Según la policía, unas 80 000 personas se han sumado hoy a una manifestación contra el Gobierno iraní en la ciudad alemana de Múnich, mientras líderes mundiales se reunían cerca para una conferencia sobre seguridad. La protesta se desarrolló en paralelo a ese encuentro y concentró a participantes de la diáspora iraní.
Los manifestantes se congregaron en la zona de Theresienwiese, en Múnich, para denunciar al liderazgo de la República Islámica de Irán tras la represión mortal de las protestas nacionales de enero. La agencia estadounidense Human Rights Activists News Agency indicó que 7008 personas murieron en la represión, en su mayoría manifestantes.
Grupos de derechos humanos señalaron que la cifra real podría ser mucho mayor. La misma fuente añadió que más de 53 000 personas fueron detenidas. A medida que avanzó la jornada, la estimación de asistencia se ajustó al alza y la policía revisó su cálculo inicial.
Medios internacionales, que citaron a la policía local, informaron que la concentración en Theresienwiese llegó a situarse en torno a 200.000 personas. La convocatoria se vinculó a un “día global de acción” de la diáspora iraní y se celebró en paralelo a la reunión de líderes y ministros en la ciudad.
La protesta coincidió con la 62ª edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, celebrada entre el 13 y el 15 de febrero en sedes como el Hotel Bayerischer Hof y el Rosewood Munich. La organización del foro informó de la asistencia de decenas de jefes de Estado y de gobierno.
También acudieron líderes de organizaciones internacionales, según el propio encuentro. Coberturas en directo destacaron intervenciones centradas en Ucrania, el debate transatlántico y la situación en Oriente Medio, en un programa que se desarrolló mientras la manifestación avanzaba en el centro de Múnich.
En el plano político, la movilización incluyó mensajes de respaldo a figuras opositoras en el exilio, entre ellas Reza Pahlavi, a quien distintas crónicas situaron en la agenda pública del fin de semana en Múnich. Esas informaciones recogieron un llamado a elevar el apoyo occidental a los iraníes.
Los reportes aludieron a la represión posterior a las protestas de enero y a movilizaciones de solidaridad en ciudades con comunidades iraníes, como Los Ángeles y Toronto. En ese marco, se describió una ola de protestas en Irán que, según medios y organizaciones de derechos humanos, aumentó entre finales de 2025 y enero de 2026.
Esa dinámica derivó en un operativo de seguridad con miles de detenciones y restricciones severas de comunicaciones. En paralelo a las cifras citadas por HRANA, autoridades iraníes difundieron un balance oficial menor, con 3.117 muertos, lo que abrió discrepancias públicas sobre metodología y verificación independiente.
El contexto incluyó apagones de internet y acceso limitado de observadores, según los mismos reportes. Organizaciones internacionales advirtieron además sobre el riesgo de tortura, desaparición forzada y juicios sin garantías para detenidos vinculados a las protestas, en un entorno con dificultades para confirmar identidades, paraderos y cargos.
Ese punto se convirtió en una de las demandas recurrentes de la diáspora en Europa: condicionar relaciones y cooperación con Teherán a estándares verificables de derechos humanos y a la liberación de detenidos por motivos políticos. La manifestación en Múnich expuso esa exigencia junto con la denuncia de la represión descrita.
