El primer vuelo del KAAN en febrero de 2024 reordenó la modernización aérea turca tras la expulsión del F-35 y la disputa por el S-400.
El primer vuelo del KAAN reordena la modernización aérea de Turquía
Tras despegar el 21 de febrero de 2024, un prototipo del caza KAAN regresó a una base al norte de Ankara y completó el primer vuelo de un avión de combate nacional que Turquía presenta como de quinta generación. Desde ese hito, Ankara colocó el programa en el centro de su modernización aérea después de quedar fuera del F-35. El objetivo combina autonomía industrial con requisitos operativos de la OTAN y preserva un margen de decisión política.
La secuencia que abrió ese espacio comenzó en 2019, cuando Washington inició la exclusión de Turquía del F-35 tras el inicio de las entregas del sistema ruso S-400 y comunicó la suspensión y la retirada formal del programa. En ese momento, Turquía fabricaba más de 900 piezas del F-35 y la salida obligó a trasladar la cadena de suministro. El coste estimado osciló entre 500 y$600 millones en ingeniería no recurrente.
Además del traslado industrial, Ankara perdió una proyección de más de$9.000 millones en carga de trabajo a lo largo de la vida del programa. El plan de compra turco contemplaba 100 aviones F-35 y, en paralelo, el Pentágono puso fin al entrenamiento de pilotos turcos. También programó su salida de Estados Unidos antes de finales de julio de 2019, con un efecto inmediato sobre la preparación de personal y la planificación futura.

La controversia no se limitó a la adquisición de aeronaves, ya que el S-400 introdujo un problema de confianza técnica y de seguridad en una alianza con arquitectura compartida, enlaces de datos y procedimientos integrados. Por ese motivo, Washington sostuvo que la coexistencia entre un sistema ruso de defensa antiaérea y un avión con baja firma y sensores avanzados podía facilitar la recopilación de inteligencia sobre capacidades críticas. En el mismo periodo, la OTAN señaló que el S-400 no encaja en su defensa antiaérea integrada.
Datos clave de la salida turca del F-35 y el impacto inmediato
- Washington inició en 2019 la exclusión de Turquía del F-35 tras las entregas del sistema ruso S-400.
- Turquía fabricaba más de 900 piezas del F-35 y la salida forzó el traslado de la cadena de suministro.
- El coste estimado del traslado se situó entre 500 y$600 millones en ingeniería no recurrente.
- Ankara perdió una proyección de más de$9.000 millones en carga de trabajo durante la vida del programa.
- El Pentágono puso fin al entrenamiento de pilotos turcos y fijó su salida antes de finales de julio de 2019.
El programa TF-X y el papel de la industria en la campaña de ensayos
Con ese trasfondo, el KAAN avanzó como respuesta industrial y no como una iniciativa principalmente simbólica. Turquía lanzó en 2016 el proyecto TF-X para producir un avión de combate nacional y, en 2017, firmó un acuerdo valorado en$125 millones con BAE Systems para apoyar el desarrollo del caza de nueva generación. El programa progresó hasta presentar un prototipo que rodó, despegó y aterrizó, con imágenes difundidas como evidencia del salto a la fase de pruebas.

