Irán elevó este martes 10 de febrero de 2026 su tono contra la influencia de Israel en los contactos diplomáticos en curso con Washington, en vísperas del viaje del primer ministro Benjamin Netanyahu a Estados Unidos para reunirse el miércoles con el presidente Donald Trump en un momento en que ambos gobiernos reactivaron conversaciones sobre el programa nuclear iraní. En su comparecencia semanal, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baqaei, sostuvo: “Nuestra parte negociadora es Estados Unidos”. Y añadió: “Depende de Estados Unidos decidir actuar independientemente de las presiones y las influencias destructivas que son perjudiciales para la región”.
Baqaei apuntó directamente a Israel al afirmar: “El régimen sionista ha demostrado repetidamente, como saboteador, que se opone a cualquier proceso diplomático en nuestra región que conduzca a la paz”. El mensaje llegó cuando el equipo de Netanyahu acelera contactos en Washington con el objetivo de influir en el alcance de la negociación con Teherán, en particular para incorporar límites al programa de misiles iraní además del capítulo nuclear.
El nuevo cruce verbal se encuadró en una secuencia de reuniones iniciada la semana pasada en Mascate, con mediación de Omán, entre responsables iraníes y estadounidenses. Baqaei describió ese encuentro como una toma de pulso sobre la disposición de Washington a sostener el canal abierto y afirmó que la parte iraní detectó un nivel de entendimiento suficiente para continuar el proceso.
El viernes 6 de febrero, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, participó en Mascate en una ronda que incluyó al enviado especial estadounidense Steve Witkoff, dentro de un formato indirecto facilitado por Omán, y calificó el arranque como positivo. Araghchi insistió en que Teherán ciñe el diálogo al expediente nuclear y a un alivio de sanciones, y rechazó ampliar la mesa a otros asuntos.
En paralelo a esos contactos, Ali Larijani, asesor del líder supremo Alí Jamenei, viajó el martes a Omán para consultas con el sultanato, antes de desplazarse a Qatar. Las conversaciones con Mascate giraron en torno a la posibilidad de un acuerdo “equilibrado y justo” y a un retorno al diálogo para reducir diferencias, mientras continúa sin fecha el siguiente encuentro entre delegaciones de Estados Unidos e Irán.
Las posiciones públicas mantienen una brecha amplia. Washington pide que Irán reduzca o entregue su stock de uranio enriquecido hasta el 60% y plantea un marco más amplio que incluya restricciones al programa balístico iraní, mientras Teherán reclama el levantamiento de sanciones financieras y defiende su derecho a actividades nucleares con fines civiles, incluido el enriquecimiento. El jefe del organismo nuclear iraní, Mohammad Eslami, vinculó cualquier paso sobre el material al alcance del alivio de sanciones, y el vicepresidente estadounidense JD Vance atribuyó a Trump la decisión final sobre las “líneas rojas” de la negociación.
El telón de fondo combina presión militar y sanciones. Trump ordenó el despliegue de una fuerza naval en la región y, en los últimos días, Estados Unidos aprobó nuevas medidas económicas vinculadas al comercio de petróleo y productos petroquímicos iraníes, además de un mecanismo arancelario dirigido a terceros países que mantengan compras a Irán. Con Netanyahu ya en ruta a Washington, la agenda inmediata queda marcada por su encuentro con Trump y por la falta de un calendario confirmado para la siguiente ronda con Teherán, que por ahora mantiene el canal abierto sin un paquete acordado.
