Se confirmó que cazas F-16CJ de cuarta generación de la Guardia Nacional Aérea de Carolina del Sur, en tránsito de despliegue hacia Oriente Medio, incorporaron nuevos pods de guerra electrónica Angry Kitten. Montados bajo el fuselaje, estos equipos pueden ampliar de forma notable la capacidad de supervivencia frente a defensas antiaéreas avanzadas, como las que despliega Irán.
La integración representa una novedad reciente, porque el F-16CJ prioriza desde hace años la guerra electrónica, aunque suele operar con otros pods, entre ellos el AN/ALQ-184 y el AN/ALQ-131. Las aeronaves se vieron mientras un avión cisterna KC-46 las trasladaba a través del océano Atlántico, en el marco de una concentración relevante de fuerzas estadounidenses alrededor de Irán.

En las imágenes más recientes se distinguieron 12 F-16CJ que aterrizaron en Lajes, en la isla de Terceira, en las Azores, archipiélago portugués del Atlántico medio, el 17 de febrero. La escala habría respondido a una parada para repostaje. En ese contexto, el pod Angry Kitten apareció instalado en los aparatos durante el traslado, con su ubicación visible bajo el fuselaje.
El Angry Kitten inició su desarrollo a comienzos de la década de 2010 y entró en servicio por primera vez en 2017. El sistema se concibió para que las modificaciones y actualizaciones se introdujeran con mayor rapidez y facilidad que en equipos anteriores. Esa agilidad permite que el pod evolucione en paralelo al ecosistema de amenazas, un aspecto especialmente valioso ante contramedidas avanzadas de guerra electrónica.
El acortamiento de los ciclos de actualización, incluso con más automatización, resulta crucial para reaccionar con rapidez ante las medidas del adversario. Entre sus rasgos principales figura el empleo de la tecnología Digital Radio Frequency Memory (DRFM), que detecta señales de radiofrecuencia, permite “capturarlas”, alterarlas y retransmitirlas. Con ello, el caza puede devolver señales de radares hostiles hacia los sistemas enemigos.
Esa capacidad incluye radares de vigilancia y también los buscadores de radar instalados en misiles. Además, la información reunida mediante DRFM puede aprovecharse después para mejorar y afinar las capacidades de guerra electrónica. Por ese motivo, sistemas como el Angry Kitten funcionan también como herramientas relevantes para la recopilación de inteligencia, al conservar y explotar datos útiles sobre emisiones y respuestas del adversario.

El F-16CJ se distingue de los F-16C básicos, sobre todo, por incorporar el AN/ASQ-213 HARM Targeting System. Se trata de un pod instalado en el lateral de la toma de aire, diseñado para localizar de forma pasiva emisores de radar hostiles y entregar datos de puntería precisos a los misiles antirradiación AGM-88 HARM. Con esa integración, el avión refuerza su papel en misiones de supresión de defensas antiaéreas.
Los pilotos pueden usar ese pod para construir una imagen en tiempo real de la cobertura radar de los sistemas enemigos. Así obtienen la inteligencia necesaria para atacar emisores prioritarios y guiar los AGM-88 mediante detección pasiva, sin activar los propios radares del caza. Aunque esa capacidad de sensor pasivo resulta más limitada que la de los F-35 más nuevos y la del EA-18G especializado de la Armada, se considera todavía formidable.
En paralelo, el F-16C incorpora un radar obsoleto de matriz de barrido mecánico. Ese radar resulta relativamente fácil de interferir y presenta una firma elevada, lo que facilita que los adversarios detecten con cierta facilidad al caza que lo lleva. Por ello, el empleo de pods de designación adquiere una relevancia particular en el desempeño operativo de estas aeronaves.