Tras el paso desde el diseño asistido y la integración de sistemas, el programa entra en una campaña de ensayos que exige verificación progresiva de prestaciones, programas informáticos, aviónica, seguridad de vuelo y mantenimiento. Esa fase concentra una parte relevante del coste y de la duración total. A partir de la evidencia del vuelo, el reto pasa por sostener un proceso que suele prolongarse y exige disciplina técnica en cada hito de validación.
El objetivo de autonomía que Ankara plantea depende de la célula con geometría de baja detectabilidad y de la integración de sensores, aunque el sistema de propulsión resulta igual de decisivo. Las autoridades turcas reconocieron que el KAAN volará inicialmente con dos motores General Electric F110, los mismos que equipan a los F-16. Además, fijaron como objetivo incorporar motores producidos en el país para la producción en serie, una condición central para reducir dependencias industriales.
La dirección de la industria de defensa turca situó el inicio de la producción en serie en 2028, con un calendario que combina urgencia política y trabajo técnico de alto riesgo. Un motor con poscombustión para un caza moderno requiere pruebas prolongadas, tolerancias estrictas y una cadena de suministro de materiales y procesos que pocos países dominan sin apoyo externo. El programa, por tanto, queda expuesto a cuellos de botella típicos de la propulsión y de la maduración industrial.
Plan transitorio con F-16 y Eurofighter bajo la sombra del S-400
Mientras progresa ese calendario, Turquía adoptó un plan transitorio para cubrir su déficit de capacidades dentro de la OTAN. Ankara cerró un acuerdo con Estados Unidos para adquirir 40 F-16 y 79 paquetes de modernización para su flota existente tras un proceso prolongado. Al mismo tiempo, mantuvo el interés por 40 Eurofighter Typhoon y abrió conversaciones con el consorcio europeo y con Reino Unido como interlocutor central para asegurar disponibilidad de cazas avanzados durante la espera.
El ministerio de Defensa turco formuló en 2025 un criterio operativo que resume ese enfoque: adquirir en el exterior los sistemas necesarios hasta el inicio de las entregas del KAAN. La compatibilidad del plan con la Alianza Atlántica depende, sin embargo, del mismo asunto que desencadenó la expulsión del F-35. El S-400 sigue como variable política y técnica, ya que afecta la cooperación, las sanciones y los obstáculos para un eventual reinicio de vínculos ligados al programa.

En diciembre de 2025, el ministerio de Defensa turco afirmó que no registró cambios respecto a la posesión del S-400 durante conversaciones con Estados Unidos sobre sanciones y obstáculos para retomar cooperación vinculada al F-35. El intercambio diplomático incluyó referencias a restricciones legales en Estados Unidos: la embajada estadounidense en Ankara indicó que la legislación no permitiría el retorno al programa mientras el S-400 permanezca en operación o en posesión, según esa posición oficial.
Turquía sostuvo que el sistema no se integrará en la arquitectura de la OTAN y reclamó un tratamiento “en el espíritu de la alianza” para desbloquear el expediente. Con esa situación como referencia, el KAAN opera a la vez como programa de soberanía tecnológica y como indicador de continuidad aliada. Ankara no presentó el avión como una salida del entorno occidental, sino como una vía para reducir dependencias en un periodo con sanciones, vetos y políticas de exportación que condicionan la planificación militar.
Autonomía, tecnologías de quinta generación y presión sobre financiación industrial
La diferencia con el F-35 no se apoya todavía en una comparación pública de prestaciones, sino en la intención de construir una alternativa nacional dentro de la misma categoría generacional. Las autoridades turcas vincularon el KAAN a “tecnologías que pocos países” poseen, con una referencia implícita a baja observabilidad, sensores distribuidos, fusión de datos, conectividad táctica y gestión de armas con arquitectura digital. Aun así, la realidad industrial impone límites propios de cualquier avión de combate avanzado.
La campaña de ensayos, la certificación de seguridad, la integración de armamento y la estabilidad de los programas informáticos suelen exigir años y presupuestos crecientes. El programa necesita mantener ritmo sin pérdida de apoyo político ni rupturas en la cadena de suministro, ya que los retrasos tienden a amplificar costes y riesgos. En ese contexto, la compra de F-16 y la búsqueda de Eurofighter expresan interoperabilidad y urgencia operativa, mientras el KAAN apunta a control sobre diseño, integración y modernización.

Ese control busca capacidad para decidir modernizaciones sin autorización de terceros, un punto sensible para cualquier fuerza aérea que opera aeronaves con programas informáticos y componentes sujetos a permisos de exportación. Bajo esa lógica, el KAAN queda asociado a un ciclo completo del sistema, con mantenimiento y evolución futura bajo control nacional en la medida de lo posible. La persistencia del S-400, sin embargo, mantiene un factor externo que condiciona la relación con Estados Unidos y el entorno aliado.
Hacia finales de 2025, Ankara también dejó claro que su inversión aeroespacial abarca más que el KAAN, ya que busca volumen industrial y contratos externos para financiar capacidades y retener personal cualificado. Turquía firmó con España un acuerdo de 2.600 millones de euros para que la fuerza aérea española adquiera 30 aviones de entrenamiento ligero fabricados por Turkish Aerospace Industries a partir de 2028. Con ese contexto, el KAAN queda como el proyecto donde confluyen política, ingeniería y diplomacia.
