En su reunión del 11 de febrero en Washington con el presidente estadounidense Donald Trump, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostendrá que la fase 2 del plan de paz para Gaza “no avanza” y atribuirá ese estancamiento a la falta de avances en el desarme de Hamás, un elemento central del esquema impulsado por la Casa Blanca. La cita llega después de que ambos equipos adelantaran el encuentro, que inicialmente figuraba para el 18 de febrero, mientras la administración estadounidense intenta poner en marcha el tramo más político y operativo del plan.
Estados Unidos lanzó formalmente la fase 2 a mediados de enero mediante un paquete que incluye desmilitarización, gobernanza tecnocrática y reconstrucción, además del despliegue de un componente internacional de estabilización. El enviado Steve Witkoff describió la transición como un paso “del alto el fuego a la desmilitarización, la gobernanza tecnocrática y la reconstrucción”, y añadió un comité palestino de tecnócratas como un elemento de administración civil transitoria en el enclave.
La fase 2 exige que Hamás entregue las armas y abandone el control gubernativo, a la vez que Israel completa retiradas adicionales y acepta un marco de seguridad con participación externa. Los contactos no han reducido las diferencias sobre esos pasos, y funcionarios israelíes han trasladado a Washington que Israel prepara opciones para volver a la guerra si el desarme no progresa. El movimiento palestino mantiene capacidad armada y conserva cohetes y armamento ligero, un factor que condiciona cualquier calendario de retirada total y cualquier estructura de seguridad con participación multinacional.
El alto el fuego empezó el 10 de octubre de 2025 y frenó el combate a gran escala, aunque los incidentes continuaron. Israel retiró fuerzas de algunos puntos y suspendió asaltos terrestres, pero mantuvo el control de más de la mitad del territorio de Gaza, incluidas franjas junto a las fronteras israelí y egipcia, mientras Hamás mantuvo y reforzó su presencia en la zona costera donde se concentra la población. Desde el inicio de la tregua, los reportes de víctimas han seguido acumulándose, con centenares de palestinos muertos y bajas también en las filas israelíes.
La reapertura del paso de Rafah hacia Egipto mejoró el flujo del componente humanitario del plan, pero no resolvió las cuestiones de fondo. Al mismo tiempo, el plan de reconstrucción no ha conseguido compromisos financieros relevantes: potenciales donantes han evitado promesas ante el riesgo de reanudación de una ofensiva amplia y ante la ausencia de un mecanismo consensuado para administrar fondos, con presión para que Naciones Unidas, y no el órgano político del plan, gestione el dinero. Estimaciones diplomáticas sitúan el coste de la reconstrucción en el entorno de los $100.000 millones, y el propio esquema aún no fija una fecha para una conferencia de financiación.
El dispositivo institucional que supervisa la fase 2, el Consejo de Paz (“Board of Peace”) presidido por Trump, tiene prevista su primera reunión de líderes el 19 de febrero en Washington, con un formato que también busca recaudar fondos para la reconstrucción. El Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución que autoriza a ese marco y a los países asociados a establecer una fuerza internacional de estabilización en Gaza, un componente que depende de definiciones pendientes sobre mandato, despliegue y coordinación con retiradas israelíes.
La agenda de Netanyahu en Washington incluirá además las negociaciones con Irán, un expediente que impulsó el adelanto de la reunión y que el gobierno israelí quiere ampliar a límites sobre misiles balísticos y redes regionales. Además, la Casa Blanca ha reiterado su oposición a una eventual anexión israelí de Judea y Samaria, otro punto de fricción política que acompaña la fase 2 del plan para Gaza. Con la cita del 11 de febrero y el encuentro del 19 en el calendario, el proceso entra en una semana con hitos programados y sin señales verificables de inicio de un desarme que permita avanzar en la fase 2.
