de EE. UU. indica que China ofrece para exportación el FC-31, JF-17 y J-10, pero no el J-20.
Evaluaciones públicas del catálogo exportable chino en 2024-2025
En la ventana temporal de 2024 a 2025, el dato verificable que mejor encuadra la pregunta no está en un anuncio sobre el J-20, sino en lo que las evaluaciones públicas reflejan del catálogo exportable chino: en su capítulo sobre ventas de armamento, el informe del Departamento de Defensa de Estados Unidos indica que la República Popular ofrece para exportación tres cazas de combate —el FC-31 de quinta generación, el JF-17 coproducido con Pakistán y el J-10— y no incluye al J-20 en esa lista.
Ese recorte documental, por sí solo, no fija una prohibición eterna, pero sí fotografía una decisión industrial y política: el avión furtivo que China muestra al mercado exterior no es el que equipa a su fuerza aérea como punta de lanza. El J-20 apareció en público por otra vía, ligada a la señalización estratégica antes que a la comercial. La plataforma había volado por primera vez en enero de 2011, en Chengdu, en un momento en que el programa todavía se leía desde fuera a partir de imágenes y cronologías parciales.
Ese primer vuelo se fechó el 11 de enero de 2011, según una referencia de FlightGlobal de septiembre de 2012. Cinco años después, la exhibición aérea de Zhuhai de 2016 lo colocó ante el público como parte del relato de modernización: no era una feria de ventas del J-20, sino una presentación de estatus, con el aparato como pieza central del salto hacia aeronaves de baja observabilidad.

A partir de ahí, la historia del J-20 se volvió menos fotogénica y más industrial. El caza entró en la fase de dotación operativa y, al mismo tiempo, empezó a absorber las tensiones habituales de un programa furtivo: motor, cadena de producción, software de misión y mejoras sucesivas. En el balance de capacidades que cubre hasta comienzos de 2024, el Departamento de Defensa estadounidense lo da por “operacionalmente desplegado” en la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación.
Datos clave sobre exportaciones y ventas de cazas chinos
- China ofrece para exportación el FC-31 de quinta generación, el JF-17 coproducido con Pakistán y el J-10.
- Hasta comienzos de 2024, China no había vendido ningún FC-31 y había vendido cazas J-10 solo a Pakistán.
- El JF-17 se coproduce con Pakistán y se había vendido a Birmania, Irak y Nigeria.
- En enero de 2026, el programa de aviones de Pakistán pretende elevar su ritmo de producción anual y convertir esa capacidad en ventas con el JF-17.
Desarrollo operativo y mejoras del J-20 en informes oficiales
El Departamento de Defensa estadounidense añade que se preparaban mejoras que incluirían más misiles en configuración de baja observabilidad, toberas de vectorización de empuje y la posibilidad de supercrucero mediante la instalación del motor WS-15. En ese mismo balance, un detalle logístico pesa en cualquier decisión exportadora: desde 2023, el grupo de Chengdu comenzó a aumentar capacidad para el J-20 mediante la construcción de una nueva planta de ensamblaje, descrita como preparación para una expansión adicional de la producción.
La modernización no se detuvo en el fuselaje o el motor. En 2021, redes sociales chinas dejaron ver una variante biplaza, y documentos posteriores del Departamento de Defensa de Estados Unidos la conectaron con un giro doctrinal que ya no se limita al combate aire-aire tradicional: la posibilidad de que un segundo tripulante gestione tareas de misión avanzadas, incluida la coordinación de sistemas no tripulados.

