Estados Unidos avanza en los preparativos para reforzar su presencia naval en Oriente Medio con un segundo grupo de ataque de portaaviones, mientras mantiene abierta una vía de negociación con Irán para evitar un nuevo choque. El presidente Donald Trump dijo en entrevistas que estudia ese despliegue y lo vinculó al desenlace de las conversaciones con Teherán.
Trump sostuvo que Estados Unidos tendría que hacer “algo muy duro” si no consigue un acuerdo y encuadró esa advertencia en las conversaciones mediadas por Omán, que comenzaron la semana pasada y que ambas partes presentaron como un punto de partida para seguir. El presidente recordó la campaña de bombardeos del año pasado.

El primer grupo de ataque ya opera en el área de responsabilidad del Mando Central estadounidense. El portaaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores con misiles guiados entraron en la región el 26 de enero tras salir del Indo-Pacífico, lo que amplió las opciones de Washington para proteger a sus fuerzas y, si la Casa Blanca lo decide, actuar contra Irán.
El Pentágono también desplegó cazas y sistemas de defensa antiaérea, y anunció ejercicios para exhibir su capacidad de despliegue y de sostenimiento de potencia aérea de combate. Ese conjunto de movimientos acompaña la presencia del primer portaaviones y se integra en el esfuerzo de disuasión en la zona, según el planteamiento estadounidense.
Para un segundo envío, funcionarios estadounidenses señalaron como candidatos principales al USS George Washington, con base en Asia, y al USS George H.W. Bush, en la costa este, aunque ambos requerirían al menos una semana para llegar a Oriente Medio. El Pentágono estudia además la opción de enviar el USS Gerald R. Ford desde el Caribe.

(Crédito de la foto: REUTERS/HANNAH MCKAY)
Si el plan se concreta, Washington situaría dos portaaviones en el teatro en un momento en que combina advertencias públicas con una agenda de contactos indirectos con Teherán. La medida se presentaría como un refuerzo de la postura militar, sin cerrar la puerta al canal diplomático que Omán facilitó en el inicio del proceso.
El refuerzo no se limita a la flota. Un análisis de imágenes satelitales registró un incremento de aeronaves y de material militar en varias bases de la región. En Al Udeid, Qatar, el mayor emplazamiento estadounidense en Oriente Medio, imágenes del 1 de febrero mostraron un RC-135, aviones C-130 y C-17, y 18 cisternas KC-135.
El mismo análisis identificó sistemas antiaéreos Patriot MIM-104 instalados en camiones tácticos pesados, una configuración que permite reposicionarlos con rapidez ante un eventual ataque. La presencia de esos medios se sumó al resto de despliegues en el área, en un esquema que acompaña la actividad naval y amplía el dispositivo de defensa.
En Jordania, imágenes del 2 de febrero mostraron cazabombarderos F-15E, aviones A-10 de apoyo cercano, aeronaves EA-18G de guerra electrónica y aparatos de transporte en la base de Muwaffaq Salti. El patrón incluyó también movimientos en Arabia Saudí, Diego García y Omán, con aumentos de aeronaves de transporte y de apoyo logístico.

La acumulación acompaña el despliegue naval y busca sostener tanto la disuasión como la capacidad de respuesta inmediata. En paralelo, la agenda diplomática continúa abierta y se centra en el alcance de un eventual acuerdo. Washington quiere ampliar la negociación más allá del programa nuclear e incorporar el arsenal de misiles balísticos iraní.
Teherán rechaza ese marco. Un portavoz de Exteriores afirmó que, tras la primera ronda, existió “entendimiento y consenso” para proseguir el proceso diplomático, pero dirigentes iraníes insistieron en que las capacidades de misiles no se someten a discusión. En este contexto, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu viajó a Washington.
Netanyahu busca que cualquier entendimiento incluya límites a los misiles y a la proyección regional iraní. El núcleo técnico de la negociación nuclear también permanece en disputa. Estados Unidos exige que Irán entregue su reserva de uranio enriquecido hasta el 60% de pureza, mientras Teherán supedita cualquier concesión a un levantamiento de sanciones.
Irán defiende además su derecho a enriquecer. El jefe del organismo atómico iraní relacionó la posibilidad de diluir ese material con una contrapartida completa en sanciones. Tras una reunión de casi tres horas con Netanyahu, Trump dijo que no alcanzó “nada definitivo” y que prioriza continuar las conversaciones, mientras la preparación del segundo portaaviones mantiene la presión militar.
