Tomografías y radiografías de un hospital iraní reúnen decenas de lesiones por perdigones y balas de gran calibre, con impactos repetidos en rostro, pecho y genitales.
Tomografías y radiografías registran heridas graves en una sola noche
En los cortes del rostro de Anahita (nombres cambiados), pequeños puntos blancos aparecen como una constelación, con destellos en las órbitas de los ojos, el mentón, la frente y los pómulos. Algunas marcas se distinguen incluso sobre la masa oscura del cerebro. Cada punto corresponde a una esfera metálica de 2 a 5 milímetros, expulsada por una escopeta y captada por rayos X en una tomografía computarizada.
La distancia del disparo modifica el daño: cuando la descarga se dispersa, los proyectiles se reparten y reducen su fuerza, pero aun así pueden perforar el globo ocular. A corta distancia, pueden fracturar huesos y atravesar tejidos del rostro con facilidad. Anahita, con poco más de 20 años, perdió al menos un ojo y la posibilidad de que haya perdido ambos queda abierta en los registros descritos.
La imagen de su cabeza forma parte de más de 75 conjuntos de estudios médicos, en su mayoría radiografías y tomografías, enviados desde un hospital de una ciudad importante de Irán. Los exámenes quedaron registrados durante una sola noche, cuando el régimen reprimió a manifestantes en enero. En tonos grises, los archivos narran la violencia aplicada a manifestantes y transeúntes por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI).
Los archivos refuerzan relatos de médicos y manifestantes de todo el país, que describen un cambio respecto al “control de multitudes” habitual y el uso de fusiles de asalto y escopetas de gran calibre. Los registros exhiben un patrón de impactos en el rostro, el pecho y los genitales, ya observado en las protestas de 2022 “Mujer, vida, libertad”. En conjunto, reúnen en pocas horas decenas de heridas potencialmente mortales en un solo hospital.
Patrones que aparecen de forma reiterada en los estudios revisados
- Los impactos se repiten en rostro, pecho y genitales, según los registros médicos analizados.
- Se documentan perdigones metálicos de 2 a 5 milímetros incrustados en tejidos, incluso en órbitas oculares y cráneo.
- Las lesiones incluyen disparos de gran calibre con proyectiles visibles o trayectorias compatibles con balas de alta velocidad.
- Las tomografías se concentran en pacientes que los médicos consideraron salvables y que sobrevivieron lo suficiente para estudios detallados.
Lesiones por munición real y gran calibre con trayectorias visibles en tomografía
Varias imágenes muestran daños catastróficos que pueden resultar fatales incluso con cirugía inmediata. La tomografía de Vahid*, un joven, deja ver una bala de gran calibre alojada en el cuello, con la tráquea desplazada hacia la derecha por sangre acumulada e inflamación del tejido lesionado. En otro caso, un hombre de mediana edad presenta una bala suspendida en el cerebro y una burbuja de gas dentro del cráneo.
Los expertos describen ese hallazgo como señal de daño cerebral devastador y “probablemente no sobrevivible”. Otros dos hombres jóvenes muestran balas de gran calibre junto a la columna vertebral. En otra tomografía, una mujer joven presenta una bala deformada que parece ingresar por debajo del brazo derecho, atravesar el pulmón, donde se concentran gas y sangre, y detenerse al lado izquierdo de la columna.
Un panel de especialistas en salud y balística fuera de Irán evaluó las imágenes en una revisión con la plataforma de verificación Factnameh. Entre los revisores participaron un médico de urgencias, un radiólogo y un especialista en imagenología de trauma. Un exmédico iraní de sala de emergencias independiente también revisó los archivos, señaló que el software coincide con el que se usa en el hospital y no observó indicios de manipulación.
Las estimaciones sobre el alcance probable de las lesiones se basan en evaluaciones médicas, aunque los expertos subrayan que, sin historiales clínicos completos y sin múltiples series por paciente, no pueden establecer diagnósticos definitivos en casos individuales. La Dra. Rohini Haar, profesora adjunta en UC Berkeley y asesora médica de Physicians for Human Rights, calificó los casos como “impactantes” por su cantidad y severidad, y destacó lo inusual del uso de munición real y balas de gran calibre.
Perdigones metálicos: dispersión a distancia y devastación a quemarropa
Irán integra un pequeño grupo de Estados cuyas fuerzas armadas y policía emplean perdigones metálicos. Un perdigón aislado no produce el mismo daño que una bala, pero puede resultar catastrófico. A larga distancia, los perdigones se dispersan y alcanzan a la multitud sin distinción; incluso uno solo puede provocar daños terribles. Varias radiografías muestran cráneos con uno o dos perdigones, lo que sugiere disparos desde más lejos.
