Entre enero y comienzos de febrero de 2026, General Dynamics Mission Systems realizó pruebas en el mar frente a la costa de Massachusetts con un prototipo de MEDUSA, un vehículo submarino no tripulado ideado para que submarinos de la Marina de los Estados Unidos coloquen minas a distancia sin exponer al buque lanzador al tránsito completo hasta el área objetivo. Las salidas funcionaron como ensayos de reducción de riesgo.
En la documentación difundida por la empresa, el sistema figura como “desechable” y se concibió para abandonar con seguridad un submarino y cumplir una misión de minado ofensivo de largo alcance, con espacio para integrar cargas adicionales. En lo que se conoce de forma pública, esas pruebas quedaron como el primer hito visible de un programa impulsado por la Marina por urgencia operativa.
La Naval Sea Systems Command estructuró formalmente el programa al anunciar, el 25 de octubre de 2024, un contrato base que entonces se valoró en $15,9 millones para gestión, diseño, ingeniería de sistemas, fabricación, pruebas e integración de MEDUSA con empleo previsto desde submarinos. Ese tramo base fijó su ejecución hasta septiembre de 2026.
El contrato incluyó opciones que podrían prolongar el trabajo hasta 2032 y elevar el monto total potencial a $58 millones. General Dynamics Mission Systems ubicó la adjudicación en septiembre de 2024 e indicó que la coordinación con la oficina de sistemas marítimos no tripulados PMS 406 estructuró el esquema de desarrollo y validación operativa previsto para el sistema.
La arquitectura del programa se orientó a ciclos de iteración rápidos. Poco después del comienzo, General Dynamics Mission Systems aportó un “activo” a escala real para incorporar datos de mar al diseño y reducir la brecha entre el trabajo en taller y las pruebas. En las salidas frente a Massachusetts, el equipo de operaciones marinas mantuvo el control directo del prototipo.
Se previó, para una fase posterior, la participación de marinos en la planificación y operación del sistema bajo supervisión del programa. La reducción de riesgo se centró en propulsión, navegación, conductas de autonomía “especializadas” y gestión de energía, cuatro ámbitos que definen alcance, precisión de entrega y seguridad de expulsión desde un tubo de torpedos.
El concepto operativo se inserta en un cambio más amplio del minado estadounidense, que pasa de municiones lanzadas por aeronaves o buques a vectores discretos y programables. La ficha oficial de la Marina identificó dos familias de minas en servicio, Quickstrike y la Submarine Launched Mobile Mine (Mk 67), y enumeró varios programas en desarrollo.
Entre esos programas se incluyeron Hammerhead, Mk 68 Clandestine Delivered Mine y Quickstrike Extended Range. En esa misma lógica, MEDUSA aparece como un sistema de “entrega” que separa el punto de liberación de las minas del punto de lanzamiento del submarino. A la luz del inventario citado y de la definición contractual, se planteó un escenario plausible.
Ese escenario apunta a que la Marina busca ampliar la geometría del minado ofensivo más allá de la colocación directa desde el propio submarino. La empresa vinculó MEDUSA a plataformas consolidadas de su familia Bluefin y afirmó que el programa se apoya en el Bluefin-21, un vehículo modular con energía y alcance pensados para operaciones prolongadas.
En esta aplicación, el diseño se adaptó a una función desechable centrada en la entrega de carga. La compañía situó el núcleo del trabajo en Quincy y asoció la fabricación a su centro de excelencia de vehículos no tripulados en Taunton, con apoyo de socios internos como General Dynamics Electric Boat. A fecha 3 de febrero de 2026, MEDUSA se describía en “pruebas tempranas”.
La descripción señaló un prototipo ya en el agua y una hoja de ruta orientada a evaluaciones con personal de la Marina antes de los hitos de 2026. En el marco de lo divulgado, esa secuencia mantiene las pruebas como el principal indicador público del avance, mientras se organiza la transición hacia ejercicios operados por marinos bajo el control del programa.
