El exjefe de Inteligencia Militar de las Fuerzas de Defensa de Israel, Amos Yadlin, advirtió este miércoles que una confrontación militar entre Estados Unidos e Irán puede comenzar “en cuestión de días”. Situó esa posibilidad en un escenario de presión creciente, con negociaciones nucleares indirectas y un refuerzo sostenido del despliegue estadounidense en Oriente Medio.
Yadlin relacionó su evaluación con la solidez de la amenaza militar de Washington y con el clima regional después de meses de escalada y de ataques previos contra instalaciones nucleares iraníes. “La semana pasada me permití volar a la Conferencia de Seguridad de Múnich. Me lo pensaría dos veces antes de volar [al extranjero desde Israel] este fin de semana”, afirmó.
Según el exresponsable de inteligencia, el momento actual se diferencia de episodios anteriores por la acumulación de señales políticas y militares, aunque rechazó una inmediatez absoluta. “Estamos mucho más cerca que antes, pero les recuerdo que una superpotencia no entra en guerra en cuestión de días. Hay una vía diplomática que debe agotarse”, señaló.

Presentó esa “vía diplomática” como un tramo aún abierto, pero sujeto a la rapidez con la que Washington exige avances y a la percepción de amenaza que domina el intercambio público entre ambos países. En esa misma línea, describió resistencias internas en Estados Unidos y mencionó incertidumbres sobre el objetivo final de un golpe militar.
“Muchos se oponen al ataque. El Pentágono no tiene claro qué quiere conseguir con él. El presidente está muy decidido. La declaración de que todas las opciones están sobre la mesa se basa en una amenaza militar creíble, que viene acompañada de los preparativos frente a las costas de Irán y en los cielos”, afirmó.
La advertencia coincidió con la segunda ronda reciente de conversaciones indirectas entre Washington y Teherán en Ginebra, mediadas por Omán, que registró avances parciales sin un acuerdo inmediato. El ministro de Exteriores iraní habló de entendimientos sobre “principios rectores” y un funcionario estadounidense anunció propuestas más detalladas en las próximas dos semanas.
Mientras ambos gobiernos sostienen discrepancias sobre el alcance de las condiciones y la permanencia del enriquecimiento, Estados Unidos aceleró el traslado de capacidades navales y aéreas hacia la región. Washington ordenó el envío de un segundo grupo de portaaviones para sumarlo al ya desplegado, además de destructores, aviones de combate y plataformas de vigilancia.

Funcionarios estadounidenses describieron ese proceso como complejo por la magnitud de la logística y por la necesidad de mantener la presencia durante periodos prolongados. El Pentágono también contempla operaciones “de varias semanas” si el presidente autoriza un ataque, bajo el supuesto de que Irán respondería y abriría una cadena de represalias.
Irán, por su parte, combinó la negociación con demostraciones militares en torno al estrecho de Ormuz, un paso clave para el tráfico global de petróleo, y con advertencias públicas sobre el coste de una nueva campaña. Con esa mezcla de diplomacia y preparación, el escenario quedó atado a un calendario inmediato, con una siguiente ronda prevista y una región en la que cada movimiento y cada declaración refuerzan la hipótesis de una decisión antes de que termine la semana.
