El presidente estadounidense Donald Trump considera autorizar una primera fase de ataques de alcance limitado contra Irán para aumentar la presión sobre Teherán en la negociación nuclear, mientras deja abierta la opción de ampliar una ofensiva si no obtiene concesiones. En Washington, fijó un margen de “10 a 15 días” para lograr un acuerdo “significativo” y advirtió: “De lo contrario, ocurren cosas malas”.
Trump recordó los bombardeos de junio contra instalaciones nucleares iraníes y sostuvo que Estados Unidos “podría tener que ir un paso más allá o podría no hacerlo”. El Pentágono elabora planes que abarcan desde golpes selectivos con medios aéreos y navales hasta operaciones sostenidas durante semanas, con blancos que podrían incluir instalaciones estatales y de seguridad, además de infraestructura nuclear.

Funcionarios estadounidenses sitúan esa planificación bajo la expectativa de que Irán responda y empuje un ciclo de ataques y represalias. El 13 de febrero, tras un acto en la base de Fort Bragg, Trump mencionó de forma explícita un escenario de cambio de gobierno en Irán y dijo que “parece que eso sería lo mejor que podría pasar”, y reiteró su preferencia por evitar el envío de fuerzas terrestres.
Esa presión militar coincide con una vía diplomática reactivada. El 17 de febrero, delegaciones de ambos países sostuvieron conversaciones indirectas en Ginebra con mediación de Omán. El canciller iraní, Abbas Araghchi, afirmó que las partes alcanzaron un entendimiento sobre algunos “principios rectores”, aunque señaló que eso no convierte un acuerdo en inminente.

Un funcionario estadounidense indicó que Irán presentará en las próximas semanas propuestas más detalladas para reducir las diferencias, mientras la Casa Blanca reconoció que persisten brechas en puntos centrales. El núcleo del pulso se mantiene en el enriquecimiento de uranio. Washington exige que Irán abandone por completo esa capacidad y pretende ampliar el temario a los misiles balísticos y al respaldo iraní a grupos armados en la región.
Teherán rechaza ceder el enriquecimiento y limita la agenda al expediente nuclear a cambio de alivio de sanciones; Araqchi condensó esa postura con una fórmula de negociación: “Cualquier diálogo exige abstenerse de amenazas y presión… (Teherán) solo discute su asunto nuclear… no discutimos ningún otro asunto con Estados Unidos”. La distancia entre posiciones se conserva como el eje de las conversaciones indirectas.

La sombra operativa de junio de 2025 continúa presente. Estados Unidos e Israel atacaron entonces instalaciones nucleares iraníes, y Trump volvió a aludir a esos bombardeos al sostener que “podríamos haber tenido un acuerdo en lugar de enviar los B-2”. Desde esos ataques, Irán afirmó que detuvo el enriquecimiento, aunque el organismo nuclear de la ONU reclama explicaciones sobre el paradero de un stock de 440 kilos de uranio altamente enriquecido.
La agencia también solicita acceso para reanudar inspecciones, incluidos los complejos de Natanz, Fordo e Isfahán, que recibieron impactos. En paralelo, Irán formalizó su mensaje de disuasión. En una carta al secretario general de la ONU enviada el 19 de febrero, Teherán sostuvo que no iniciará una guerra, pero advirtió que, si enfrenta una agresión, responderá “de forma decisiva y proporcional”.

En esa misma carta, Irán afirmó que considerará “todas las bases, instalaciones y activos de la fuerza hostil en la región” como objetivos legítimos. Araghchi ya había detallado la lógica de esa amenaza: “No podemos atacar suelo estadounidense, pero atacaremos sus bases en la región… No atacaremos a países vecinos; atacaremos bases estadounidenses desplegadas en ellos”. La advertencia se integró al marco de presión y respuesta.
La tensión también se trasladó al dominio marítimo y energético. Irán ejecutó ejercicios cerca del estrecho de Ormuz y, durante la jornada de conversaciones del 17 de febrero, cerró temporalmente áreas del paso por “precauciones de seguridad”, una señal que Teherán vinculó en el pasado a escenarios de ataque. Rusia, que describió una “escalada sin precedentes” en torno a Irán, llamó a la contención y participó con una corbeta en maniobras navales planificadas con fuerzas iraníes en el Golfo de Omán.

En Washington, asesores de seguridad informaron que el despliegue estadounidense en la región quedará completo hacia mediados de marzo, mientras la Casa Blanca espera la propuesta escrita iraní y Trump calibra si la negociación alcanza un punto de cierre dentro del plazo que él mismo marcó. La decisión sobre el rumbo inmediato se mantiene ligada a la respuesta de Teherán y a la evolución de las conversaciones.
