Luego de que un grupo de cazas F-16C/D de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se acercó al espacio aéreo chino por el mar Amarillo, en las inmediaciones de Corea del Norte, el Ejército Popular de Liberación (EPL) de China envió aviones de combate para interceptarlos. Los F-16 despegaron de la Base Aérea de Osan, en Pyeongtaek, al sur de Seúl.
Tras el despegue, los aparatos realizaron un trayecto inusual sobre aguas internacionales del mar Amarillo, entre las zonas de identificación de defensa antiaérea de Corea del Sur y de China. El episodio coincidió con el aceleramiento del acercamiento diplomático entre China y Corea del Sur, y ocurrió poco después de la visita del presidente surcoreano Lee Jae Myung a Pekín en enero.
Aunque las Fuerzas de Estados Unidos en Corea comunicaron con antelación a las Fuerzas Armadas de la República de Corea la realización del vuelo, diversos informes señalaron que no entregaron información específica. Entre los puntos ausentes figuraron el propósito de la misión y el carácter atípico de la proximidad del recorrido al territorio chino en esa zona.

Ante la falta de una explicación sobre el objetivo, una hipótesis sostiene que los cazas buscaron medir las defensas chinas. En operaciones de ese tipo, los F-16 pueden portar cápsulas externas destinadas a obtener inteligencia fotográfica, electrónica y de otras modalidades. La ausencia de detalles alimentó lecturas distintas sobre el sentido del despliegue aéreo.
Otros analistas añadieron que el vuelo pudo intentar obstaculizar la aproximación entre Seúl y Pekín. En ese marco, recordaron que el despliegue estadounidense de sistemas de misiles THAAD en Corea del Sur, a fines de 2016, frenó un acercamiento diplomático sin precedentes entre ambos países. El radar AN/TPY-2 del THAAD cubre gran parte del territorio chino.
Ese radar se describe con un alcance de 3.000 kilómetros y un campo de visión de 120 grados. En la misma línea, el comentarista de seguridad surcoreano y capitán retirado de la marina Yoon Sukjoon afirmó que el sistema se integra en una coalición internacional encabezada por Estados Unidos orientada contra China y que suma capacidades para limitar a China.

Yoon Sukjoon también destacó el valor de los derechos de uso de bases en Corea del Sur para la capacidad operativa de Estados Unidos frente a China. Mientras esas dudas continuaron, fuentes chinas de distinta procedencia, sin confirmación oficial, atribuyeron la interceptación y el repliegue de los F-16 a cazas J-16 de largo alcance de la Fuerza Aérea del EPL.
El J-16 y el F-16 constituyen los modelos más numerosos en sus flotas respectivas. Según esas descripciones, el J-16 supera al F-16 en más del doble de alcance, muestra prestaciones de vuelo muy superiores y utiliza un radar de más de cuatro veces el tamaño del del F-16, con una sofisticación comparable al AN/APG-83 de variantes recientes del F-16 Block 70.
Con más de 450 cazas J-16 estimados en servicio, estas aeronaves participaron en varios encuentros con aparatos estadounidenses y de países aliados. Entre esos antecedentes se incluyó un incidente con algunos de los escasos cazas de superioridad aérea F-22 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en algún momento de 2024, episodio informado en octubre de 2025.
En paralelo, en abril de 2025 la Fuerza Aérea de Estados Unidos comunicó planes para elevar de manera marcada su presencia avanzada de cazas en Corea del Sur, con un aumento del 155% en la presencia de F-16 en la Base Aérea de Osan. La flota estadounidense de cazas en el país se distribuye entre Osan y la Base Aérea de Kusnan.

Osan se ubica a unos 80 kilómetros de la zona desmilitarizada intercoreana, mientras Kusnan se encuentra más al sur. La Fuerza Aérea de Estados Unidos evitó el estacionamiento permanente en Corea del Sur de cazas de mayores capacidades, como el F-35A, el F-15E o el F-22, debido a la vulnerabilidad de las bases de la península ante ataques norcoreanos.
Esa exposición se relaciona con misiles y artillería, y se considera un factor que incrementa el riesgo para las aeronaves desplegadas. China y Corea del Norte sostienen una alianza formal por tratado, y Pekín señaló que intervendría para apoyar a su vecino si este recibiera un ataque occidental, según las referencias incluidas en el informe.
Aunque la posibilidad de un ataque estadounidense contra Corea del Norte cayó de forma notable desde 2017, tras la demostración de capacidad norcoreana para ejecutar ataques nucleares de represalia contra el territorio continental de Estados Unidos, las bases estadounidenses en Corea del Sur conservaron un peso estratégico relevante. Ese papel se mantiene dentro de la rivalidad estratégica y militar entre Pekín y Washington.
