El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conserva la posibilidad de ordenar ataques contra Irán en un horizonte de días, mientras el Pentágono ajusta planes que incluyen una campaña sostenida y Washington refuerza su presencia naval y aérea en Oriente Medio. Trump no ha autorizado la operación y la Casa Blanca afirma que mantiene “todas las opciones sobre la mesa” frente a Teherán.
La escalada avanza con un refuerzo militar que incorpora capacidad de ataque y de defensa ante una eventual represalia iraní. El Pentágono envió un segundo portaaviones a la zona, el Gerald R. Ford, que se incorporará al Abraham Lincoln, junto con destructores lanzamisiles, aviones de combate y plataformas de vigilancia desplegadas en semanas recientes.
Un responsable estadounidense indicó que el Ford requiere al menos una semana para llegar al área, un margen que marca el compás operativo de cualquier decisión. En un acto con tropas en Fort Bragg, Trump relacionó el despliegue con el frente diplomático y declaró: “A veces hace falta miedo; eso es lo único que realmente arreglará la situación”.
En ese mismo mensaje, Trump sostuvo que los iraníes son “difíciles” para cerrar un acuerdo. Al mismo tiempo, Washington redujo su exposición en bases de la región. Estados Unidos retiró parte de su personal de instalaciones clave en Oriente Medio como medida preventiva ante el aumento de tensiones y tras advertencias iraníes a países vecinos que alojan tropas estadounidenses.

La red de presencia militar de Estados Unidos incluye, entre otros puntos, el cuartel general adelantado de su Mando Central en Al Udeid, en Qatar, y la sede de la V Flota en Bahréin, activos que Teherán menciona de manera recurrente en su discurso de disuasión. En paralelo al despliegue, la Administración Trump sostiene un canal de negociación.
Washington pretende que el diálogo abarque, además del programa nuclear, el desarrollo de misiles balísticos, el respaldo iraní a grupos armados en la región y el trato interno a la población. Teherán limita la agenda al expediente nuclear y rechaza incorporar otros capítulos. La Casa Blanca afirma que la diplomacia es la primera opción del presidente, aunque recuerda alternativas militares.
Irán respondió con advertencias explícitas sobre el coste de un ataque. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, afirmó que Irán atacará bases estadounidenses en Oriente Medio si Washington golpea territorio iraní y remarcó: “No sería posible atacar suelo estadounidense, pero apuntaremos a sus bases en la región”. También dijo que Irán no atacará a países vecinos, sino a instalaciones de Estados Unidos en ellos.

En enero, un alto funcionario iraní comunicó a Estados de la zona, desde Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos hasta Turquía, que Teherán considerará objetivos las bases estadounidenses en esos países si Washington ataca. El telón de fondo incluye el precedente de junio de 2025, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes en la fase final de una guerra aérea de 12 días entre Israel e Irán.
En ese episodio, Teherán respondió con un ataque con misiles contra una base estadounidense en Qatar que no dejó víctimas, según los partes difundidos entonces. Trump citó ese antecedente como advertencia en mensajes públicos y, a finales de enero, escribió que “el tiempo se agota” y que un próximo ataque “será mucho peor” si Irán no acepta un acuerdo que excluya la obtención de armas nucleares.
En este contexto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, trató el expediente iraní con Trump en Washington y afirmó que el presidente “podría estar creando las condiciones” para un pacto que evite una acción militar. Netanyahu condicionó cualquier acuerdo a límites verificables sobre el programa nuclear, los misiles y las alianadas regionales de Teherán.
