Al cumplirse cien años desde su fundación, la alemana Lufthansa revisa su propia trayectoria con el objetivo de asumir una responsabilidad mayor por su conducta durante la etapa nazi, en un giro respecto de intentos previos de desvincular su identidad anterior a la guerra de la desarrollada en la posguerra.
“En Lufthansa estamos orgullosos de lo que somos hoy”, dice el CEO Carsten Spohr a los periodistas en unas declaraciones difundidas hoy. “Ignorar entonces los años difíciles, oscuros y terribles habría sido simplemente deshonesto” Durante años, la compañía destacó la ruptura legal y organizativa entre su antecesora —integrada de forma profunda en el régimen nazi y disuelta en 1946— y la Lufthansa AG posterior, creada en 1953.
Desde 1930, integrantes del consejo de administración y del consejo de supervisión de Lufthansa se afiliaron al Partido Nazi y, en su condición de aerolínea estatal, la empresa trasladó a funcionarios del gobierno, en línea con el papel que cumplía dentro del aparato público de la época.
La aerolínea también participó en la industria de armamento y se vinculó a la fuerza aérea Luftwaffe. En 1944, el área armamentística generó más de dos tercios de los ingresos totales, lo que reflejó el peso que alcanzó ese negocio dentro de su actividad.
Miembros anteriores del consejo insistieron en la separación legal sobre todo por motivos de reputación y de responsabilidad. Spohr sostiene ahora que Lufthansa busca asumir esa responsabilidad, con un cambio de enfoque respecto de la forma en que la compañía presentó durante décadas su propia continuidad histórica.
Entre las medidas, figura la publicación de un nuevo libro sobre la historia empresarial, que se repartirá a más de 100.000 empleados, y la organización de una exposición en el nuevo centro de visitantes, como parte de las acciones previstas para abordar públicamente ese legado.
Lufthansa encargó estudios sobre su pasado hace más de 25 años, aunque rechazó reconocer las conclusiones sobre la magnitud del trabajo forzoso y la continuidad de personal tras la Segunda Guerra Mundial. Según el historiador Manfred Grieger, colaborador del libro, más de 12.000 personas fueron explotadas en la producción de armamento de Hansa y en tareas de reparación y mantenimiento, y solo recientemente se supo que la cifra incluyó niños.
