Irán afirmó el martes 10 de febrero que las conversaciones indirectas con Estados Unidos, celebradas la semana pasada en Omán, dejaron un grado de entendimiento suficiente para mantener abierta la vía diplomática sobre el expediente nuclear, en una coyuntura de refuerzo militar estadounidense en la región y de nuevas advertencias de acción armada desde Washington.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmaeil Baghaei, presentó el encuentro como una toma de contacto destinada a medir el margen real para avanzar. “La reunión de Mascate no fue larga. En nuestra opinión, sirvió para evaluar la seriedad de la otra parte y cómo continuar por este camino”, afirmó Baghaei. “Tras las conversaciones, consideramos que había entendimiento y consenso para continuar con el proceso diplomático”.
La ronda de Mascate del 6 de febrero reunió a delegaciones que operaron a través del ministro de Exteriores de Omán, Badr al-Busaidi, como intermediario. Irán envió a su ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, y Estados Unidos, al enviado especial Steve Witkoff y a Jared Kushner. Araqchi describió el arranque como “un buen comienzo” y sostuvo que Teherán limitó la agenda al asunto nuclear, con la exigencia de apartar amenazas y presión durante el diálogo.
El intercambio ocurrió bajo un despliegue naval estadounidense que el propio presidente Donald Trump presentó como una “armada” y que incluyó, entre otros medios, el portaaviones USS Abraham Lincoln y unidades aéreas y navales asociadas, con incidentes recientes en el entorno del estrecho de Ormuz.
El 9 de febrero, la Administración Marítima de Estados Unidos publicó nuevas recomendaciones para buques comerciales de bandera estadounidense que transitan esa ruta, con instrucciones para navegar lo más alejado posible de las aguas territoriales iraníes y rechazar verbalmente abordajes, sin resistencia física si se producen.
El contenido de una eventual negociación permanece abierto. Washington busca ampliar el perímetro a la capacidad balística iraní y otros asuntos, mientras Teherán presenta su arsenal de misiles como no negociable y lo vincula a la reconstrucción tras la campaña de bombardeos del año pasado.
En paralelo, Estados Unidos exige que Irán renuncie a su stock de uranio enriquecido hasta el 60% de pureza, y Teherán condiciona cualquier ajuste —incluida la dilución— al levantamiento total de sanciones financieras. Trump añadió presión económica con una orden ejecutiva que impone un arancel del 25% a importaciones desde países que compren bienes iraníes.
En este marco, Ali Larijani, asesor del líder supremo y secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, viajó el 10 de febrero a Omán para contactos que Baghaei calificó como programados con antelación y que incluyeron una reunión prolongada con el sultán Haitham bin Tariq, antes de su desplazamiento previsto a Qatar.
Baghaei también aludió al viaje de Benjamin Netanyahu a Washington del miércoles y pidió a Estados Unidos margen propio de decisión: “Debe actuar independientemente de presiones externas, especialmente presiones israelíes que ignoran los intereses de la región e incluso los de Estados Unidos”. La fecha y el formato de la próxima ronda aún no figuran en el calendario público.
