Estados Unidos despliega dos grupos de portaaviones en Oriente Medio mientras Trump presiona a Irán por su programa nuclear y crecen temores de guerra regional.
Refuerzo militar de Estados Unidos y temor a escalada
Con un grupo de ataque de portaaviones estadounidense ya en Oriente Medio y otro en ruta, el presidente Donald Trump intensifica la presión para que Irán abandone su programa nuclear. El movimiento amplía los temores a otra guerra que pueda escalar y derivar en un conflicto regional. La tensión aumenta mientras los actores evalúan sus capacidades y los posibles costos de una nueva confrontación directa.
La guerra de 12 días entre Israel e Irán el año pasado inutilizó partes clave del aparato militar iraní, aunque no neutralizó por completo sus capacidades. Esa diferencia adquiere relevancia en un escenario que cambia con rapidez y donde cada cálculo estratégico influye en la estabilidad regional. Si la confrontación se reanuda, reaparece el riesgo de una contienda más extensa y duradera.
El peligro crece si el liderazgo iraní interpreta la lucha como un asunto vinculado a la supervivencia del régimen. Esa percepción altera los incentivos y amplía el margen de respuesta. Cuando un gobierno considera que su continuidad está en juego, las represalias pueden intensificarse y las decisiones adquieren un carácter más arriesgado, con efectos que trascienden las fronteras inmediatas de la guerra.
La guerra del 13 al 24 de junio comenzó con ataques israelíes contra el programa nuclear iraní y mandos militares de alto nivel. Israel sostuvo que actuó ante una amenaza existencial vinculada al programa nuclear y al arsenal de misiles balísticos iraníes. Estados Unidos intervino con bombardeos sobre tres instalaciones nucleares, lo que marcó un punto de inflexión en la confrontación.
Claves militares del enfrentamiento previo
- Estados Unidos utilizó bombas “bunker-buster” lanzadas desde bombarderos furtivos B-2 que partieron de Misuri.
- Irán respondió con un ataque con misiles contra una base estadounidense en Qatar, sin víctimas.
- Israel degradó de forma significativa las defensas antiaéreas iraníes y destruyó numerosos lanzadores.
- Irán lanzó cientos de misiles y más de 1.000 drones de ataque durante 12 días.
Capacidades aéreas y riesgo para bases estadounidenses
Israel logró dejar el espacio aéreo iraní expuesto tras ataques aéreos y operaciones encubiertas. Irán no empleó su fuerza aérea, consciente de que sus F-14 y MiG-29 no igualaban a los F-35 estadounidenses y a otros aviones israelíes. Ese escenario permitió oleadas de bombardeos y la salida de los B-2 sin que enfrentaran ataques directos durante la operación.
Según Sascha Bruchmann, analista del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos en Baréin, ese patrón podría repetirse si vuelven las hostilidades. A su juicio, el cielo permanece abierto para aviones estadounidenses e israelíes. El desafío radica en cómo defender la región frente a represalias, ya que en una guerra ampliada Irán podría atacar bases estadounidenses desplegadas en la zona.
Bruchmann señaló que Teherán podría golpear infraestructuras petroleras y minar el estrecho de Ormuz, paso clave entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. También mencionó posibles intentos de atacar portaaviones estadounidenses, aunque subrayó que cuentan con sistemas de defensa robustos.
Si el régimen considera que su supervivencia está en juego, el cálculo cambia de forma drástica. En la guerra previa, Irán lanzó cientos de misiles y más de 1.000 drones de ataque, con casi tres docenas de civiles israelíes muertos y miles de heridos. Esa experiencia ilustra el alcance de las represalias que podría contemplar en un escenario más amplio.
Misiles, fuerzas regionales y equilibrio militar
Analistas israelíes sostienen que sigue incierto cuánto reconstruyó Irán tras la guerra. Imágenes satelitales muestran intentos de reactivar la fabricación de misiles, mientras filtraciones en medios israelíes indican que Israel asume que Teherán conserva una cantidad sustancial de misiles balísticos de corto alcance. Los ataques anteriores se concentraron en amenazas consideradas inmediatas.
Los funcionarios priorizaron misiles de alcance medio y largo, lo que redujo la capacidad iraní para amenazar a Israel sin eliminarla por completo. La aptitud para atacar bases estadounidenses cercanas con misiles de corto alcance habría cambiado poco. Se estima que Irán mantiene más de 1.000 misiles de largo alcance y varios miles de menor alcance.
Las reservas solo resultan decisivas si se preservan los sistemas de lanzamiento. Israel destruyó numerosos lanzadores, aunque no todos. Informes señalan que Irán trabajó con intensidad para reconstruir esa capacidad. En paralelo, el ejército iraní supera en número al israelí, con unos 600.000 efectivos regulares y 200.000 miembros en la Guardia Revolucionaria, incluida la fuerza Quds.
Aun así, las Fuerzas de Defensa de Israel se consideran superiores en tecnología y entrenamiento. Israel dispone de 170.000 miembros activos y 400.000 reservistas, con equipamiento reciente de Estados Unidos y Europa. Cuenta además con apoyo estadounidense en bases como Al Udeid, en Qatar. Milicias vinculadas a Irán en Irak podrían amenazar a tropas estadounidenses, lo que obliga a planificar con el objetivo de evitar bajas.