Los estudios también muestran disparos a corta distancia, cuando una persona puede recibir cientos de impactos y sufrir destrucción de tejidos blandos. Las radiografías del tórax de Ali* muestran más de 174 perdigones metálicos repartidos en la cavidad torácica derecha, con un agrupamiento denso que apunta a una distancia extremadamente corta. Su pulmón derecho colapsó de forma parcial y quedó rodeado por sangre y gas en fuga.
Incluso con cirugía extensa e inmediata, los expertos que revisaron las imágenes estimaron un riesgo de muerte muy elevado. Haar afirmó que la idea de que los perdigones resultan menos mortales que la munición real no coincide con lo observado en estos casos. Según su explicación, a quemarropa las esferas metálicas penetran de forma masiva y actúan como múltiples impactos simultáneos dentro del cuerpo.
Dentro del conjunto de registros, 29 pacientes recibieron impactos de perdigones en el rostro. Safie*, una mujer de mediana edad, aparece con joyas sencillas en la primera tomografía, mientras las esferas metálicas se observan incrustadas con profundidad en el tejido del cerebro. Las imágenes reflejan esfuerzos médicos como una craneotomía y muestran que se extrajeron algunos perdigones, aunque más de 20 permanecen en su cabeza y cuello.
Impactos en la zona genital y secuelas a largo plazo descritas por expertos
Al menos nueve pacientes recibieron disparos en la zona genital o pélvica con perdigones o, en tres casos, con fusiles de gran calibre. En un caso, una mujer de mediana edad sufrió un disparo en la ingle y presenta casi 200 esferas metálicas distribuidas por los muslos y la pelvis. Un hombre de 35 años muestra lesiones similares, con perdigones dispersos en la ingle, según el análisis médico citado en los registros.
Los especialistas señalaron que estas heridas pueden causar desfiguración grave y lesiones graves en los genitales, el perineo, el recto y la vejiga urinaria. También indicaron que la incontinencia urinaria y fecal, la esterilidad y la impotencia figuran entre posibles consecuencias a largo plazo. El conjunto de registros describe, así, lesiones que amenazan la vida y también dejan secuelas profundas en funciones corporales esenciales.
En nueve casos, las balas de gran calibre permanecen incrustadas en el cuerpo y se observan con claridad en las tomografías. En otros siete, el proyectil no aparece, pero expertos en balística y medicina coincidieron en que lesiones como un fémur fracturado con fragmentos metálicos a lo largo de una trayectoria definida se debieron con extrema probabilidad a una bala de alta velocidad, conforme a las evaluaciones incluidas en la revisión.
Dos especialistas independientes en balística analizaron imágenes con proyectiles visibles y las identificaron como balas de encamisado completo, compatibles con disparos de fusiles de asalto como el AK-47 o el KL-133, armas que se describen como empleadas por el CGRI. Un experto en balística afirmó que se trata de armas con propósito letal y que, al dispararlas contra personas, se busca matarlas, según las citas incluidas en el texto.
Testimonios médicos describen un patrón dirigido a ojos, corazón y genitales
Haar agregó que el armamento descrito no coincide con el tipo de munición pequeña que, según su comparación, se ve incluso en la labor policial en EE. UU. Las radiografías se suman a testimonios de médicos que tratan estas lesiones y describen un daño catastrófico. Varios informaron que realizaron decenas de cirugías para extirpar ojos a personas alcanzadas, incluidos adolescentes y niños, de acuerdo con los relatos incorporados en la investigación.
Un médico, el Dr. Ahmad*, con identidad y credenciales verificadas, transmitió el relato de un colega cirujano que atendió un número muy alto de lesiones oculares penetrantes. Su paciente más joven fue una niña de 14 años que llegó con sus padres y su hermano. La familia afirmó que se encontraba en una manifestación cuando las fuerzas de seguridad dispararon desde el techo de un edificio civil, según el testimonio citado.
Ahmad relató que la niña recibió un disparo directo en el ojo izquierdo y que el daño fue tan devastador que el ojo no pudo salvarse y requirió extirpación quirúrgica. También explicó que habló con colegas de todo el país, quienes describen un patrón recurrente de heridas deliberadas dirigidas a órganos específicos, en particular los ojos y el corazón, y con menor frecuencia la región genital, con traumatismo ocular penetrante y pérdida permanente de la visión.
Otro médico dentro de Irán, también verificado, afirmó que al departamento de emergencias llegaban personas desde abuelos hasta niños pequeños, con heridas de bala y perdigones en el pecho, el abdomen, las extremidades y los genitales, además de munición real de pistolas y AK47. Entre los casos, mencionó a una abuela de unos 65 años que recibió un disparo a distancia extremadamente corta con una escopeta con perdigones y murió tras intentos de reanimación.
