Más de un año después de quedar libre del cautiverio en Gaza, Arbel Yehoud recordó los 482 días en los que permaneció retenida tras ser secuestrada por Hamás. Cuatro meses antes, se reencontró con su pareja, Ariel Konio, secuestrado con ella y cautivo durante 738 días.
En una entrevista con Channel 12, Yehoud contó que solo tras la liberación de Konio en el acuerdo de rehenes de octubre entendió hasta qué punto él desconocía partes centrales de lo ocurrido. “Ariel y yo nos sentamos juntos y empezamos a hablar“, recordó. “Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que él no tenía idea de lo que yo había pasado en cautiverio”.
Yehoud sostuvo que todavía le resulta difícil poner en palabras la dimensión completa de su calvario y que prefiere mantener los recuerdos más dolorosos, según dijo, “en una maleta cerrada“. Al aludir al testimonio de otra superviviente, señaló que episodios presentados como hechos aislados se repetían para ella de forma casi diaria durante esos 482 días.
Konio se refirió al impacto de escuchar lo que ella soportó mientras permanecían separados. “Aunque lo entendiera, no quería aceptarlo”, dijo. “Y entonces te golpea como un puñetazo en el estómago. Sientes como si todo tu mundo se derrumbara“. Relató que, tras esa conversación, sufrió una respuesta física inmediata que marcó el cierre del día.
“Al final de ese día, se notó. Me desmayé. Empecé a temblar. Mi cuerpo simplemente colapsó”, afirmó Konio al describir lo que experimentó después de hablar con Yehoud. Su testimonio se centró en cómo la información recibida se tradujo en una reacción corporal intensa y repentina.
Yehoud explicó que optó por guardar sus vivencias hasta el regreso de Konio. “Tenía un deseo muy fuerte de conservarlo hasta que Ariel volviera, porque es la persona más cercana a mí y con quien quiero compartirlo“, dijo. “Y aún no estamos ahí. Es muy difícil”. También expresó admiración por exrehenes que relatan su trauma.
“Aprecio y quiero a quienes pueden sentarse, abrir la boca y contar lo que ocurrió“, añadió. En su caso, indicó que la experiencia de hablar en público sigue marcada por límites que todavía no supera. Esa distancia, dijo, convive con el deseo de compartir lo vivido con la persona que considera más cercana.
Retenida sola durante todo el cautiverio, Yehoud afirmó que su salud mental empeoró de manera severa y que intentó suicidarse en tres ocasiones. “Hubo momentos en los que sentí que no podía seguir, que tal vez esa era la única salida”, dijo. En un momento, afirmó, vio imágenes de una manifestación en la Plaza de los Rehenes en Tel Aviv.
Según su relato, esas imágenes la convencieron de continuar con vida. También describió un periodo prolongado de aislamiento, hambre y abusos mentales, sexuales y físicos, y mencionó que sufrió dos costillas rotas. Pese a ello, rechazó detallar más aspectos y mantuvo parte de lo ocurrido fuera de su relato.
A lo largo de los 482 días, señaló, los pensamientos sobre Konio le sirvieron de sostén. “Cada vez que recordaba a Ariel, me daba fuerzas para seguir respirando», dijo, al referirse a los momentos de mayor lucha. En esa referencia, ubicó un elemento constante que la acompañó durante el encierro.
