En World Defense Show 2026, China exhibió el Wing Loong X como dron antisubmarino autónomo, con sonoboyas y torpedos, orientado a exportación naval.
World Defense Show en Riad y el giro naval de la familia Wing Loong
Entre el 8 y el 12 de febrero de 2026, en Riad, China llevó al World Defense Show el Wing Loong X como dron capaz de detectar, rastrear y atacar submarinos con un ciclo de decisión propio. La propuesta sugiere patrullas largas sin tripulación a bordo y traslada la autonomía a una misión naval compleja, tradicionalmente en manos de aviones de patrulla marítima y helicópteros embarcados, con la ambición de cerrar un vacío operativo antiguo.
World Defense Show funciona como escaparate de contratos y asociaciones en el Golfo. Su edición 2024, según el organizador, reunió cientos de expositores, decenas de miles de visitantes y acuerdos por decenas de miles de millones de riyales saudíes. Esa escala crea un punto de encuentro donde los fabricantes compiten con soluciones listas para exportación y destacan persistencia, menor coste de operación y disponibilidad rápida para clientes que piden cobertura inmediata y soporte sostenido.
En ese entorno, la guerra antisubmarina mantiene demanda constante. Varias marinas deben proteger rutas energéticas, puertos y accesos a estrechos, pero afrontan la misma restricción: pocas aeronaves especializadas, muchas millas náuticas y ventanas de detección que dependen del tiempo en estación. Por eso el valor de una plataforma no se mide solo por sensores, sino por horas de patrulla disponibles. El mensaje en Riad asocia esa persistencia a un dron de media altitud y larga autonomía.

Al posicionar al Wing Loong X en ese papel, Pekín amplía el relato de sus drones más allá de la vigilancia y el ataque terrestre. La exhibición plantea un complemento a la patrulla tripulada y a los helicópteros de cubierta, con una solución que promete más cobertura por hora de vuelo. El movimiento también busca colocar la autonomía como argumento de madurez en software embarcado y como base de una oferta exportable para marinas.
Elementos del paquete antisubmarino exhibido para el Wing Loong X
- Contenedores destinados al despliegue de sonoboyas para la escucha acústica.
- Capacidad para portar torpedos ligeros y otras cargas asociadas a misiones marítimas.
- Sensores electroópticos orientados a detección de superficie y apoyo de identificación.
- Radar enfocado en periscopios o estelas como indicios de presencia submarina.
- Opciones de configuración modular y compatibilidad de enlaces de datos con redes de mando y control.
Qué exige la guerra antisubmarina y dónde encaja la autonomía en un dron
Un vuelo antisubmarino no se limita a localizar un objetivo. Primero debe crear condiciones de escucha en un medio ruidoso y variable, luego discrimina contactos y mantiene la pista el tiempo necesario para clasificar. Al final, llega al ataque con un arma que atraviesa la capa superficial y busca un blanco que maniobra con baja firma. Esa cadena exige coordinación fina y ajustes constantes sobre grandes áreas y sostiene la búsqueda durante horas en estación.
Por eso los sistemas clásicos combinan sensores distintos. Usan electroóptica para superficie, radar para periscopios o estelas y, sobre todo, acústica mediante sonoboyas. El valor de esas boyas cae si la plataforma no procesa señales en tiempo real y no corrige el patrón de búsqueda con base en retornos y contexto oceanográfico. En la práctica, la misión exige fusión de datos y disciplina de control para cubrir áreas amplias sin perder contactos.
La autonomía, aplicada a ese flujo, apunta a más que el pilotaje automático. El concepto busca automatizar la selección de áreas de lanzamiento de sonoboyas, el análisis acústico y la recomendación de ataque. Según el texto de la exhibición, esas funciones operan dentro de reglas de enfrentamiento definidas por el mando y se integran con redes de mando y control del cliente. El objetivo es acelerar decisiones sin duplicar tripulaciones.

