La represión de las protestas extendidas por Irán dejó al menos 7.002 muertos, de acuerdo con un recuento actualizado difundido este jueves por la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos, una organización con sede en Estados Unidos. La cifra supera el balance oficial de 3.117 muertos que el Gobierno iraní comunicó el 21 de enero, en la única actualización pública de víctimas mortales que reconoció hasta ahora.
La organización explicó que construye su registro a partir de una red de colaboradores dentro del país y que verifica los casos con la información que logra reunir en un entorno de comunicaciones restringidas. El propio grupo atribuyó la evolución lenta del total a las dificultades para confirmar identidades y circunstancias en distintas provincias, mientras persisten obstáculos para acceder a datos hospitalarios y a información sobre detenciones.
Las limitaciones para contrastar el número de víctimas aumentaron por cortes de internet y por interrupciones de llamadas internacionales. Autoridades iraníes bloquearon líneas telefónicas y conexiones desde el 8 de enero, cuando las protestas se extendieron, y permitieron llamadas internacionales salientes a partir del 13 de enero, aunque mantuvieron bloqueadas las entrantes durante más tiempo, de acuerdo con testimonios y verificaciones recogidas fuera del país.
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre con concentraciones en Teherán vinculadas al deterioro económico y luego derivaron en movilizaciones más amplias con consignas contra el sistema de gobierno. La violencia se aumentó a inicios de enero, con episodios de fuego real reportados por testigos en puntos de la capital y en otras ciudades, en un despliegue que también alcanzó a personas que no participaban en las manifestaciones, de acuerdo con relatos recabados desde el interior.
En recuentos anteriores, la misma organización con sede en Estados Unidos informó que verificó 4.519 muertes vinculadas a los disturbios y mantenía 9.049 casos adicionales en revisión, mientras un funcionario iraní citó una cifra superior a 5.000 muertos, con 500 integrantes de fuerzas de seguridad incluidos en ese cómputo. La actualización a 7.002 consolida un salto que, en la práctica, profundiza la divergencia entre registros de activistas, estimaciones parciales de funcionarios y el conteo oficial divulgado en enero.
La discrepancia quedó expuesta también en foros internacionales. En enero, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU celebró una sesión de emergencia y aprobó ampliar una investigación previa para documentar la represión más reciente y preservar evidencias con miras a eventuales procesos legales. El alto comisionado Volker Türk pidió a las autoridades poner fin a la represión y atender la situación de las personas detenidas.
El aumento del recuento de víctimas coincide con un contexto político tenso dentro y fuera de Irán. El 11 de febrero, el país conmemoró el 47º aniversario de la Revolución Islámica con actos masivos organizados por el Estado en Teherán y otras ciudades, mientras la crisis interna por las protestas recientes se entrelazó con gestiones diplomáticas regionales y con la presión externa ligada a las conversaciones sobre el programa nuclear.
