La Casa Blanca aceptaría analizar un esquema que conserve en Irán una capacidad “simbólica” de enriquecimiento de uranio, siempre que el diseño bloquee por completo cualquier ruta hacia un arma nuclear. En ese marco, el presidente Donald Trump mantiene sobre la mesa la negociación y la opción de ataques, mientras Washington espera una propuesta escrita de Teherán en cuestión de días.
Un alto funcionario estadounidense situó el posible margen de acuerdo en claves políticas y de verificación, y elevó las exigencias para la oferta iraní. “El presidente Trump estará dispuesto a aceptar un acuerdo que sea sustantivo y que pueda vender políticamente en casa. Si los iraníes quieren evitar un ataque, deberían darnos una oferta que no podamos rechazar. Los iraníes siguen perdiendo la oportunidad. Si juegan, no habrá mucha paciencia”, afirmó.

Al mismo tiempo, asesores del presidente describieron un conjunto de planes militares ya elaborados por el Pentágono, aunque sin una decisión definitiva. “El presidente de EE. UU. aún no ha decidido atacar. Lo sé porque no hemos atacado. Puede que nunca lo haga. Puede que se despierte mañana y diga: ‘Se acabó.’” Otro asesor aseguró que Trump recibió “algo para cada escenario”.
Ese asesor añadió: “Un escenario elimina al Ayatola y a su hijo y a los mulás… Nadie sabe qué elegirá el presidente. No creo que él lo sepa.” Un tercer asesor lo sintetizó así: “Trump mantiene abiertas sus opciones. Podría decidir un ataque en cualquier momento.” En paralelo, Irán prepara un contraplanteamiento tras las conversaciones indirectas de esta semana en Ginebra.

Esos contactos incluyeron enviados estadounidenses y se celebraron con mediación de Omán. El canciller iraní, Abbas Araqchi, adelantó que el borrador podría quedar listo en “dos o tres días” para su revisión interna. Araqchi también sostuvo que la delegación estadounidense no planteó en la mesa “cero enriquecimiento” y ubicó la discusión en el carácter pacífico del programa.
“Lo que ahora discutimos es cómo garantizar que el programa nuclear de Irán, incluido el enriquecimiento, sea pacífico y permanezca pacífico para siempre.” La Casa Blanca, en cambio, reiteró que Trump no acepta enriquecimiento en suelo iraní y que cualquier acuerdo debe impedir la capacidad de construir un arma nuclear. El intercambio se produce bajo presión de plazos y despliegues.

Trump fijó un horizonte de “10 a 15 días” para un acuerdo “significativo” y reconoció que contempla ataques limitados, mientras Estados Unidos refuerza su presencia naval en la región. Funcionarios estadounidenses describieron planes operativos en una fase avanzada, con opciones que incluyen objetivos personales y escenarios de cambio de liderazgo si el presidente emite la orden.
La dimensión técnica sigue marcada por interrogantes sobre el material nuclear y el acceso de los inspectores. El director del organismo de supervisión nuclear de la ONU, Rafael Grossi, pidió a Irán aclaraciones sobre el destino de unos 440,9 kilos de uranio enriquecido hasta el 60% y solicitó reanudar inspecciones en Natanz, Fordo e Isfahán, bombardeados en junio.

La agencia advirtió que esa cantidad, si recibe enriquecimiento adicional, bastaría en teoría para varios núcleos de arma, y Grossi insistió en que el estancamiento no puede prolongarse sin una contabilidad verificable. En el plano político regional, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, trasladó a Trump que cualquier acuerdo debe desmontar la infraestructura de enriquecimiento.
Netanyahu sostuvo que no basta con detener el proceso y reclamó que el material enriquecido salga fuera de Irán.