Si el dron lanza sonoboyas, interpreta retornos y mantiene una pista, puede liberar a los helicópteros embarcados para la fase de ataque o para la protección de escoltas. También actúa como multiplicador de cobertura: varias aeronaves no tripuladas, con patrones coordinados, construyen barreras acústicas temporales en torno a un estrecho, una ruta de convoy o un grupo naval. Esa arquitectura no elimina lo tripulado, pero desplaza la primera capa de búsqueda.
De Zhuhai a Riad: sensores y cargas para exportar el Wing Loong X
El Wing Loong X entró en esta discusión antes de Riad. En noviembre de 2024, en el salón aeronáutico de Zhuhai, su desarrollador lo mostró con un paquete antisubmarino explícito: contenedores para sonoboyas, torpedos ligeros y otras cargas para misiones marítimas. Además, vinculó el diseño a operaciones coordinadas con otros medios para cubrir dominio aéreo, superficie y entorno submarino. Esa señal anticipó el paso hacia una oferta naval con sensores y armas integrables.
La misma presentación situó el programa en una fase de pruebas con vuelos de rutina, un umbral habitual antes de consolidar una propuesta exportable. En esa etapa, el fabricante debe fijar configuraciones de sensores y armas y asegurar que un cliente las integre con su red de mando y control. El salto a una feria del Golfo sugiere que ya prepara catálogos modulares y paquetes de integración para enlaces de datos compatibles.

El traslado de Zhuhai a Riad no responde solo a promoción. Durante la última década, China construyó un espacio de exportación para drones armados en países que no acceden a ciertos sistemas occidentales o que priorizan disponibilidad y precio. En ese mercado, la familia Wing Loong figura como referencia visible, con ventas previas a clientes de Oriente Medio y otras regiones. Ese historial apoya el giro hacia una misión marítima especializada.
Esa experiencia exportadora aporta un dato operativo clave para la propuesta antisubmarina. Una flota de drones que acumula muchas horas necesita soporte, entrenamiento, repuestos y actualización de software con ritmo constante. El fabricante ya conoce ese circuito y debe traducirlo en disponibilidad sostenida sobre el mar, donde la patrulla larga define el valor. En Riad, la autonomía funciona como promesa de más horas y como argumento industrial de madurez para clientes navales con urgencia operativa.
Límites, conectividad y reglas de empleo para un dron antisubmarino
La apuesta antisubmarina también encaja con un diagnóstico repetido sobre la Armada china: la protección contra submarinos limita el alcance seguro de los despliegues de superficie, en especial cuando operan portaaviones y grupos de escolta lejos de costa. China avanza con helicópteros embarcados y sensores navales, y su modernización atrae atención por las brechas que intenta cerrar. La exhibición de variantes navales del helicóptero Z-20 refuerza ese esfuerzo al ampliar el radio de búsqueda desde buques.
En ese marco, un dron como el Wing Loong X ofrece persistencia sin fatiga de tripulación y patrulla prolongada con menor exposición política por pérdida de personal. La misión antisubmarina impone límites técnicos que el fabricante debe resolver para sostener el concepto de autonomía. El primero es el procesamiento acústico: una sonoboya pierde valor sin fusión con contexto oceanográfico, patrón de movimiento del contacto y referencias de ruido de fondo.

El segundo límite es la conectividad. El dron puede actuar como nodo, pero la guerra antisubmarina exige red; un contacto gana valor cuando un buque, un helicóptero o un avión amplía la escucha y reduce dudas. El tercero es la autorización de ataque: aun con automatización de detección y seguimiento, el uso de torpedos aéreos exige confirmación de identidad y coordinación para evitar fratricidio cerca de tráfico civil o submarinos aliados.
Al presentar al Wing Loong X como plataforma capaz de completar el ciclo —detectar, rastrear y atacar—, China empuja el debate doctrinal. No necesita demostrar hoy un reemplazo total de aeronaves tripuladas; basta con mostrar una ruta tecnológica que convierta la autonomía en ventaja cuantificable de presencia. La señal apunta a compradores que desean cobertura marítima sin construir una patrulla tripulada y a competidores que miden la velocidad del cambio.
