Tras la operación Kalbai, Irán trabaja a máxima capacidad para recomponer su arsenal de misiles balísticos en varios planos con el fin de mantener sus aptitudes para la próxima campaña. Entre las acciones incluyó pasar de combustible líquido a combustible sólido, acortar la preparación de horas a minutos y reducir la firma de inteligencia.
Ese esfuerzo también contempló la producción en serie de misiles Khaibar y Fath, el aumento de la precisión mediante componentes tecnológicos y la obtención de información de inteligencia basada en satélites. El plan se articuló en distintos niveles para asegurar capacidades operativas y reforzar los elementos que sostienen el empleo de estos sistemas.
Medios extranjeros informaron de cooperación entre Irán y Rusia para perfeccionar el arsenal de misiles balísticos disponible. El propósito consiste en complicar la respuesta de los sistemas de defensa antiaérea, incorporar nuevos radares, ampliar las líneas de producción y trasladar parte de esas líneas a instalaciones subterráneas.
En ese marco se mencionó el traslado de capacidades a espacios bajo tierra, entre ellos plataformas de lanzamiento subterráneas. La combinación de mejoras técnicas y ajustes en la infraestructura busca sostener la continuidad del programa y elevar la resiliencia de la producción y del despliegue frente a amenazas.
Los misiles que amenazan el interior de Israel
La familia de misiles Shihab (Shihab 3, Khaybar Shakhan) se apoya en tecnología norcoreana, alcanza un alcance cercano a 2000 km y cubre todo el territorio de Israel. Estos modelos pueden portar una ojiva con entre 700 y 1000 kg de explosivos, según las descripciones difundidas.
La serie de misiles Fathah 1 y 2 se aproxima en capacidades al misil hipersónico y se caracteriza por aptitudes aerodinámicas de alta precisión, incluso en el espacio. En este caso, la información disponible señala una ojiva de medio tonelada como parte de su configuración.
La serie de misiles Sajil se describe como un misil balístico de dos etapas, impulsado por combustible sólido y apto para lanzarse con poca antelación desde un búnker. Sus especificaciones incluyen una ojiva cuyo peso oscila entre 500 y 1000 kg de explosivos, de acuerdo con los reportes.
Según publicaciones iraníes, los misiles Khormashahr incorporan una ojiva especialmente pesada, con una media de 1500 kg, y figuran entre los más precisos del arsenal iraní. Se les atribuye capacidad para provocar daños importantes en infraestructuras estratégicas mediante impactos de alta efectividad.
En paralelo, Irán trabaja para mejorar de forma marcada sus sistemas de lanzamiento tras los grandes daños que sufrieron en la operación Kalavi, con ataques terrestres y aéreos. Los lanzadores móviles concentran la principal inquietud de la comunidad de inteligencia, que necesita ubicarlos en tiempo real.
Esa preocupación se extiende a la necesidad de detectarlos en todo Irán antes del lanzamiento y a la existencia de emplazamientos de misiles subterráneos. La combinación de movilidad y despliegue bajo tierra añade complejidad a la localización y al seguimiento operativo de estos sistemas en escenarios de tensión.