En el informe de 2025 aparece una referencia directa a un J-20 de dos asientos “capaz de controlar” vehículos aéreos no tripulados acompañantes, dentro de un conjunto de conceptos de enjambres y módulos de carga que el documento presenta como parte del discurso público sobre guerra “inteligentizada”. En paralelo, el andamiaje institucional de exportación que sí existe para otras plataformas está descrito en términos administrativos y de política exterior.
El informe de 2024 del Departamento de Defensa de Estados Unidos señala que las ventas chinas de armas operan principalmente a través de organizaciones estatales de exportación —entre ellas la Corporación de la Industria de Aviación de China (AVIC) y la North Industries Corporation (NORINCO)— y que las transferencias se emplean como componente de la política exterior, en combinación con otras formas de asistencia vinculadas a iniciativas de conectividad e influencia.
Precedentes de ventas y reservas tecnológicas en aviación china
Esa arquitectura explica por qué la pregunta sobre el J-20 no depende solo de un precio o de una ficha técnica: exportar un caza furtivo implica abrir un paquete completo de formación, municiones, mantenimiento, repuestos, bancos de prueba, software y protocolos de seguridad de datos. Los precedentes recientes muestran qué está dispuesto a vender el exportador chino cuando se trata de aviones de combate de altas prestaciones, pero no de su furtivo principal.
En la evaluación de 2024, el Departamento de Defensa de Estados Unidos afirma que, hasta comienzos de ese año, China no había vendido ningún FC-31 y había vendido cazas J-10 solo a Pakistán; además, recuerda que el JF-17 se coproduce con Pakistán y que se había vendido a Birmania, Irak y Nigeria. La operación del J-10C con la Fuerza Aérea pakistaní tuvo confirmación pública en 2022: Pakistán confirmó oficialmente la adquisición y su calendario de llegada para actos de exhibición nacional, según Defense News, un patrón que mezcla necesidad operativa y mensaje político interno.
Ese patrón también ayuda a entender por qué el J-20 sigue sin aparecer en vitrina. Para el cliente típico de cazas chinos, el atractivo no es solo la célula furtiva, sino la posibilidad de sostenerla en el tiempo con una industria propia o con un soporte externo estable. Pakistán, que es el cliente más consistente del material aéreo chino y su socio en producción, ha apostado por una cadena industrial que gira alrededor del JF-17 y de una red de proveedores que busca exportar.

En enero de 2026 se indicó (Reuters) que el programa de aviones “probados” de Pakistán pretende elevar su ritmo de producción anual y convertir esa capacidad en ventas, con el JF-17 como pieza de su cartera; ese impulso exportador pakistaní corre en paralelo a la condición de receptor de tecnología y plataformas chinas, y muestra el tipo de ecosistema que haría viable, en términos logísticos, la introducción de un caza más complejo.
Reservas y alternativas en la exportación de tecnología furtiva china
La otra cara es lo que China se reserva. En sistemas furtivos, la sensibilidad no está solo en el perfil radar, sino en el conjunto de firmas, materiales, integración de sensores, enlaces de datos y librerías de guerra electrónica. La propia narrativa pública del programa sugiere que el J-20 todavía se encuentra en una fase de mejoras sucesivas que afectan a sus “secretos de fábrica”: el paso a motores nacionales WS-10, la transición prevista al WS-15 y el desarrollo de variantes, incluida la biplaza.
Incluso la esfera disciplinaria aparece en el perímetro del programa: el informe de 2025 del Departamento de Defensa de Estados Unidos menciona que el diseñador jefe del J-20 y el director general de su empresa fueron puestos bajo investigación en enero de 2025. Ese tipo de episodio no determina por sí mismo una política de exportación, pero es consistente con un entorno donde el control de información técnica y de gestión del programa forma parte del problema.
Mientras el J-20 consolida su lugar doméstico, el escaparate exterior de la furtividad china se ha articulado alrededor de otro producto. En el informe de 2024, el Departamento de Defensa de Estados Unidos enumera el FC-31 como parte de la oferta exportable y vincula su desarrollo a un doble destino: exportación o empleo naval futuro en la siguiente clase de portaaviones.

En el plano público, las grandes ferias han reforzado esa separación de líneas: en noviembre de 2024 se reportó (Reuters) que la muestra de Zhuhai exhibió al J-20 y, al mismo tiempo, presentó públicamente el J-35A como novedad, un indicio de que el salto a la quinta generación “para el mercado” se está narrando con otra denominación y otra plataforma. En ese esquema, el J-20 queda como vector nacional, y el FC-31/J-35 como la vía para ofrecer furtividad sin abrir el corazón del programa principal.
Condiciones actuales y escenarios plausibles para la exportación del J-20
En estas condiciones, la exportación del J-20 no se ha manifestado como una negociación visible, sino como una ausencia sostenida en los documentos que describen la cartera exportable y en las señales industriales que acompañan al avión. El estado verificable es que China amplía capacidad de producción y moderniza motores y variantes para su propia fuerza aérea, mientras promueve otra familia furtiva para terceros.
Un escenario plausible, a la luz de precedentes internacionales, es que un país exporte una plataforma que ya ha sido sustituida o superada en su propia línea principal, o que ofrezca una versión degradada cuando la tecnología se estabiliza y la flota nacional alcanza masa crítica; en el caso chino, ese umbral dependería de que el J-20 deje de ser el núcleo de su ventaja cualitativa.
Y de que el aparato alternativo —el FC-31/J-35— absorba la demanda exterior que hoy existe. Hasta que ese desplazamiento ocurra, el registro público sugiere una política práctica: el J-20 se despliega, se actualiza y se produce para uso interno, y la exportación de furtividad se canaliza por otra puerta.
