Interceptaciones en el Báltico en 2025 y el avance de defensas, radares y misiles de largo alcance reducen el margen operativo del avión ruso Il-20M.
Interceptaciones en el Báltico revelan límites del Il-20M en 2025
En el otoño europeo de 2025, un Il-20M ruso recorrió el corredor habitual sobre el mar Báltico y activó una reacción estándar: dos Eurofighter alemanes despegaron, lo identificaron y lo escoltaron hasta ceder la vigilancia a cazas aliados. Semanas después, cazas polacos interceptaron otro Il-20 durante una misión de reconocimiento sin plan de vuelo y con el transpondedor apagado. El patrón expuso una tensión operativa creciente.
El Il-20M nació como plataforma de inteligencia electrónica y reconocimiento a partir de un diseño de transporte de hélice. Su misión exige tiempo de permanencia: orbitar, mantener escucha, clasificar emisiones, registrar comunicaciones y construir una imagen de actividad militar. Ese perfil favorece estabilidad, volumen interno y energía para consolas y sensores. Sin embargo, también eleva la vulnerabilidad en un entorno que niega o restringe el espacio aéreo por medios integrados.
La pérdida de un Il-20 en la costa siria en septiembre de 2018 reforzó ese riesgo. El aparato cayó por fuego antiaéreo sirio durante un episodio de ataques en la zona de Latakia que dejó 15 militares rusos muertos.

Para una aeronave de inteligencia, la frecuencia de interceptaciones implica más contactos, más escoltas y mayor probabilidad de incidentes de navegación o de comunicaciones. Ese ritmo también reduce el margen para perfiles discretos y facilita una evaluación inmediata como objetivo en una crisis. La obsolescencia no aparece de forma brusca: progresa a medida que cada misión exige más autocontención, más coordinación y más medidas indirectas de protección.
Factores que aceleran la obsolescencia operativa del Il-20M
- Perfil de vuelo de baja velocidad y firma elevada, con rutas y alturas más previsibles.
- Defensa antiaérea por capas que extiende el área de amenaza hacia el exterior y a mayor altitud.
- Radares y enlaces en red que reducen el valor de operar “cerca” sin exposición.
- Misiles de mayor alcance y más lanzadores potenciales, con mayor riesgo para aeronaves grandes.
- Plataformas de ataque con armas de largo alcance y baja observabilidad que desplazan el combate a distancia.
Defensa antiaérea por capas en Europa reduce el espacio seguro
Desde 2022, la expansión de la defensa antiaérea y antimisil por capas modificó el cálculo de riesgo para aeronaves cuya misión depende de aproximarse. En octubre de 2022, Alemania y un grupo de aliados de la OTAN lanzaron un esfuerzo de compra conjunta para cubrir carencias con sistemas de corto, medio y alto alcance. El paquete incluyó Patriot e IRIS-T en la capa media y conversaciones sobre interceptores de mayor altura como Arrow 3.
El programa avanzó durante 2023 con acuerdos legales destinados a acelerar adquisiciones en varios países europeos. En paralelo, se sumaron envíos adicionales de Patriot a Ucrania dentro de paquetes coordinados con Alemania. En ese marco, el cambio cualitativo no depende solo del número de baterías, sino también del alcance y la altura de la capa superior, que amplía el volumen de riesgo alrededor de áreas protegidas.
En diciembre de 2025, Alemania activó componentes del sistema Arrow como capacidad europea inicial y vinculó su despliegue a la disuasión frente a misiles de alcance intermedio. La arquitectura incluye sensores de alerta temprana y una capacidad prevista de interceptación a altitudes superiores a 100 kilómetros, con alcances declarados de hasta 2.400 kilómetros para el sistema. Ese salto extiende la amenaza hacia el exterior y reduce el margen de operación de plataformas tripuladas.

Para una aeronave que necesita permanecer dentro de un volumen de captación de señales, la ampliación de cobertura reduce el espacio con menor riesgo y aumenta la dependencia de rutas y alturas previsibles. Operar a distancia de seguridad, fuera del alcance de baterías y patrullas, preserva la supervivencia, pero degrada la calidad de la inteligencia asociada a la proximidad. Ese dilema define el entorno operativo del Il-20M frente a defensas más densas y más capaces.
Radares en red, misiles de largo alcance y ataque a distancia
La modernización del radar añade otra limitación. En junio de 2025, el Pentágono anunció una prueba exitosa de un radar de largo alcance en Alaska capaz de detectar amenazas de misiles procedentes de Rusia o China, con un papel potencial como sensor de una futura arquitectura de defensa. Además, la demanda internacional impulsó contratos para radares más pequeños y móviles: en octubre de 2025, el Ejército de Estados Unidos encargó radares Giraffe 1X.
A escala de mando y control, Francia firmó en 2025 intenciones y contratos para adquirir aviones GlobalEye de vigilancia, con entregas previstas para la próxima década. En conjunto, el aumento de sensores y enlaces reduce el valor de operar “cerca” sin exposición. Si el adversario obtiene una imagen más completa desde capas alejadas, una plataforma grande y lenta pierde parte de la ventaja de aproximación y queda más condicionada por corredores y por presencia de escoltas.

La amenaza desde el aire también crece por misiles aire-aire y por un impulso industrial. En julio de 2024, Estados Unidos reconoció un nuevo misil de alcance muy largo para su Marina, el AIM-174B derivado del SM-6, y lo vinculó al despliegue en el Indo-Pacífico. En febrero de 2026, el Pentágono cerró un acuerdo plurianual para elevar la fabricación de misiles, incluidos Tomahawk, AMRAAM y la familia SM.
Otra tendencia procede de bombarderos y plataformas de ataque que reducen la necesidad de aproximación para golpear. Estados Unidos presentó en diciembre de 2022 el B-21 Raider y el aparato realizó su primer vuelo en noviembre de 2023 sin anuncio público previo. En marzo de 2025, Lockheed Martin informó que completó pruebas iniciales para integrar armas de alcance extendido de la familia AGM-158 en el F-35B. Ese marco reduce el intervalo para obtener inteligencia próxima.
