Con una flota cerrada desde 2009, el Raptor enfrenta costos de modernización y dudas de disponibilidad mientras progresa el reemplazo de sexta generación.
El diseño del Raptor y su rol de apertura en la superioridad aérea
Al calcular cuánto dinero y cuánta ingeniería podía asignar a un caza sin opción de ampliar su producción, la Fuerza Aérea de Estados Unidos sostuvo en servicio una flota reducida de F-22, con márgenes estrechos de disponibilidad, entre 2024 y febrero de 2026. En paralelo, el plan para sustituirlo recibió revisiones de costo y calendario, y cada posible baja ganó peso operativo, porque cualquier salida se nota cuando el inventario carece de holgura.
Para resolver un problema concreto, el F-22 nació con el objetivo de asegurar superioridad aérea frente a defensas avanzadas con la menor exposición, antes de que el adversario construya una respuesta. Su baja observabilidad se combinó con sensores y aviónica capaces de detectar, clasificar y atacar con rapidez, sin perder energía ni maniobra. El armamento interno protege la firma radar, y la integración de radar y guerra electrónica acelera el ciclo de decisión en combate.
Esa lógica define su uso en campaña: el Raptor entra primero, limpia el espacio aéreo y habilita la acción de plataformas menos discretas o con otras especialidades. La misma capacidad también sirve en misiones domésticas de alerta, reacción rápida y control del espacio aéreo. El 4 de febrero de 2023, un F-22 derribó un globo tras identificación visual, con un misil AIM-9X, bajo reglas estrictas de seguridad y a gran altura.

Antes de ese episodio, la Fuerza Aérea enfrentó un recordatorio de los riesgos de sostener un sistema exigente. En 2011 detuvo vuelos por preocupaciones sobre el equipo que suministra oxígeno y, un año después, el Departamento de Defensa vinculó episodios de mareo y desorientación con una provisión insuficiente. La institución aplicó medidas correctivas y levantó restricciones de forma gradual, lo que elevó costos, ajustes de operación y requisitos de seguridad de vuelo.
Fechas y cifras que definieron el debate operativo sobre el F-22
- En 2009, el poder político cerró la producción con un objetivo de 187 aviones de serie.
- En 2011 la Fuerza Aérea detuvo vuelos por dudas sobre el sistema de oxígeno; en 2012 el Departamento de Defensa atribuyó incidentes a una provisión insuficiente.
- El 4 de febrero de 2023, un F-22 derribó un globo sobre Estados Unidos con un misil AIM-9X tras identificación visual.
- El 18 de junio de 2024, un auditor del Congreso cuestionó el retiro de F-22 antiguos y citó estimaciones de al menos US$3.300 millones y unos 15 años para modernizarlos.
- En febrero de 2026, la flota en servicio se mantuvo alrededor de 185 aviones, sin margen amplio para pérdidas o retiros.
Producción cerrada y flota sin exportación que limitan la disponibilidad
La presión actual nace de una decisión industrial que quedó fijada en 2009: el programa terminó con 187 aviones de producción y sin una línea abierta para reponer pérdidas. Desde entonces, un accidente, una célula fuera de servicio por mantenimiento estructural o el retiro de un lote de entrenamiento se traduce en menos aeronaves para rotaciones, alertas y despliegues. La disponibilidad se vuelve un recurso estratégico por tamaño, no por ambición.
Esa realidad se endureció por otra característica del Raptor: la ausencia de exportación, reforzada por restricciones legales para ventas al exterior. Sin socios que compartan soporte y evolución, el costo recae en el presupuesto estadounidense y en una base industrial que envejece. La falta de ventas externas impidió repartir costos de sostenimiento con aliados y cerró una vía para ampliar inventario. Así, el país debe sostener y entrenar con una escala menor.

Con los años, el debate dejó de girar en torno a la superioridad aire-aire, ya que el diseño del F-22 la prioriza, y pasó a concentrarse en la sostenibilidad de un sistema con inventario limitado. En la capa técnica, el avión requiere software, enlaces de datos y equipos electrónicos compatibles con una guerra conectada. En la capa logística, el soporte depende de repuestos y de conocimientos industriales que pierden continuidad cuando no existe producción en serie.
La Fuerza Aérea mantiene la necesidad de superioridad aérea, pero debe administrarla con un parque finito, en el que cada avión cuenta. Esa condición condiciona el entrenamiento, las pruebas y la planificación de despliegues, porque un retiro prematuro reduce masa, y una modernización extensa consume recursos y tiempo. El dilema se intensifica cuando la flota conserva ejemplares de dos niveles, con capacidades distintas y soporte más complejo. Cualquier baja, por accidente o mantenimiento, recorta capacidad.
Retiro o modernización de F-22 antiguos: impacto en costos y riesgo
Al intentar liberar recursos para el futuro, la Fuerza Aérea puso el foco en los F-22 más antiguos, que se usan en entrenamiento y pruebas y no pertenecen a la configuración más capaz. La propuesta buscó retirarlos para financiar el relevo, pero la decisión implica elegir entre menos aviones hoy o una flota de dos niveles, con costos de soporte duplicados. En una dotación pequeña, esa elección tiene efecto inmediato.
Un informe del auditor del Congreso publicado el 18 de junio de 2024 describió un punto crítico: la institución propuso retirar esos aparatos sin documentar todas las implicancias para entrenamiento, pruebas y disponibilidad operativa. El mismo documento indicó que las estimaciones preliminares del contratista principal para llevarlos al estándar más moderno superaban los US$3.300 millones y exigían un plazo cercano a 15 años, con incertidumbre adicional por ingeniería y cronograma.

Mientras ese debate crecía, el relevo del F-22 también sumó incertidumbre. En julio de 2024, el liderazgo civil de la Fuerza Aérea anunció una revisión del programa de próxima generación por presiones de costo, después de que el costo unitario del futuro caza superó los US$300 millones. La visión incluye un sistema de sistemas, con un avión tripulado, aeronaves no tripuladas colaborativas y una red de comunicaciones y armas para conflicto de gran escala.
El 21 de marzo de 2025, el gobierno estadounidense adjudicó a Boeing un contrato inicial de más de US$20.000 millones para desarrollar el caza tripulado de sexta generación, identificado como F-47, con el objetivo de reemplazar al F-22 y operar junto a drones. En febrero de 2026, el Raptor conservó alto valor por una flota cercana a 185 aviones y por un sucesor aún sujeto a revisiones de costos y calendario.
