Después de las maniobras iraníes en el estrecho de Ormuz, Irán y Rusia anunciaron que el jueves 19 de febrero ejecutarán ejercicios navales en el golfo de Omán y en el norte del océano Índico. El despliegue conjunto llevará a ambas armadas a operar en rutas marítimas con alta exposición a incidentes y con relevancia directa para el comercio energético internacional.
A ese anuncio se suma una situación regional con tensiones elevadas, ya que Estados Unidos mantiene una presencia naval estable en el mar Arábigo y las empresas navieras y los buques mercantes siguieron de cerca las advertencias de seguridad difundidas por Teherán en días recientes. Ese conjunto de condiciones precedió a la comunicación oficial del adiestramiento bilateral.
En ese marco, el contralmirante Hassan Maghsoodloo, presentado como portavoz del ejercicio, vinculó la maniobra con objetivos de coordinación operativa y protección marítima. “Crear convergencia y coordinación en medidas conjuntas para contrarrestar actividades que amenazan la seguridad y protección marítima, además de combatir el terrorismo marítimo, están entre los principales objetivos de este ejercicio conjunto”, afirmó.

Como parte de la información divulgada, las autoridades no indicaron la duración de las prácticas ni la cantidad de buques participantes. Aun así, describieron el ejercicio como una medida destinada a ampliar los vínculos entre ambas marinas y a extender su cooperación en áreas próximas al acceso al golfo Pérsico.
Esa zona de ejercicios se ubica en el golfo de Omán, que conecta con el mar Arábigo y queda inmediatamente al este del estrecho de Ormuz. Por ese estrecho transita una parte relevante de los envíos marítimos de crudo y gas natural licuado entre el golfo Pérsico y el océano Índico.
En los días previos, la Guardia Revolucionaria iraní realizó maniobras en el área del estrecho con fuego real y medidas de control del tráfico. Según lo comunicado, esas acciones incluyeron un cierre parcial durante varias horas bajo el argumento de “precauciones de seguridad” para la navegación, lo que atrajo atención internacional.
Irán informó la restricción temporal mientras se mantenía una vigilancia global sobre posibles interrupciones en una ruta que transporta cerca de una quinta parte del petróleo movido por vía marítima. La cercanía geográfica y temporal entre esos ejercicios en Ormuz y la actividad anunciada con Rusia en el golfo de Omán incrementó la interpretación de que existía continuidad operativa.

De ese modo, primero se desarrolló un entrenamiento centrado en el control de un punto de tránsito de alta importancia y, después, se anunció una maniobra en aguas abiertas contiguas, donde tareas como vigilancia, escolta y defensa de rutas adquieren prioridad operativa. En ocasiones anteriores, Teherán combinó comunicaciones públicas sobre capacidad militar con referencias a la protección del tráfico mercante.
En paralelo, registros abiertos de seguimiento y fotografías oficiales difundidas por la Marina estadounidense situaron al portaaviones USS Abraham Lincoln y a su grupo de ataque en el mar Arábigo durante febrero. A comienzos de mes, fuerzas estadounidenses derribaron un dron iraní que se aproximó al portaaviones en esa misma zona.
Además, la cita del 19 de febrero coincide con una situación diplomática y de mercado que incluye contactos indirectos entre Washington y Teherán sobre el expediente nuclear y una alta sensibilidad del precio del crudo ante señales de escalada en el golfo de Omán y el estrecho de Ormuz. La maniobra conjunta añade coordinación entre dos fuerzas navales que buscan mantener unidades desplegadas y capacidad de respuesta en una ruta donde la seguridad de la navegación opera como factor estratégico en la actividad diaria.
