En Irán, las mujeres ya pueden obtener de manera formal una licencia para conducir motocicletas, según informan medios locales, lo que cierra años de indefinición jurídica sobre los vehículos de dos ruedas. La medida llega después de la represión gubernamental contra las protestas contra el régimen del mes pasado.
Hasta ahora, la normativa no prohibía de forma expresa que las mujeres manejaran motocicletas y scooters, aunque en la práctica las autoridades evitaban expedir permisos. Ese criterio dejó el asunto en una situación incierta, con reglas aplicadas de manera desigual y sin un marco claro de autorización.
A partir de esa zona gris legal, en varios casos las mujeres quedaron consideradas responsables en accidentes de tráfico incluso cuando figuraban como víctimas. La falta de licencias oficiales y de procedimientos de control contribuyó a que se les atribuyera responsabilidad jurídica en situaciones en las que no eran las causantes.
El primer vicepresidente de Irán, Mohammad Reza Aref, firmó ayer una resolución dirigida a precisar el código de circulación, de acuerdo con la agencia Ilna. El texto recibió la aprobación del gabinete iraní a finales de enero, y el objetivo declarado es aclarar los criterios aplicables a la conducción de motocicletas.
La resolución instruye a la policía de tráfico a “proporcionar formación práctica a las solicitantes, organizar un examen bajo la supervisión directa de la policía y expedir licencias de conducir motocicletas a las mujeres”, según Ilna. Con ello, se fija un procedimiento formal para capacitación, evaluación y entrega de los permisos.
La decisión aparece después de una oleada de protestas en todo el país, que comenzó por reclamos económicos y el mes pasado pasó a expresarse como manifestaciones nacionales contra el gobierno. En ese contexto, las movilizaciones se extendieron a distintas ciudades y adoptaron un tono de confrontación con las autoridades.
Teherán reconoció que durante los disturbios se registraron más de 3.000 muertes y sostuvo que la mayoría correspondió a integrantes de las fuerzas de seguridad y a transeúntes. Organizaciones de derechos humanos citan una cifra superior y afirman que el número real podría ser mucho más alto, incluso de decenas de miles.
Desde la Revolución Islámica de 1979, las mujeres afrontan diversas restricciones sociales, y los códigos de vestimenta suponen un obstáculo particular para quienes conducen motocicletas. Las exigencias de indumentaria y cobertura influyen en la forma en que se desplazan y en su presencia en espacios públicos.
En público, las mujeres deben cubrirse el cabello con un pañuelo y vestir ropa modesta y holgada, aunque en los últimos años muchas desafiaron esas normas. En paralelo, la cantidad de mujeres que circulan en motocicleta creció con fuerza en los últimos meses, según recogen los reportes.
La expansión de esa práctica se aceleró tras la muerte en custodia, en 2022, de Mahsa Amini, una joven iraní detenida por presuntamente incumplir el código de vestimenta. Ese caso se convirtió en un punto de referencia para debates sobre controles sociales y libertades personales.
La muerte de Amini desató protestas en todo Irán, encabezadas por mujeres que reclamaban mayores libertades. Las movilizaciones se sostuvieron en distintas localidades y colocaron en primer plano la exigencia de cambios en las restricciones impuestas a la vida cotidiana.
