Una capa de realidad aumentada permite entrenar combate en un F-16 real, con adversarios y apoyos sintéticos, sin depender de otros aviones ni rutinas fijas.
El “scramble” en Taiwán refuerza la prioridad de sostener salidas sucesivas
A finales de enero de 2026, en la base aérea de Chiayi, equipos de tierra cargaron misiles AIM-9M y AIM-120 en un F-16V y lo devolvieron al aire en una práctica de “scramble”. El objetivo consistió en acortar el tiempo entre el aterrizaje y el siguiente despegue, con recarga de armamento y reabastecimiento en el menor lapso posible. La escena resumió una idea: importa la rapidez para sostener salidas bajo presión.
Esa lógica también impulsa cambios en el entrenamiento. En Taiwán, el plan de modernización y compras elevó el peso del F-16 en la defensa antiaérea, con pedidos que apuntan a una flota superior a 200 aparatos. El programa atravesó ajustes de calendario y problemas de software, mientras la institución busca prácticas más orientadas al combate y menos dependientes de rutinas coreografiadas. El F-16V añade aviónica, radar y sistemas de armas más avanzados.
El foco ya no recae solo en el avión, sino en el conjunto que sostiene la operación: personal, procedimientos y capacidad para regenerar una salida tras otra. En ese marco, la modernización del F-16 sirve como base para enfrentar amenazas contemporáneas, pero también exige un adiestramiento que refleje decisiones rápidas, carga de trabajo real y limitaciones operativas. La intención consiste en convertir cada vuelo en un espacio de aprendizaje táctico con presión comparable.

El paso hacia un entrenamiento más realista requiere herramientas que permitan variar escenarios sin multiplicar recursos. Cuando el ejercicio depende de “agresores”, disponibilidad de células y autorizaciones complejas de espacio aéreo, la preparación se encarece y se vuelve menos repetible. Por eso toma fuerza una solución que acerca el simulador al vuelo real y permite problemas tácticos cambiantes sin necesidad de llenar el cielo con múltiples aeronaves adicionales.
Elementos operativos que define una práctica de “scramble” bajo presión
- Recarga rápida de misiles AIM-9M y AIM-120, seguida por un nuevo despegue en el menor lapso posible.
- Reducción del tiempo entre aterrizaje y salida para sostener ritmos de operación con estrés operativo.
- Enfoque en la capacidad de generar salidas sucesivas, más allá de las prestaciones del avión.
- Énfasis en procedimientos y coordinación de tierra como parte central de la disponibilidad real de la flota.
La realidad aumentada en el casco introduce combate sintético en cabina
En ese tránsito aparece una novedad que altera el reparto clásico entre vuelo real y simulador. El casco del F-16 ya puede introducir una batalla completa durante un vuelo real, con adversarios, apoyos y condiciones que no existen físicamente en el espacio aéreo. La Fuerza Aérea de Estados Unidos avanzó en la integración de un sistema de realidad aumentada en algunos F-16 operativos, con un visor que proyecta imágenes sobre la pantalla del piloto.
La lógica técnica empieza en la línea de visión. El sistema necesita conocer, con precisión angular y sin retrasos apreciables, hacia dónde apunta la cabeza en cada instante. A partir de esa referencia, el software inserta “entidades sintéticas” que el piloto percibe como objetos externos: un caza que cruza por el sector alto, contactos que cierran desde el sol, un punto de reabastecimiento o un elemento de navegación que impone restricciones de terreno.

La clave no se limita a mostrar un objeto digital, sino a mantenerlo registrado en el mundo real cuando el avión acelera, vibra, cambia de rumbo y el piloto soporta fuerzas G y variaciones de luz. Esas condiciones físicas marcan una diferencia frente al simulador de tierra. La arquitectura busca producir entrenamiento sintético en tiempo real dentro de la cabina, sin perder la exigencia del vuelo real ni la percepción espacial del piloto.
El F-16 ya usa desde hace años cascos que proyectan simbología y pistas de puntería, y ese historial facilita la llegada de la capa sintética. La modernización reciente incluye kits de adaptación de cascos con pantalla montada para bloques concretos, con un requisito de compatibilidad con cabina, asiento eyectable, oxígeno y procedimientos de emergencia. La base física exige resistencia a vibración, calor, sudor y uso nocturno con gafas apropiadas, sin penalizar el cuello por un peso mal distribuido.
Entrenamiento mixto, evaluación objetiva y controles de seguridad y protección
La diferencia de la nueva capa radica en que ya no solo muestra datos de misión o símbolos de puntería: añade participantes que no despegaron con el piloto. El entrenamiento deja de depender de que otro escuadrón aporte “agresores”, de que exista suficiente disponibilidad de células o de que el control del espacio aéreo autorice un ejercicio complejo con muchas aeronaves. El piloto despega con un plan real y recibe un problema táctico que cambia, con repetición exacta y variación controlada.
La simulación en vuelo encaja en el enfoque que une elementos reales, virtuales y constructivos. Un avión real comparte un mismo guion con participantes virtuales y con entidades constructivas producidas por software, pero mantiene la condición física del vuelo: carga de trabajo, meteorología, vibración y restricciones de combustible, altitud y tráfico. Ese traslado parcial del simulador al aire permite práctica táctica con presión auténtica, sin renunciar a la repetibilidad que el vuelo “en vivo” rara vez logra.

En evaluación, el sistema puede registrar qué vio el piloto, cuándo miró, qué seleccionó y en qué momento tomó una decisión, y luego usar ese registro para un debriefing más objetivo que el basado solo en memoria y radio. Esa integración exige controles de seguridad estrictos: el sistema no puede interferir con instrumentos de vuelo ni introducir ambigüedad en fases críticas, como recuperación de pérdida, aproximación o emergencia. La cabina requiere separación nítida entre información táctica y seguridad del vuelo.
La conectividad y el contenido de escenarios también plantean requisitos de protección, porque el entrenamiento moderno usa librerías de amenazas y tácticas como información sensible. A la vez, la capa sintética conecta con la tendencia hacia operaciones con plataformas no tripuladas junto a cazas tripulados. En abril de 2024, la Fuerza Aérea de Estados Unidos acotó a dos empresas la fase de diseño y pruebas de aviones autónomos colaborativos, con decisión de producción para el año fiscal 2026 y objetivo de capacidad antes de fin de década. En febrero de 2025, un programa de casco de realidad mixta del Ejército pasó a una empresa de tecnología de defensa. En Europa, una fuerza aérea probó realidad aumentada en un entrenador avanzado con adversarios virtuales.
![Los F-16 Fighting Falcons de la Fuerza Aérea de EE. UU. vuelan una misión de patrulla de presencia de rutina sobre el área de responsabilidad del Comando Central de EE. UU., el 25 de enero de 2025. [Nota del autor: el avión en el fondo está armado con un lanzacohetes de 7 rondas, mientras que el del primer plano tiene una mezcla de misiles AIM-120C, AIM-9M y AIM-9X.] (Foto de la Fuerza Aérea de los EE. UU. por el sargento Jackson Manske)](https://israelnoticias.com/wp-content/uploads/2025/07/F-16-armados-750x375.webp)